Una buena forma de entrar en el debate sobre si Jaume I merece disponer de un espacio urbano más acorde a su trascendencia histórica -esa que no está en discusión- es comparar. Porque la historia del Conqueridor no es nueva: en algún momento, durante cientos de años, la ciudad de turno pasó de manos moras a cristianas -no existiría la fiesta del mismo nombre si no fuera así-. En ese lento goteo, explicado mil veces en los libros como «Reconquista» (termino en permanente revisión), la autoría del cambio de manos corresponde a un monarca. Al que los legajos recuerdan como hacedor.
Eso queda en la memoria y cuando las tramas urbanas empezaron no solo a crecer, sino a recibir nombres, se les tenía en cuenta para honrarles. O quizá no.
¿Cual es la relación entre los conquistadores/reconquistadores y las plazas que tomaron? En general hay que decir que Jaume I tiene una suerte aceptable en ciudades y plazas que conquistó y que en València, en comparación, flojea. La historia y los munícipes no han estado siempre especialmente atinados a la hora de reconocer el notable cambio histórico que supusieron sus campañas.
Si en València solo tiene la modesta calle de Ciutat Vella, en Palma, tiene una calle amplia elegante, cerca del puerto, pero bajo el nombre de «Calle del Conquistador». Donde dí que lo dan todo es con su estatua ecuestre, que está a punto de celebrar su centenario. En Murcia tiene una avenida amplia, en la parte principal de la ciudad, correcta, pero sin ningún interés especial.
Avenida y Estatua, juntos, en Castelló
La actual Castelló no celebra su «conquista» propiamente dicha, sino la consecuencia de hacerlo Jaume I con el pueblo viejo, que permitió su traslado a la plana. Al Conqueridor lo colman de honores con una avenida muy elegante y céntrica, que se complementa con su estatua, testigo de numerosos honores. Cumple la capital de forma brillante.
También se le trata bien en Burriana, plaza fuerte durante el proceso de toma la capital del reino, donde forma parte del cinturón de circunvalación al sur de la ciudad, la vía más ancha del municipio. Es el tramo más largo de una vía que va cambiando de nombre conforme discurre: Avinguda del Transport, de Jaume I y de Cardenal Vicent Enrique i Tarancón.
Avenida Alfonso el Sabio de Alacant / David Revenga
En la leyenda de El Puig
¿Y en El Puig? Alegoría histórica: es una pequeña calle, escalonada, que lleva a la Montaña de la Patà, aquella en la que su caballo hizo brotar agua de una coz y que fue fortificación fundamental en la conquista del Cap i Casal.
Ciudades parecidas a València tienen también calles para sus monarcas históricos.
En Alicante es muy conocida la avenida Alfonso el Sabio, una de las que convergen en la plaza de los Luceros y que conecta la misma con el Mercado Central y la Rambla de Méndez Núñez. Urbanísticamente es una arteria bastante importante. Otra cosa es que, estéticamente, dice bastante menos: es un pasador de coches.

La calle Alfonsi I de Zaragoza, con el Pilar al fondo / Jorge Ignacio Mata
Espectacular Alfonso I de Zaragoza
En Zaragoza, Alfonso I el Batallador da nombre a una de las principales calles de acceso a la plaza y la Basílica del Pilar, una larga recta de 500 metros, peatonal y señorial, con el único defecto en todo caso de estar saturada de franquicias. Pero una vía de auténtico lujo. En Sevilla, Fernando III el Santo, San Fernando, dispone de una calle elegante, en plena zona histórica de la ciudad, rodeado por la Puerta de Jerez, la Torre del Oro-, La Universidad y los parques de San Sebastián y de María Luisa y el Alcázar. También es amplia y peatonal, atravesada por el tranvía.
Si nos vamos a Granada, la última reconquista se honra con una de las principales avenidas, la de los Reyes Católicos, junto a la Catedral. Pero por si no hubiera suficiente, esa vía atraviesa la plaza de Isabel la Católica. Y en Málaga, los mismos Reyes Católicos tienen una adscripción doble: una calle para cada uno, paralelas entre sí. La de Fernando el Católico mucho más grande y larga, 700 metros, y con una razón de ser: acaba en el espectacular Santuario de la Victoria, lugar en el que estaba su campamento durante el asedio y la toma de la ciudad.

Puerta de Alfonso VI en Toledo / Cultura CL-M
Calle y Puerta en Toledo
Y no todo tiene que ser calle. Una originalidad tenemos en Toledo donde Alfonso VI tiene una pequeña calle, sin más historia que la de ser vieja (como todo el centro), pero que termina en la llamada Puerta de Alfonso VI, un acceso de entrada a la ciudad medieval denominada así porque cuenta la leyenda -no demostrada- que es por ahí por donde entró el monarca en 1085 para hacerse cargo de la ciudad.
Como puede apreciarse, más allá de que el resultado en la práctica sea acertado -especialmente con la proliferación del automóvil- en líneas generales hay un notable esfuerzo por respetar por los personajes históricos que escribieron un episodio importante en la historia de las ciudades. En València, Jaume I transita por su apacible callejón.

La coqueta, pero modesta, calle de Rei en Jaume de València / Moisés Domínguez / D
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