Seis meses después de la entrada en vigor de la ley española de prevención de las pérdidas alimentarias, las empresas del sector agroindustrial y productoras de alimentos, las cadenas de distribución y los bares y restaurantes, especialmente los de mayor tamaño, parece que se han puesto las pilas. Y aunque es temprano para hacer balance, entre otras razones porque la norma no obliga a contabilizar cuál es la cantidad de alimentos rescatados antes de ir a parar a la basura, hay ya algunos indicadores, los primeros brotes verdes, que muestran cómo está evolucionando esta (lenta) lucha contra el desperdicio de alimentos. De momento, hay motivos para el optimismo, aunque los implicados muestran cierta inquietud porque hasta ahora ninguna comunidad autónoma ha iniciado el despliegue de la norma, tal y como les correspondería.
Para que la aplicación de la ley «sea efectiva y homogénea«, ha anunciado este martes el director general de Alimentación, José Miguel Herrero, el Gobierno impulsará antes de final de año un plan nacional que asegure que «la nueva legislación se despliega en toda España» sin grandes contradicciones entre territorios. El objetivo será establecer «controles efectivos y coordinados entre las diferentes administraciones y ofrecer mayor seguridad jurídica a todos los operadores de la cadena alimentaria», ha manifestado. El Ministerio de Agricultura, al que pertenece la dirección general de Alimentación, ya está trabajando en la identificación de los puntos de la cadena y de las obligaciones que deberán ser objeto de seguimiento, ha indicado Herrero, que ha participado en la 14ª edición del Punto de Encuentro contra el Desperdicio Alimentario que ha celebradola organización Aecoc.
El ministerio, que cada año elabora un registro, a partir de encuestas, sobre cómo se comportan las familias en sus casas, informaba el pasado 10 de septiembre de una reducción del descarte de productos en los hogares del 20% en los últimos cinco años. Compañías como Too Good to Go señalan que la cifra de usuarios de su plataforma, dedicada a la preparación y distribución de paquetes con comida próxima a la fecha de caducidad pero aún consumibles, aumentó el año pasado un 25%, hasta los 11 millones. Son personas, en este caso, que acceden a comprar a un precio rebajado, alimentos sobrantes que los establecimientos van a retirar de la venta al público, pero que se encuentran en perfectas condiciones de consumo.
Aspecto de las nuevas cajas despensa de Too Good To Go, que se reparten a domicilio. / El Periódico
«Este crecimiento se está produciendo también en lo relativo a los negocios, pues hemos visto cómo en 2025 el número de establecimientos de restauración aumentaba un 30,7% y el de supermercados, un 23%«, detalla Marie Lindström, directora de Too Good to Go en España. En total, esta iniciativa de mediación con el consumidor final, de origen danés e implantada en España desde 2018, cuenta aquí con una red de más de 25.000 establecimientos. «Además del contexto de inflación y subida de los precios de los alimentos, que creemos que ha llevado a los consumidores a ver cada vez más nuestra aplicación no solo como una herramienta para contribuir a reducir el desperdicio, sino también como una forma de ahorrar en su cesta de la compra, la entrada en vigor de la ley está generando un nuevo contexto para los negocios», agrega Lindström.
Dónde se producen las pérdidas
La normativa española, inspirada en la ley aprobada en 2016 en Francia y en vigor aquí desde el pasado 3 de abril, busca que en 2030 se haya reducido a la mitad la cantidad de alimentos que terminan en la basura respecto a los datos de 2015. La ley apuesta por la optimización de los alimentos perdidos o descartados, destinándolos al consumo humano, y, de no ser posible este primer objetivo, contempla el uso de los subproductos para la producción de piensos, por el reciclado de nutrientes y su aprovechamiento agrario.
Una de las aportaciones que hace la ley es «que obliga también a las empresas a analizar mejor dónde y por qué se producen pérdidas”, subraya Christian Ghidelli, responsable del área de Agroalimentación de Funditec, un centro de investigación aplicada para fomentar la competitividad empresarial a través de la innovación tecnológica. «De ahí pueden derivar oportunidades que ofrezcan nuevas soluciones -prosigue el técnico-, ya que las pérdidas empiezan mucho antes de lo que tiramos en casa: en el cultivo, durante la cosecha, el almacenamiento, el transporte o la distribución».

Voluntarios de la asociación Espigoladors recogen el producto sobrante en un campo de berenjenas del Baix Llobregat. / FERRAN NADEU / EPC
Así, en el Día Internacional de la Concienciación sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos, que se celebra este martes, han sido varias las entidades que han dado a conocer sus datos. La fundación educativa Fundesplai, por ejemplo, explica que cerca de 300 escuelas de toda Cataluña «están separando y pesando en unas básculas todos los alimentos que sobran de los menús del mediodía en restos comibles, incomibles y agua sobrante». Según los números recogidos por las auditorías del curso 2025-2026, los colegios participantes han conseguido un desperdicio de 32,79 gramos por menú y día, un 0,14% menos que el curso anterior.
El momento de la tecnología
La reducción del desperdicio ha acelerado también la incorporación de tecnología. «No es solo cuánto se invierte, sino que se trata de que la innovación llegue a todos y se pueda implicar a escala real», reivindica Ghidelli. «El desarrollo de agricultura de precisión, el uso de herramientas de diagnóstico para la detección temprana de enfermedades o el impulso de tecnologías postcosecha que mantengan la calidad durante más tiempo pueden ser capaces de producir de manera más ajustada, detectar antes los problemas y prolongar la vida útil de los alimentos y así, reducir las pérdidas en distintos puntos de la cadena», afirma. Los comercios y los distribuidores mejoran asimismo su capacidad de previsión y pueden «planificar volúmenes, capacidades y tiempos de cosecha, algo importante para reducir los excedentes y pérdidas», explica el investigador.
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