Un chico de Don Benito (Pedro Porro) que se formó en las canteras del Rayo y el Girona antes de ganarse la vida en el Sporting de Portugal para triunfar ahora en el Tottenham amagó con pasarle el balón al hijo de un marroquí y una ecuatoguineana (Lamine Yamal) nacido en Esplugues de Llobregat y criado en Rocafonda. Finalmente, dibujó una pared con un muchacho de Terrassa (Dani Olmo) que con 16 años se marchó a Zagreb y pasó por Leipzig antes de volver a casa y marcó el gol que certificó la clasificación de España para la final del Mundial que disputará esta noche (21.00 horas) frente a Argentina en Nueva York.
En esa jugada, la del segundo tanto en la semifinal contra Francia, está todo. Más allá de lo estrictamente futbolístico, el celebrado gol de Pedro Porro esboza un genuino resumen de la España que es, de la España que somos. Una selección mestiza y diversa, con jugadores llegados de todos los rincones del país (o hasta de fuera de él) que han perseguido el éxito por vericuetos heterodoxos e inexplorados y que han puesto su talento y su esfuerzo al servicio del colectivo. Una España global que persigue la gloria en los Estados Unidos de Donald Trump.
Las diferencias con la España de 2010
Las comparativas con la selección campeona en Sudáfrica 2010 son inevitables en estos días previos a la final de Nueva York. Y en términos estrictamente futbolísticos, los paralelismos son palmarios, existe un hilo conductor claro entre ambos equipos, pero en un plano sociológico y cultural las diferencias son enormes, fruto de los cambios que ha experimentado España, como país, en estos tres lustros.
Nico Williams y Lamine Yamal, durante un entrenamiento del Mundial. / Lavandeira jr / EFE
No había hace 16 años un Lamine Yamal, como tampoco un futbolista cuyos padres hubieran llegado a España desde Ghana cruzando el alambrado militar fronterizo que había en Melilla (Nico Williams); o uno que con 16 años se hubiese marchado a un club pequeño de Inglaterra como el Blackburn Rovers (David Raya); ni uno que decidiera representar al país en el que creció como futbolista desde adolescente pese a nacer en Francia (Aymeric Laporte).
Y bien podrían haber estado en este equipo el ahora lesionado Samu Aghehowa, hijo de una madre soltera de Nigeria que dio a luz en Melilla; Dean Huijsen, hijo de neerlandeses nacido en Ámsterdam y criado desde los cinco años en Málaga; Cristhian Mosquera, alicantino de padres colombianos; Robin Le Normand, un caso análogo al de Laporte; o Robert Sánchez, un murciano cuyo padre tiene orígenes británicos y jamaicanos que con 15 años se marchó a la cantera del Brighton inglés.
Los cambios en las categorías inferiores
“La esencia del modelo de juego y del perfil de futbolista no han cambiado, como tampoco los valores que siempre hemos inculcado de respeto al contrario y de poner al colectivo por encima del individuo, que tan bien se reflejan en esta selección. Pero es evidente que España ha cambiado desde 2010, el propio fútbol ha cambiado y, por tanto, las selecciones españolas y la RFEF también lo han hecho”, explica desde Nueva York Santi Denia, entrenador que trabajó en las categorías inferiores entre 2010 y 2025.

Los jugadores de la selección española olímpica masculina de fútbol durante un entrenamiento en París, recibiendo instrucciones de Santi Denia. / RFEF
Denia habla con el conocimiento de quien entrenó a lo largo de esos 15 años a todos los jugadores que esta noche disputarán la final salvo a Raya y Laporte. “Lo fundamental ha sido siempre implantar e inculcar el respeto a todas las culturas. Hemos tenido a chicos que bien ellos o sus padres venían de otro país, en algunos casos con religiones diferentes, y siempre hemos fomentado que todos los jugadores se integraran en el grupo y que hubiera una convivencia sana en las concentraciones de los torneos largos, que es lo complicado y lo más importante”, incide el técnico campeón olímpico en París 2024.
