Dos republicanos tejanos, miembros de la Comisión de Defensa del Congreso de Estados Unidos, Craig Goldman y Nathaniel Moran, y dos de sus opositores demócratas en la misma comisión, el californiano Jim Costa y el filadelfiano Brendan Boyle, han viajado días días a España. Su principal tema de conversación con homólogos españoles ha sido el caza F-35. Promocionaban, como tantas voces norteamericanas, el avión de ataque furtivo más moderno del mundo, en un país que, a diferencia de otros 13 europeos, aún no lo compra.
Pesa en su contra la fuerte dependencia del Pentágono, la falta de garantías de que, una vez comprado, España tendría plena autonomía en el empleo del caza donde y cuando el Estado Mayor de la Defensa lo precisara. Según interlocutores españoles consultados, los congresistas visitantes no se han llevado la seguridad de que, cuando cambie el color del Gobierno, España cambiará de opinión. Y no hay una sola razón.
“La tasa de capacidad operativa completa (porcentaje de tiempo en que la aeronave puede realizar todas sus misiones) disminuyó del 38% al 25%”. No es frecuente que un informe oficial de Washington hable tan críticamente de un producto estrella de su industria de defensa. El criticado es el F-35. El acusador es el “congressional watchdog”, el perro guardián del Congreso de EEUU. Se trata de la GAO, que vigila el correcto gasto de fondos públicos. Un balance de esa oficina sobre el caza está, cuando menos, exento de todo triunfalismo.
El F-35 es una aeronave clave en los ataques a Irán y en la disuasión de la OTAN en el este europeo, pero, según la GAO, desde 2021 sus costes de mantenimiento “han seguido aumentando”, y su rendimiento “ha mostrado una tendencia a la baja”, bajando la operatividad del avión del 67 al 44%.
El naufragio del acuerdo europeo para contar con un caza de sexta generación, el FCAS, ha dado de nuevo relieve al caza de quinta generación americano, el F-35 de Lockheed Martin. Pero, a la vez, ese fiasco europeo ha eclipsado los problemas que está presentando el avión de guerra más capaz.
Críticas al gasto
A los expertos corresponde dilucidar si el caza F-35 ha enfermado de éxito. EEUU opera la mayor flota de estos aviones, que engañan a los radares hasta llegar a objetivos de su enemigo y destruirlos. Son 800 aeronaves de la US Air Force, la US Navy y los Marines, y el Departamento de Guerra (antes de Defensa) planea adquirir otros 1.700 hasta 2045, recuerda el informe de la GAO, elevado al Congreso norteamericano el 11 de junio.
Un F 35 de la Royal Air Force británica se abastece de combustible en vuelo / AS1 Christian Sparks RAF Reino Unido
Hay un problema, según el informe, en la escasez de piezas de recambio. Podría derivarse de la fuerte demanda que orbita a este avión, que el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, aconseja sin disimulo a los aliados europeos.
El mantenimiento de lo que la GAO tilda de “el sistema de armas más costoso del Departamento de Defensa” se estima en 1.600 millones de dólares desde 2024. La oficina habla de “una fuerte dependencia de contratistas” privados en la cadena de mantenimiento de los cazas. Agudiza la dependencia la necesidad de adquirir piezas y materiales por valor de 7.000 millones de dólares. Y costará al Pentágono «13.700 millones más de lo previsto hasta el año fiscal 2031” actualizar la estrategia de soporte del avión, repartido por bases y portaaviones en todo el mundo, para reducir la dependencia de contratistas y la pertinaz carencia de repuestos que clava a demasiados aviones en el hangar.
El informe sobre el F-35 habla además de problemas de corrosión, de subestimación de las necesidades de piezas, de inacción de los técnicos hasta que los repuestos se acaban…
Partidarios en España
En las Fuerzas Armadas no faltan partidarios del caza. El Gobierno nunca ha emitido declaración que abone sospechas de veto al F-35, pero tampoco ha mostrado interés, pese a la creciente urgencia de adquirir aviones para el portaaviones Juan Carlos I, ya que los Harrier de despegue vertical de la Armada caducan en 2030.
La versión B del F-35 puede despegar verticalmente. Por eso es el preferido por expertos de la Armada para solucionar el “problema del ala embarcada” que tiene España, que les lleva a temer una marina de guerra sin aviones propios durante una buena temporada. Esos mismos oficiales, a causa del silencio que guardan los órganos de compra de Defensa, al F-35 lo llaman “el innombrable”.

Un caza F 35 de la Fuerza Aérea danesa sobre Groenlandia / M Defensa Dinamarca
Se refieren a un avión de 166,6 millones de euros de coste medio, de 15,5 metros de largo y 10,6 de punta a punta de sus alas, con extraña geometría en su diseño y armamento dentro de la panza para hacerlo menos visible a los radares, con capacidad de ataque nuclear, que vuela de forma furtiva a 1,6 veces la velocidad del sonido cargando ocho toneladas de armamento a 2.200 kilómetros de distancia.
Pero su innovación clave es su software, que lo convierte en la plataforma aérea de guerra más inteligente, integradora de operaciones de tierra, aire, mar y ciberespacio con análisis de múltiples objetivos. Ahora bien, la llave para actualizar su software está en manos de EEUU. El Pentágono puede dejar obsoleto el caza si quiere, y eso al cliente no le proporciona la ansiada autonomía estratégica.
En junio de 2025, en la feria de la industria de la defensa Feindef, pilotos del Ejército del Aire pudieron conocer las sensaciones de manejo del caza en un simulador que Lockheed Martin trajo a Madrid. Otras pruebas realizadas por españoles no han trascendido.
Extendiéndose en Europa
El pasado 11 de marzo, sobre los hielos de Finnmark, un avión espía Ilyusin 20M fue interceptado por un caza F-35 noruego. El Ilyusin espiaba, según la versión de Oslo, a fuerzas de la OTAN en las maniobras Cold Response, en las que ha participado España. Ha sido la última vez, con relato oficial, que un F-35 ha expulsado a un avión ruso.

Interceptación de un avión espía ruso por un F 35 noruego en el espacio aéreo de Finnmark, en marzo de 2026 / M. Defensa Noruega
El caza no es un desconocido para Moscú. Lo opera ya el ejército polaco, uno de los que más se rearma ante el Kremlin. El 12 de junio llegaban a la base polaca de Lask los primeros tres F-35 de 32 que ha contratado.
Es la última incorporación europea. Noruega ha comprado 52 y tiene completa su flota. Pero otros países sufren fuertes retrasos. Reino Unido planea tener 138 unidades, y 72 están acordadas, pero ha recibido 47. Italia, de 115, cuenta con cuatro decenas. Bélgica, de 34 tiene once. Alemania, de 35 no ha recibido aún ninguno. Chequia, Rumanía y Grecia están en la cola.
El problema no es solo por demanda: es también el TR-3, o Technology Refresh 3, la tercera vuelta al software, que ha creado un cuello de botella en la producción aún no resuelto. Uno de los militares consultados lo resume: «Si España quisiera ahora comprar un F-35B, en el mejor de los casos no lo recibiría antes de 2037».
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