Un hombre de 28 años ha terminado pasando la noche en un calabozo policial por pinchar tres de las cuatro ruedas a un coche patrulla de la Policía de la Generalitat mientras sus agentes estaban cerrando un local nocturno del valenciano barrio de Russafa. Lo más peregrino fue la motivación que dio una vez que los agentes lo dejaron al descubierto tras encontrarle entre la ropa el pincho que acababa de usar: que había actuado por venganza, ya que, según dijo, en una ocasión «la Policía le pegó a mi madre».
Los hechos ocurrieron de madrugada, en la noche del sábado al domingo pasados, en la calle Cuba, en pleno barrio de Russafa, durante una intervención de una patrulla de la unidad adscrita de la Policía Nacional a la Generalitat Valenciana, más conocida como Policía autonómica o de la Generalitat. Los agentes recorrían el citado barrio, uno de los preferidos para el ocio nocturno en València, para comprobar que los locales cumplían con el preceptivo horario, ya que en ese momento eran ya casi las cinco de la madrugada. En esa calle, vieron que uno de los pubs estaba abierto, a pesar de carecer de licencia de discoteca, por lo que detuvieron el coche patrulla, rotulado con los colores y emblemas policiales, y entraron en el establecimiento.
Mientras el coche estaba solo
Los responsables pidieron disculpas y se dispusieron a cerrar, para lo cual pidieron a los clientes que aún permanecían en el interior que dejaran sus consumiciones y salieran a la calle. Una vez certificado el cierre, los policías se disponían a continuar con su labor de prevención pero ya no pudieron seguir: tres de las cuatro ruedas del vehículo policial estaban en el suelo.
Gracias a esa acción, identificaron y cachearon a todos los clientes del pub. Fue entonces cuando a uno de ellos le encontraron un objeto punzante oculto entre las ropas. Pese a lo evidente, en un primer momento intentó negar su relación con los hechos, pero enseguida se dio cuenta del error de esa actitud, así que acabó por confesar lo obvio que había sido él quien había pinchado las ruedas del vehículo policial aprovechando que sus tres agentes estaban realizando su trabajo de inspección en el interior del pub.
Un acto de venganza
En cuanto al porqué, de manera espontánea argumentó que había visto su oportunidad de venganza contra los uniformes policiales porque «una vez unos policías le pegaron a mi madre».
Finalmente, el joven acabó detenido y trasladado a los calabozos del complejo policial de Zapadores, desde donde a la mañana siguiente fue conducido al juzgado de guardia del Tribunal de Instancia de València. Pero no solo por el delito de daños cometido sobre el coche, sino porque, además, tenía en vigor una orden de detención y presentación emitida por un juzgado de València por no haber acudido cuando el magistrado lo había citado por un asunto penal que no ha trascendido.
Los agentes tuvieron que pedir ayuda a sus compañeros y la movilización de una grúa, que retiró el coche de la vía pública y lo trasladó a un lugar seguro para su reparación.