Hemos tenido a chicos que bien ellos o sus padres venían de otro país, en algunos casos con religiones diferentes, y siempre hemos fomentado que todos los jugadores se integraran
«Aunque es un hecho tangible que cada vez hay más deportistas de origen intercultural en el deporte español, hasta ahora era algo que pasaba bastante desapercibido en el alto nivel. En esta selección, hay una identificación acorde a las características culturales propias de los procesos migratorios de nuestro tiempo y de nuestra estructura poblacional. La selección española, hoy más que nunca, representa la diversidad cultural de nuestro país y del mundo global en el que vivimos«, analiza David Moscoso, catedrático de Sociología del Deporte de la Universidad de Córdoba.
En esta selección, hay una identificación acorde a las características culturales propias de los procesos migratorios de nuestro tiempo y de nuestra estructura poblacional
Recuerda el experto que, según la Encuesta de Hábitos Deportivos del CSD de 2024, un 11% de quienes practican deporte en España poseían una nacionalidad extranjera, tuvieran o no también la española. El porcentaje es calcado al de esta selección, en la que Williams, Lamine y Laporte tienen otra nacionalidad además de la española. «Es el resultado de la realidad intercultural de nuestro país y del mundo global en el que vivimos. España es un país que se asemeja culturalmente a la mayor parte de los países desarrollados, en los que la diversidad cultural, racial y étnica es una constante», prosigue Moscoso sobre una realidad que no se daba en 2010, cuando ninguno de los 23 convocados poseía (que se sepa) una segunda nacionalidad.

Aymeric Laporte, en la semifinal contra Francia, su país natal. / MAURO PIMENTEL / AFP
Como la sociedad, la industria del fútbol también ha cambiado y se ha globalizado, una realidad que también se refleja en el currículum de los 26 elegidos por Luis de la Fuente. La de 2010 era, esencialmente, una selección formada por futbolistas que habían crecido en las grandes canteras del país, con una férrea columna vertebral del Barça (6 titulares) y una importante representación del Real Madrid (3), en la que solo siete jugadores de 23 habían tenido alguna experiencia extranjera.
Hay (mucha) vida fuera de la Liga española
En la selección actual, solo Barça (3) y Athletic (2) repiten representación en el once tipo y 15 de los 26 convocados han tenido alguna etapa fuera de la Liga española. Del Madrid, hasta el fichaje de Cucurella desde el Chelsea, no había nadie en la lista por primera vez en la historia. Hay varios futbolistas, empezando por el héroe Pedro Porro, que se encuentran fuera del radar del público ocasional que se acerca al fútbol solo en grandes ocasiones. No pocos se preguntaron el martes quién era ese chico que había marcado el gol contra Francia. En 2010, toda España reconoció al instante la melenuda cabeza de Puyol ajusticiando a Alemania en la semifinal.
El éxito de Sudáfrica 2010 ayuda a explicar otra de las grandes diferencias con esta selección. Durante aquel ciclo de éxitos 2008-12, el futbolista español se convirtió en un valor fiable para los grandes clubs europeos. No solo las grandes estrellas, también la clase media-alta. Si en aquella selección solo había tres jugadores de fuera de la Liga (Torres, Cesc y Reina, todos en la Premier), en la actual hay nueve que acabaron la pasada temporada en un equipo extranjero: siete en Inglaterra, uno en Francia y otro en Alemania. Dos de ellos, Raya y Grimaldo (recién fichado por el Atlético) nunca han jugado un solo partido en la Primera División española.
Todos estos rasgos trazan una España global y diversa, genuina representación de lo que somos como sociedad, de Don Benito a Agen, pasando por Tegueste, Sallent y Foios, con familias preparadas desde Francia, Ghana, Marruecos y Guinea Ecuatorial para celebrar esta noche, si la Argentina de Messi lo permite, la segunda estrella de campeona del mundo.
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