Para haber sido vicepresidenta del Gobierno de España, el desconocimiento de María Jesús Montero, sobre las más importantes Instituciones del país es palmario. Avergüenza escucharla, siempre desde esa chulería innata en esta señora que va de sobrada. Que ganas tiene de herir la sensibilidad de colectivos tan importantes y significativos en la vida de los españoles como el de la Guardia Civil. La ex y futura candidata a la Oposición en Andalucía no sabe distinguir entre «accidente laboral» y «acto de servicio».
El desprecio de los miembros del Gobierno de España, la Montero lo ha sido hasta hace poco, por la extraordinaria labor que realizan los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado es indigno de quienes también son servidores públicos, sólo que lo hacen a beneficio particular, pocas veces de servicio a España, a sus instituciones más valiosas y a los ciudadanos.
La Guardia Civil, es una de esas valiosas instituciones que, a diferencia del Gobierno, cuenta con el respeto y el respaldo de la ciudadanía. No se merecen los desprecios continuos que el Gobierno les escupe en la cara. Lo de Montero fue la constatación verbal de la humillación y el desapego socialista más absoluto, fundamentalmente de los miembros del Gobierno por la Institución armada, la más valorada y querida por los españoles, como tantas veces ha quedado demostrado.
Este Gobierno nunca está donde debe. Debieron, más que nunca, haber hecho multitudinario acto de presencia en el funeral de los dos agentes de la Guardia Civil, no me cansaré de repetirlo. No asisten por negligencia, por otros intereses personales y políticos o, posiblemente, también por miedo a que les abucheen, a que los españoles de bien les echen en cara su actitud y les griten su desprecio. Desprecio que se han ganado a pulso, con sus palabras y sus actos. Especialmente Marlaska, uno de los peores ministros de Interior que ha tenido España en democracia. Pocos merecen consideración, Marlaska se lleva la palma.
Mientras con su desprecio favorece la desprotección de los agentes frente a la delincuencia, el ministro se niega permanentemente a darles el más que merecido reconocimiento como profesión de riesgo que son, entre otros muchos reconocimientos que se les niegan constantemente. A pesar de haberse retractado, la Montero omitió intencionadamente el sagrado «acto de servicio» por el de «accidente laboral». Muy inoportuno.
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