El mejor broche a una temporada excelsa

Fredi Álvarez, un avezado técnico del fútbol modesto, ha cumplido el viejo sueño del presidente Carlos Mouriño de llevar al filial del Celta al fútbol profesional. «Prefiero un ascenso del filial que una clasificación para la UEFA», llegó a decir el exmandatario, que ahora ve ambos deseos cumplidos en una campaña que permanecerá grabada para siempre en letras de oro en los anales del club.

El Fortuna ha hecho historia con un irreverente grupo de chavales que han crecido de modo desmesurado en cuestión de pocos meses y a los que no intimidó en la hora decisiva la presión del momento, la magnitud del escenario ni la veteranía de un peligroso adversario que exprimió al límite el reglamento. Un éxito del Fortuna y una victoria del fútbol

Un dolor de muelas. Un solo cambio, Gavián por Milla, introdujo Fredi con respecto al once que hace una semana saltó al césped de El Toralín. Nada cambió Nafti, que abordó este segundo asalto con los mismos protagonistas e idéntico libreto al empleado en Ponferrada: partido duro de masticar, con faltas reiteradas e interrupciones constantes para cortar las alas a un Fortuna al que le costó mucho maniobrar y acelerar el juego en los metros finales del campo. Una suerte de Getafe de marca blanca, poco vistoso con la pelota pero eficaz y sumamente incómodo para el rival, con soltura para manejarse al límite del reglamento sin ser penalizado. Un equipo, en suma, que vale más por lo que destruye que por lo que construye, pero que conoce el oficio y saber medir los tiempos del partido para llevarlo a su terreno y aprovechar al máximo sus virtudes en el juego directo, la segunda jugada o la pelota detenida

La conexión mágica. Para combatir a un adversario tan correoso cabe contraponer talento, algo que no le falta al Fortuna, aunque le costase más tiempo que otras tardes hacerlo aflorar. Cuando lo logró, generó problemas, sobre todo cuando Burcio pudo conducir en campo contrario o Antañón logró trazar una buena línea de pase. En una de estas llegó el golazo que puso en franquicia al filial celeste: un excelso servicio desde el redondel de Antañón al área que Hugo González recogió entre los centrales para regatear luego a Prieto y batir a placer, con un inapelable disparo a media altura, al portero de la Ponferradina.

Mucho con muy poco. El conjunto de Medhi Nafti no solo es un equipo capaz de coser a su rival a faltas (que se lo pregunten si no a Óscar Marcos) y salir indemne; también puede hacer mucho con muy poco, como puso de manifiesto Borja Valle anotando el gol del empate prácticamente en el único lanzamiento entre los tres palos del conjunto berciano: el más listo de la clase aprovechó una confusa jugada en el área celeste para cazar un balón rebotado y cruzarlo lejos del alcance de Coke a tres minutos del final del primer tiempo.

Penalti en el momento justo. El empate dio cierto vuelo a la Ponferradina, que no se movió un milímetro en su estrategia de cerrar vías al Celta y aprovechar alguna acción aislada. El plan se lo echaron abajo de nuevo Antañón y Hugo González, el medio centro para filtrar al cogollo del área un pase que obligó a San Emeterio a derribar Álvaro Marín, y el valenciano para transformar magistralmente la pena y firmar un segundo doblete en las eliminatorias por el ascenso. 18 goles y 8 asistencias, esto es, 25 participaciones directas de gol, que se dice pronto, suma ya el atacante céltico, que pide a gritos una oportunidad con el primer equipo.

La puntilla. El penalti rebasada la primera hora de juego cambió el guion del encuentro. La Ponferradina no tuvo otro remedio que exponerse y con espacios por delante el Fortuna pudo desplegar todo su talento. Los cambios (sota, caballo, rey) le ayudaron a correr. Ángel Arcos relevó a Óscar Marcos, Somuah suplió a Marín, Milla entró por Gavián y Capdevila por Meixús para rematar la faena con un vendaval de juego y goles. El tercero lo puso a la contra el ghanés, con un formidable remate desde la media luna que Prieto apenas pudo intuir, llevando la desesperación al rival y el delirio a Balaídos. Y hubo tiempo para un cuarto, en pleno festejo, de Capdevila, en una bonita jugada en el área rival. Nunca el filial celeste había vivido ni había hecho vivir nada semejante. Una tarde de puro disfrute que va a perdurar en la memoria por muchos años.

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