Un capitán del Real Madrid ingresado en un hospital por una pelea es un titular que nadie nunca pensó leer, menos todavía si quien le envía voluntariamente a urgencias es un compañero. También es inverosímil que el presidente del club más laureado del mundo convoque una rueda de prensa para anunciar por activa y por pasiva que va a cancelar su suscripción de ABC. Para toda esta bruma espesa que se cierne sobre el techo retráctil del Bernabéu, en el seno del club sólo se vislumbra una solución, la vuelta de José Mourinho a un vestuario que tiene tantos frentes abiertos como jugadores hay.
El ostracismo de Arbeloa a Carvajal, santo y seña del club; la situación enigmática y la sospecha de la entrega a una vida disoluta de Mbappé en este tramo final de Liga; el error de los médicos al examinar la rodilla contraria a un futbolista; la incesante búsqueda de un topo; la eterna riña semanal con los desmanes de Vinicius; el pinchazo de los conciertos en el estadio; el despido prematuro de un entrenador… A todo ello se le sumó días atrás un nuevo episodio, la pelea a puño abierto entre dos futbolistas, el francés Aurélien Tchouaméni y Federico Valverde (Montevideo, 1998), capitán de facto del Real Madrid, imprescindible en los últimos años en las alineaciones pero que este curso ha protagonizado varios incidentes que han provocado que la cúpula del club haya contemplado la modificación de su estatus de intocable. ¿Qué diría de él un ‘Informe Pirri’ si es que lo hubiera? Nunca lo sabremos.
Valverde, un portento físico con fenomenal golpeo de balón, llegó al club blanco con la mayoría de edad debajo del brazo, apenas una decena de partidos después de su debut con el Peñarol uruguayo. Apodado el ‘Pajarito’ por el timbre de su voz de adolescente, se instaló en el primer equipo del Real Madrid en 2018, el fallido curso de Lopetegui como técnico, tras un año fogueándose en el filial y otro de cesión en el Deportivo de La Coruña. Una temporada después, con Zidane, ya cogió la titularidad para no soltarla. Su polivalencia jugó a su favor y siempre encontró acomodo en la media o en algún costado de la defensa o el ataque.
Rebautizado como El Halcónpara dejar atrás aquel mote con diminutivo que le hacía de menos, comenzó a coger galones en el club blanco y el pasado verano, tras la salida de Modric y Lucas Vázquez, asumió el segundo escalón de la capitanía madridista, que en realidad sería el primero dentro del campo por la renqueante situación de Carvajal, investido con el brazalete en primer lugar. Precisamente, durante este estreno de máxima jerarquía en el vestuario, Valverde –posiblemente por su falta de sintonía con Xabi Alonso– ha protagonizado una serie de episodios que han hecho torcer el morro en la zona noble de Concha Espina.
La baja forma de Carvajal y el ejercicio agridulce del recién llegado Trent motivaron a Alonso a ubicar a Valverde en el carril diestro de la defensa, algo que mosqueó al uruguayo. «No he nacido para jugar de lateral derecho», avisó entonces. Ya había prendido la mecha del malestar. A ello le siguió una actitud pasiva en un encuentro de Champions en Almaty, donde se le vio con poca gana de calentar en la banda. Quienes siguen minuciosamente el día a día del Real Madrid desvelan que era él una de las voces autorizadas que desautorizaban al técnico donostiarra y con su sucesor, Arbeloa, vivió una noche mágica hace ahora dos meses, con un fabuloso hat-trick al Manchester City en la ida de los octavos de final de Champions.
Ahora, con el Madrid eliminado de todo, una concatenación de filtraciones ha destapado varios altercados entre jugadores, primero uno entre Rüdiger y Carreras, y recientemente otro entre los citados Tchouaméni y Valverde, que acabó en el hospital por un traumatismo craneoencefálico, a consecuencia de un puñetazo del primero. El club no se mojó en exceso, impuso una multa de medio millón por barba, pero el agresor fue titular apenas unos días después en el Clásico contra el Barça mientras que el agredido guardaba reposo en casa. Dicha actuación se podría entender como un cierre de filas de la entidad en torno al francés, que en su comunicado del día siguiente no se disculpó con Valverde, un peso pesado del vestuario al que el club desprotegió, al menos de puertas para afuera.
Sea como fuere, ninguno de los dos tiene asegurado su futuro en un club que espera a Mourinho como gran salvador y cuyo presidente acaba de anunciar unas elecciones para combatir contra los enemigos. Valverde, llamado a comandar durante años un Madrid necesitado de líderes, queda ahora en entredicho.















