Sem Westerverld, un desconocido para el gran público zaragocista, es el nuevo portero del conjunto aragonés en una apuesta de fuera para un puesto clave como es la portería, una decisión arriesgada sobre todo por la enjundia y peso de una posición en la que la sombra de Cristian Álvarez sigue siendo alargadísima. De hecho, en todo este periplo por la categoría de plata, ha sido el único portero que de verdad ha sido capital.
El nuevo meta, nacido en San Sebastián, viene con la vitola de titular, con permiso de Anartz Peña, pero deberá demostrar no solo su calidad, sino también dotar de estabilidad a un puesto que ha temblado como un flan en todos estos años desde el bajón físico de Cristian y su posterior retirada, con contrataciones muy fallidas y que fueron un auténtico fiasco.
Y también necesitará cambiar la suerte que ha corrido el Real Zaragoza con los porteros de fuera, apuestas exóticas desconocidos para el mundo blanquillo y sin experiencia en España, porque hasta ahora, desde el descenso de Primera a Segunda, no han sido muchos los fichajes para la portería de fuera… pero todos salieron rana.
El caso más reciente fue el de Esteban Andrada, de la pasada campaña sin ir más lejos. No era la primera opción, que fue Dani Cárdenas, pero la inflexibilidad del Rayo Vallecano y el roce entre Martín Presa y Txema Indias propició que, en el penúltimo día del mercado, el entonces director deportivo activase el plan B.
Andrada empuja a Pulido, antes de que el meta argentino le propinara el puñetazo. / Jaime Galindo
Sobre el papel era un fichaje que, pese a no haber jugado nunca en España, era una garantía. Veterano, acostumbrado a partidos de gran presión, había vestido camisetas cuyo escudo pesa… pero salvo algún destello puntual y su buen hacer en los penaltis, su rendimiento estuvo muy por debajo de lo que se esperaba de un portero de su enjundia.
Malas salidas, inseguridad por alto pese a su altura y veteranía, lentitud de movimientos y, para colmo, un epílogo que estuvo a la altura de la vergonzosa temporada del Real Zaragoza, borrándose al pegarle un puñetazo a Jorge Pulido en el derbi aragonés cuando ya había comprado todos los boletos para ser expulsado.
Poussin y Saja
El anterior, el amor-odio con Poussin. El francés fue la gran apuesta de Cordero en la 23-24 y su incorporación respondía a la necesidad de traer a un guardameta que comenzase a coger el testigo de Cristian Álvarez, al que la edad comenzaba a no perdonar. Era joven, venía de ser importante en Francia y tenía proyección, pero solo fueron eso, expectativas.
Su primera temporada fue un rosario de fiascos y despropósitos difíciles de igualar por nadie. Falló estrepitosamente en Albacete, en Copa del Rey contra el Atzeneta, hizo un penalti regalado en Tarragona en pretemporada y tras pararlo mandó callar a la grada blanquilla y, quizá el que más en la retina está fue el robo de Insua en Gijón que terminó en 2-2 en el descuento que dio la vuelta al mundo.

Poussin atrapa el balón con Insua justo detrás en la acción anterior al gol del central. / MARCOS LEON / LA NUEVA ESPAÑA
En verano nadie le quiso ni el Real Zaragoza le pagó el finiquito, así que se quedó y aprovechó el enésimo desmadre en la portería para acabar bajo los palos y en una historia de redención de Netflix, más bonita sobre el papel que lo que marcó la realidad. Anotó un gol contra el Eibar, pero el paso, en general, fue horrible.
En enero del 2017, el Real Zaragoza firmó a Sebastián Saja, que fue una apuesta a medias, ya que no tenía mucha experiencia en España, pero sí que venía del Nástic de Tarragona en la primera vuelta y había estado dos años en Segunda en el_Rayo y el Córdoba entre el 2003 y el 2005. Al equipo aragonés ya llegó de vuelta de todo y, por variar, no cuajó.
Desde el 2013, las apuestas de porteros de fuera no han dado buen resultado y que el Real Zaragoza haya firmado a Westerveld implica una gran seguridad en que va a ser un buen fichaje para el presente y el futuro, en una clásica apuesta de autor de Lalo y sus ayudantes, pero la estrategia no deja de tener un cariz arriesgado. El donostiarra es un portero sin experiencia en Primera RFEF y Anartz Peña disputó 18 encuentros en la categoría de bronce la pasada campaña. A romper la tradición reciente.
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