Con la misma fuerza y energía de siempre, Elena Valenciano (Madrid, 1960) muestra un rostro más relajado y tranquilo que en los turbulentos años en los que dirigió el PSOE (2012-2014), a pesar de que «teníamos la mitad de lo que pasa ahora». Declara «absolutamente cerrada» su etapa en política, de la que salió no por voluntad propia, sino porque Pedro Sánchez dejó de contar con ella a pesar de que venía de la cúpula del partido con José Luis Rodríguez Zapatero y, sobre todo, con Alfredo Pérez Rubalcaba, de quien fue su número dos. Especializada en política internacional, feminismo y derechos humanos, Valenciano habla ya desde la tranquilidad y la distancia que le dan el tiempo y la perspectiva de no ambicionar nada más que el cariño de los suyos.
Nos encontramos en la cafetería de un conocido hotel próximo a su domicilio en Madrid. Viene de una comida y después ha quedado con su hermana para unas gestiones. A pesar de estar alejada de la política, Valenciano sigue tan activa como siempre. Cabeza de lista del PSOE en las elecciones europeas de 2014, dejó su puesto de máxima responsabilidad en el partido -fue vicesecretaria general– cuando Pedro Sánchez ganó las primarias de aquel año a Eduardo Madina. «Yo estaba en la dirección del PSOE y no apoyé a nadie, pero todos sabían de mis simpatías por Madina», relata. Así que cuando concluyó la legislatura europea en 2019, Sánchez decidió no volverla a incluir en las listas.
Los órganos del partido son hoy inanes; si el Comité Federal no analiza ni las derrotas electorales, ¿para qué sirve?
Antes de eso había sido vicesecretaria general del PSOE, eurodiputada durante 14 años, diputada en el Congreso, secretaria de Política Internacional del PSOE y presidenta de la Fundación Mujeres, un puesto al que volvió tras dejar la política. «Pepe Blanco y yo habíamos sido vicesecretarios generales, él había sido además ministro, secretario de Organización y casi el padrino de Zapatero, pero dejaron de contar con nosotros, algo que nunca había ocurrido», relata. «Fue un palo tremendo». «Aquel fue el momento del PSOE convulso de las primarias, de la fractura entre los que habían apoyado a Pedro y los que no y yo no le apoyé». «También en aquel momento, justo en mayo de 2019, murió Alfredo [Pérez Rubalcaba], y entonces dije «Ah, pues mira, es el momento de cerrar una etapa'». La llamaron de la fundación Henry Dunant y estuvo varios años trabajando en Venezuela y Nicaragua. Ahora, ha vuelto a presidir la Fundación Mujeres.
Le costó salir, pero la política ha cambiado tanto, que ya no se reconoce en la actual: «Todo se ha pervertido, se ha polarizado, se ha fragmentado, y ya no es solo que los dos grandes partidos no sean capaces de acordar nada entre ellos; es que ni siquiera se respetan». En su opinión, «la coherencia, la palabra dada ya no importa mucho». Con enorme cariño recordará siempre a Rubalcaba. De él echa de menos «todo: hasta la tortura de contestar a sus llamadas a las 7:00 de la mañana o a la 1:00 de la madrugada». «Tenía una capacidad política muy difícil de encontrar. Siempre tenía en cuenta la importancia del Estado, de las instituciones, de la coherencia en política», añade.
Elena Valenciano con Alfredo Perez Rubalcaba en mayo de 2014. / José Luis Roca
Recuerda muchas de sus frases, entre ellas ‘Vive como piensas o acabarás pensando como vives». Y pone como ejemplo su propia austeridad como forma de pensar y de vivir: «Rubalcaba siempre tuvo una vida austera y modesta. Después de dejar la política, tuvo 2.000 ofertas de trabajo en consultorías, consejos de administración… Pero él volvió a su despacho de tres por dos metros en la Facultad de Químicas; y tan ricamente». Junto a él dirigió un PSOE convulso y vivo, muy diferente al actual: «Yo viví unos comités federales explosivos cuando la situación no era ni la mitad de lo que es ahora».
