El paradigma de Inditex y el riesgo en la política

La operación realizada hace más de 25 años por el Gobierno de Aragón para conseguir que una multinacional como Inditex apostara por Plaza para instalar la plataforma con la que aspiraba a comerse el mundo es hoy un paradigma de cómo a veces asumir el riesgo en política es más que recomendable, necesario. Y también de cómo un simple acuerdo puede transformar la economía de todo un territorio. Han tenido que pasar más de dos décadas, y tener a la firma que preside Amancio Ortega funcionando a pleno rendimiento en Aragón y expandiéndose en Zaragoza, para conocer todos los entresijos de un gran acuerdo que cambió el devenir de una comunidad que entonces sufría la enorme dependencia del sector del automóvil, de los éxitos de una gran marca como General Motors, ahora Stellantis. Hizo que la logística se haya convertido en el 8% del Producto Interior Bruto (PIB) autonómico y comparta el protagonismo con un tejido industrial que ya no monopoliza la atención de la Administración, aunque su poder no haya menguado. Han tenido que pasar más de 25 años para entender que a veces la política sí es capaz de transformar cuando hay voluntad y la fe ciega de que esa hoja de ruta conduce al crecimiento económico. O que con la unión de fuerzas es capaz de competir de tú a tú contra otros territorios como Cataluña, que persiguen a veces lo mismo y no siempre salen victoriosos.

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