Rutilantes avenidas en honor a los reyes conquistadores

Una buena forma de entrar en el debate sobre si Jaume I merece disponer de un espacio urbano más acorde a su trascendencia histórica -esa que no está en discusión- es comparar. Porque la historia del Conqueridor no es nueva: en algún momento, durante cientos de años, la ciudad de turno pasó de manos moras a cristianas -no existiría la fiesta del mismo nombre si no fuera así-. En ese lento goteo, explicado mil veces en los libros como «Reconquista» (termino en permanente revisión), la autoría del cambio de manos corresponde a un monarca. Al que los legajos recuerdan como hacedor.

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