El Senado ha aprobado la moción del PP que pide a Pedro Sánchez disolver las Cortes y convocar elecciones.
Lo hizo sólo con los votos de los populares, de Vox y de UPN, a pesar de que, a Junts y al PNV, desde la tribuna les advirtió Alicia García, portavoz del PP, de que «el sanchismo les arrastrará por el sumidero de la corrupción».
Los independentistas catalanes no abandonan a Sánchez y los nacionalistas vascos se mantienen a su lado. Los primeros ni siquiera votaron, para no ser incoherentes con sus propias enmiendas. Los segundos confirmaron que de palabra se atreven, pero no de acción.
Alberto Núñez Feijóo sabe que todo era un teatro, que de nada servirán esa moción ni la que este jueves somete a votación el Congreso para instar a Pedro Sánchez a que “valore someterse” a una cuestión de confianza.
Tampoco el pleno sobre corrupción que se celebraba en la Cámara Baja un mes después de que Pedro Sánchez se viera obligado a prometer explicaciones tras la imputación de José Luis Rodríguez Zapatero.
La moción salió adelante en la Cámara Alta con 145 votos a favor (PP, Vox y UPN); 2 abstenciones (Coalición Canaria); 5 ausentes (Junts); y 106 votos en contra (el resto, incluido el PNV).
Quién se adhería
Ni en el Senado ni en el Congreso se debatía ni se votaba una moción de censura. Pero el ambiente de fin de ciclo estaba en la boca hasta de los socios de izquierdas del PSOE… puede que, en realidad, para abrir la campaña electoral.
Pero el Partido Popular no puede dejar de participar en el juego, y eso también lo sabe Feijóo. Un juego en el que el presidente del Gobierno «hace sólo lo que le conviene», aunque eso «nunca coincida con lo que le interesa a España y a los españoles».
Y porque la labor del PP, «además de ser alternativa de Gobierno», es ofrecer salidas a «unos poderes del Estado secuestrados y atacados», además de demostrar que el líder del PSOE “hace tiempo que no tiene mayorías parlamentarias”.
De hecho, en el Congreso la portavoz de Junts, Míriam Nogueras, pedía a Sánchez la dimisión y «buscar un socialista que sí reúna la mayoría de la Cámara». Pero Maribel Vaquero, la portavoz del PNV, criticó a fondo al presidente… pero no pidió nada.
Y es que la clave de la moción del Senado no era su aprobación, sino quién se adhería a la posición del PP. Porque, aunque no va a haber moción de censura (al menos, de momento), era importante ver si ambas fuerzas se retrataban y empujaban, siquiera testimonialmente, al presidente.
La moción aprobada en el Senado nace directamente del bloqueo previo en el Congreso. La Mesa que preside Francina Armengol vetó hace dos semanas las enmiendas de Junts y del PP, sin siquiera escuchar a los letrados ni reunir al órgano de gobierno del Congreso.
Se trataba de una moción consecuencia de interpelación urgente de Cuca Gamarra al vicepresidente primero, Carlos Cuerpo. Y a ese texto se presentaron las enmiendas en las que se pedía al presidente la disolución de las Cortes y la convocatoria de elecciones.
«Anomalía democrática»
Por eso, los populares decidieron trasladar el texto completo a la Cámara Alta, donde su mayoría absoluta garantizaba que el debate y la votación no podrían ser bloqueados.
Pero la clave estaba en qué grupos se adherían al voto de los populares: si Junts sería coherente con su propia enmienda y el PNV lo sería con las palabras de su líder, Aitor Esteban, y de su portavoz parlamentaria, Maribel Vaquero.
En el hemiciclo del Senado, la portavoz del PP, Alicia García, presentaba la iniciativa como la respuesta a una «anomalía democrática».
Y añadiendo que «en cualquier democracia seria, esta moción no haría falta», porque «un presidente sin Presupuestos, sin mayoría y rodeado de corrupción ya se habría ido» y habría convocado elecciones.
«Ésta no es una moción contra un Gobierno; es una moción en defensa de la democracia«, remachaba, en línea con el discurso con el que Feijóo intenta enmarcar el desgaste de Sánchez.
El texto
El texto aprobado constata que el Gobierno carece de mayoría en ambas Cámaras y que la legislatura vive en «bloqueo político» por la ausencia de Presupuestos y de un solo Debate sobre el estado de la Nación en toda la legislatura.
Para el PP, esa situación evidencia una «resistencia acobardada» del presidente, que habría optado por atrincherarse en Moncloa, en lugar de someterse al control parlamentario.
La parte dispositiva es la vetada en el Congreso.
Y culmina con el punto que «insta al presidente del Gobierno a proponer la disolución de las Cortes Generales y convocar elecciones generales, de conformidad con la prerrogativa que le confiere la legislación vigente, atendiendo al carácter político, sin vinculación jurídica, de la presente iniciativa».
García centró buena parte de su intervención en el «miedo a votar» que atribuyen los populares al sanchismo.
«Ha encontrado la forma de no perder ninguna votación: no presentarse a ninguna«, ironizó, al recordar que en tres años no ha habido ni Presupuestos, ni estado de la Nación, ni cuestión de confianza.
Cuando el Parlamento «amenaza con votar lo que le incomoda», dijo, el Gobierno «lo prohíbe», utilizando para ello a Armengol en la Mesa del Congreso, que «impidió votar» la moción equivalente en la Cámara Baja.














