Michael Fassbender y Alicia Vikander son las presencias más llamativas en el reparto de la explosiva película coreana presentada hoy a competición en el Festival de Cannes, pero nadie lo diría a juzgar exclusivamente por el contenido de la misma; de hecho, ni siquiera apacen en pantalla tal y como los conocemos. En realidad, la gran estrella de ‘Hope’ no es ninguno de sus actores sino su director, Na Hong-jin, convertido gracias a sus tres largometrajes previos a este -’The Chaser’ (2008), ‘The Yellow Sea’ (2010) y ‘El extraño’ (2016), todos ellos presentados en este certamen fuera de concurso- en un autor de culto gracias a su habilidad excepcional a la hora de aunar diferentes géneros en un todo precisamente cohesionado y absolutamente original.
Primera película que Na dirige en una década, ‘Hope’ combina con esa misma gracia elementos de misterio policial, de relato de terror, de comedia negra, del tipo de cine de acción que revienta taquillas y hasta de western. Su premisa argumental es de lo más escueta: los habitantes de un pequeño pueblo deben enfrentarse a un puñado de extraterrestres gigantescos, superdotados de fuerza y velocidad y aparentemente indestructibles -Fassbender y Vikander encarnaron a dos de ellos sirviéndose de la tecnología conocida como captura de movimiento- que han arrasado la localidad y la han sembrado de cadáveres.
Mientras los contempla, la película invita a los amantes de las metáforas a entenderla como una reflexión de la destrucción que la ignorancia acarrea, pero se muestra más interesada en proporcionarnos persecuciones, tiroteos y demás momentos de violencia adornados de ‘slapstick’, deslumbrantes por su inventiva y su plasticidad. Habrá quien cuestione la inclusión de una película tan comercial como esta entre las aspirantes a la Palma de Oro, y es una opinión respetable a pesar de nadie más hace cine comercial como el que hace Na. En cualquier caso, seguro que el presidente ddel jurado de este año, el cineasta Park Chan-wook, la habrá disfrutado muchísimo, y no solo porque él también es coreano.
De izquierda a derecha, Felix Lefebvre, Lars Eidinger, Laszlo Nemes, Gilles Lellouche, Alain Goldman y Louise Bourgoin en la presentación de ‘Moulin’ en el Festival de Cine de Cannes / SEBASTIEN NOGIER / EFE
El entretenimiento ligero y desenfadado representado por ‘Hope’ ha aportado un respiro bienvenido tras la tenebrosidad que derrocha ‘Moulin’, el más destacable de los otros dos títulos a competición en Cannes presentados hoy. Decir que se trata de la película más accesible del húngaro László Nemes no es decir mucho; recordemos que su aclamada ópera prima, ‘El hijo de Saúl’ (2015), contaba el Holocausto a través de un plano secuencia de casi dos horas protagonizado por un rostro en primerísimo plano.
Se centra en los últimos días de Jean Moulin, héroe y mártir de la Resistencia Francesa durante la Segunda Guerra Mundial, y para ello parece dividirse en dos partes: la primera es una colección de conversaciones susurrantes, la mayoría de ellas entre espías que discuten planes imposibles de descifrar para el espectador; durante la segunda, ya capturado por los nazis, su protagonista es sometido a una sucesión de torturas durante los interrogatorios dirigidos por el mismísimo Klaus Barbie, jefe de la gestapo conocido como el “carnicero de Lyon”, aquí retratado como un villano de tebeo que se retorcería el bigote en caso de tenerlo. Es una película llena de virtudes a nivel estilístico que ofrece, a ratos usando la gramática del ‘noir’, un nutrido catálogo de imágenes apabullantes, pero definitivamente plana y tediosa a nivel narrativo. En general, confirma lo que las películas de Nemes posteriores a su magistral debut ya dieron a entender: que es un director exquisito en las formas pero despreocupado por el fondo.

Sara Giraudeau y Adele Exarchopoulos en el estreno de ‘Garance’ en el Festival de Cine de Cannes / SEBASTIEN NOGIER / EFE
Al menos durante la mayor parte de su metraje, ‘Garance’ también contempla a un personaje que experimenta una progresiva destrucción, aunque aquí el responsable de ese proceso no es el nazismo sino la botella. Primer largometraje de la francesa Jeanne Herry, acompaña a una actriz teatral a lo largo de ocho años a medida que se adentra cada vez más en el alcoholismo.
Su gran baza es la incontestable interpretación de Adèle Exarchopoulos -ganadora de la Palma de Oro gracias a su trabajo en ‘La vida de Adèle’ (2013)- que la vehicula, pero el retrato que hace de la adicción es muy cuestionable por dos motivos. Primero, es una película menos interesada en explorar por qué su protagonista siente una necesidad tan compulsiva de beber que en contentarse con observarla mientras la bebida la va castigando. Segundo, ofrece una visión excesivamente esterilizada del alcoholismo, que ni se asoma a retratar los estragos personales, familiares y sociales que esa enfermedad puede llegar a causar.
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