El ‘boom’ sin precedentes del Camimo de Santiago atrae una media de hasta 1.500 peregrinos al día a Santiago de Compostela. No existe un solo tipo de peregrino; los hay que viajan solos y los que van en grupo, los que proceden de Asia o de EEUU pero también los europeos… los hay de 20 años, pero también de 70. La capital de Galicia es desde el Medievo un importante punto de destino para los viajeros, aunque nunca antes habían llegado tantos. En los últimos 20 años la cifra de personas que pernoctaron alguna noche en la ciudad se ha disparado un 420%. Y entre esos miles de visitantes, unos pocos acaban convirtiéndose en noticia por sus comportamientos incívicos en las calles. Cánticos a primera hora de la mañana por la rúa de San Pedro, gritos a lo largo de San Lázaro e incluso acampadas en la propia plaza del Obradoiro son algunos de los ejemplos más sonados. El debate sobre las consecuencias para los compostelanos de esta masificación turística viene de lejos pero, ¿cuál es la visión de los propios peregrinos?
Helen, una australiana de 72 años, terminó su decimoquinto Camino el pasado 3 de julio. Desde su primera vez, en 2014, la australiana habla de Santiago como el lugar dónde «se reúne gente de todas partes del mundo y todos son amables los unos con los otros». En esta década y media «no ha notado apenas cambio en el trato de los vecinos hacia los peregrinos», una visión que contrasta con las repetidas quejas de asociaciones locales como A Xuntanza por el comportamiento de algunos visitantes. Helen no es consciente de haber cometido algún tipo de acto incívico durante su viaje. Explica que ha intentado no utilizar los bastones en los núcleos de población para no molestar a los vecinos. «Pretendo pensar en cómo me podría sentir yo», asegura.
Helen, australiana de 72 años tras terminar su 15º Camino. / Santiago Esturao Alzate
Sin embargo, la australiana sí presenció faltas de civismo durante su peregrinación. En Samos y otras parroquias por las que pasa el Camino Francés, en las que los vecinos ya han optado por colocar carteles de «prohibido defecar» en sus fincas, Helen vio restos de papel higiénico junto al Camino. También considera que es necesario incluir en páginas de consulta sobre el Camino una serie de recomendaciones sobre cómo comportase en Compostela, como por ejemplo los cánticos en la calle.
«La calle es de todos y de todos también es el Camino»
Rudolf, otro peregrino de Taiwán, reconoce haber cantado en las calles de Compostela pero no considera que sea un acto incívico. Para este joven de 23 años, «todos los gallegos» que se encontró durante su travesía fueron «muy amistosos». No opina lo mismo Ignazio, un italiano de 62 años. A la altura de Valga, el sardo sí notó hostilidad por parte de varios vecinos que le ignoraron cuando preguntó dónde había un bar. Como Rudolf, Ignazio también cantó durante su experiencia, aunque para él «las malas conductas ocurren en todo el mundo. Santiago es una ciudad turística y vienen personas de todos lados. La calle es de todos y de todos también es el Camino«. No pocos compostelanos opinan que el Camino es cada vez más de todos y Santiago menos de los santiagueses.

Rudolf en la Plaza del Obradoiro. / Santiago Esturao Alzate
Lily, inglesa de 23 años, y Gina, estadounidense de 27 años, se conocieron en la primera etapa del Camino Francés y desde ese momento continuaron juntas. La pareja de amigas intentó ser lo más respetuosa posible. Aún así, ya en el Obradoiro, se muestran autocríticas y reconocen que, en algunas ocasiones no lo consiguieron. A veces, al levantarse pronto por las mañanas y comenzar a caminar, hablaban más alto de lo que se deberían por la hora. La pareja destaca que la mayoría de las personas que se encontraron durante el Camino fueron amables con ellas. Únicamente recibieron malas caras en algunos momentos, cuando descansaban o comían en lugares «donde no se debería» o cuando preguntaban en bares y restaurantes si podían rellenar sus botellas de agua sin haber consumido nada.

Gina y Lily en la Plaza del Obradoiro. / Santiago Esturao Alzate
Los peregrinos piden «más información»
En medio de las campañas para sensibilizar a aquellos que nos visitan, los vecinos del casco histórico llevan años movilizándose para tratar de poner freno a comportamientos inapropiados. Los residentes de calles como rúa das Carretas o San Pedro denuncian que las continuas faltas de respeto de los peregrinos les impiden descansar o, simplemente, estar en paz en sus casas. Sin embargo, al hablar con los peregrinos que acaban de llegar al Obradoiro, se hace evidente que estos desconocen este contexto.
La estadounidense Gina confiesa que realizó una búsqueda en internet sobre qué iba a encontrarse al llegar a Santiago. Ignoraba el debate sobre la masificación turística y los comportamientos incívicos de algunos peregrinos. Gina opina que si alguna página de información mostrase esta realidad cada vez menos oculta, más peregrinos tratarían de evitar los comportamientos que interfieren en la vida de los compostelanos. Para otras turistas como Lily, poner carteles en las zonas que más están sufriendo estos comportamientos ayudaría a que los peregrinos mantuvieran las formas, aunque recalca que hay prohibiciones que no deberían hacer falta concretarlas, porque «deberían salir de uno mismo».
Todos los peregrinos coinciden en que no creen que hayan molestado, mientras que los vecinos de los barrios por donde pasan las últimas etapas del Camino están cada vez más crispados por los comportamientos de algunos turistas. Tal vez, como dice una peregrina, la clave está en «la masificación de Santiago en vez del comportamiento individual de cada peregrino».