Lamenta la actual falta de autocrítica en el partido y recuerda que en sus tiempos «teníamos un arsenal de críticos: Carme Chacón, Susana Díaz, Tomás Gómez, Ximo Puig y nadie ponía en duda su lealtad». Ahora echa mucho en falta el debate interno: «los órganos del partido son hoy inanes». Por ejemplo, le parece «insólito» que en el pasado Comité Federal del 27 de junio «no se debatieran las últimas cuatro derrotas electorales, no para señalar a nadie, sino para analizar qué ha pasado con el voto en Extremadura, en Andalucía, en Castilla y León o en Aragón…» «Si el Comité Federal no analiza las derrotas electorales, ¿para qué sirve?», sentencia.
El PSOE ha practicado en los últimos años un sectarismo interno que ha hecho daño a toda la organización
Valenciano ya no está en ningún órgano. Es militante de base. Pero sigue hablando con secretarios generales autonómicos, provinciales, alcaldes, con dirigentes de hoy y de ayer y lamenta el actual «sectarismo interno» de su formación: «En el PSOE no se puede discrepar y el que lo hace es acusado de estar en la derecha o de ser un desleal». Todo porque el partido «se ha polarizado y radicalizado; ha perdido una parte muy importante de su centralidad» y «ha practicado un sectarismo interno que ha hecho daño a toda la organización».
Un ejemplo es la reciente investidura en Andalucía. En su opinión, «¿qué costaba dejar dos diputados a Moreno Bonilla para condicionarle nosotros en vez de Vox?» «Desgraciadamente, eso está completamente fuera de la realidad en este momento; no sería posible. Y, sin embargo, yo creo que sería lo mejor para Andalucía y para España. Tú le dejas dos votos a Moreno Bonilla y le dices que la ‘prioridad nacional’ fuera, que a los menas hay que atenderlos y que hay que asegurar una sanidad pública en Andalucía en condiciones». Ese PSOE centrado y socialdemócrata, que forzaría al PP a centrarse también, en su opinión ya no existe. De hecho, la exvicesecretaria general denuncia que «una parte de la estrategia del PSOE es hoy engordar a Vox para perjudicar al PP; exactamente lo mismo que hizo el PP con Podemos».
El ‘caso Zapatero’ pinta muy feo; es muy inquietante que todavía no haya podido explicar lo de las joyas
Los casos de corrupción que han asolado al partido en los últimos dos años han sido la gota que ha colmado el vaso. Sigue defendiendo a Zapatero porque quiere creer en su inocencia: «Yo conozco a Zapatero, pero el Zapatero que describe el auto no lo he conocido». Pero alerta de que «la situación es grave, sin duda». «Es inquietante que todavía no haya podido explicar el origen de las joyas; entiendo que debe priorizar su defensa, pero no deja de preocuparnos», asevera.
Valenciano ama a su partido: «Amo al PSOE con toda mi alma, me duele y nunca le haré daño». No en vano, entró en esta formación con 17 años, hace ya casi medio siglo. Y reivindica que «necesita recuperar credibilidad a espuertas porque ha perdido mucha». El pacto alcanzado con Junts per Catalunya para la investidura de 2023 «desvirtuó totalmente la identidad del PSOE» al buscar el apoyo de «la derecha supremacista catalana». «¿Alguien pensaba que las cesiones a Cataluña no nos iban a hacer daño en Extremadura, Madrid o Andalucía?»
El PSOE se ha polarizado y radicalizado, ha perdido una parte importante de su centralidad
Especializada en política internacional, califica la crisis de Ceuta como «mucho más que una crisis migratoria». «Es una crisis humanitaria», remacha. Además, añade que «es bastante sorprendente que ningún servicio de información o de inteligencia supiera nada».
Confía y desea que el Partido Socialista pueda reeditar un Gobierno progresista en 2027, aunque lo considera «muy difícil». Si se confirma lo que dicen las encuestas y gobiernan el PP y Vox, cree que «Pedro Sánchez se quedará como secretario general y jefe de la oposición al menos hasta el siguiente congreso del partido, esperando a que el Gobierno de la derecha y la extrema derecha sea un lío». De hecho, señala que Sánchez «ha mandado a sus ministros como candidatos y líderes autonómicos para preparar el día después de la derrota».
Pase lo que pase, ella descarta totalmente volver a la primera línea: «Es una etapa absolutamente cerrada. Mis nietos viven cerca de mi casa en Altea y no los cambio ni por ir a la Casa Blanca». De hecho, al volver la vista atrás solo lamenta el tiempo que restó a los suyos: «¿Cuánto tiempo dejé de estar con mi marido, con mis padres? ¿Cuántas fiestas infantiles me perdí?» Y no permitirá que le vuelva a pasar lo mismo.
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