Cuenta una conocida fábula, que se le atribuye a Esopo, un narrador de historias de la Antigua Grecia, el dilema de unos ratones que se sentían perseguidos por un gato. Tras debatirlo, sabedores de que el problema no se iba a solucionar por sí solo, acordaron ponerle un cascabel, para así ser alertados por un sonido muy reconocible cada vez que se acercase a ellos ante sus evidentes intenciones. La propuesta fue bien recibida por todos, hasta que uno de los ratones planteó la pregunta del millón: ¿Y quién le pone el cascabel al gato? Ahí se evidenció la falta de valentía, ya que ninguno se prestó voluntario para completar la misión acordada pese al beneficio colectivo que tendría. Conformismo pese a las previsibles consecuencias.
Estos días, entre corrillos y mensajes recibidos, he recordado esa fábula. Y es que, unas Hogueras más, el comentario, nada puntual, se repite. En cuanto las piezas de la Hoguera Oficial empiezan a tomar posición en la plaza del Ayuntamiento, las valoraciones vuelven, y sin grandes variaciones. Otro año más, la hoguera de todos los alicantinos, la que sufraga el Ayuntamiento, con un presupuesto de 118.500 euros (la segunda más cara que se planta en la ciudad estos días), no despierta pasiones entre los festeros ni en el resto de locales. Más bien, todo lo contrario: entre indiferencia y las habituales críticas de los últimos años por los acabados, entre otros detalles de quienes entienden de arte efímero, salvo alguna excepción, como las «Leyendas alicantinas» de 2024. Ni el remate en «T» ni las alusiones a fiestas tradicionales de la provincia, las dos principales bazas de «Singulares», parecen compensar.
Otro monumento, foguera que diría David Olivares, que no pasará a la historia de Alicante. Y ya son muchos. Demasiadas oportunidades perdidas. Nada que ver con la vecina València, un espejo para lo que interesa, donde cada falla municipal se guarda en la retina, o por su valentía, o por ser rompedora o, por qué no, por llevar implícita crítica social, y con independencia de quién gobierne el Cap i Casal. Nada que ver aquí. Para tomar nota.
Es cierto que los reproches por el resultado, que esto es Alicante, no nos olvidemos nunca, se repiten «sotto voce», aunque proceden desde todos los ámbitos y escalafones: el festero, el político y el social. Este año con «Singulares» y no hace tanto con Geoda (2023) o Ars Amandi (2022), tal vez la más criticada en años, por no remontarnos más allá en el calendario.
Vista áerea de la Hoguera Oficial 2026 / Alex Domínguez
Las dudas sobre la hoguera de este 2026 ganaron fuerza durante la reciente visita oficial al taller de su autor, Pedro Espadero, un clásico que acumula once plantás consecutivas en la plaza del Ayuntamiento, aunque la cifra de autorías se va hasta las diecinueve en total. Quienes fueron a su «casa», donde cogió forma la hoguera en los últimos meses, salieron con la seguridad de que este 2026 tampoco habría ninguna obra para el recuerdo. Aunque esa sensación empeoró durante la noche del 15 al 16 de junio, cuando las primeras piezas llegaron a la plaza del Ayuntamiento. Entre quienes pudieron verlas de cerca, remate «singular» incluido, las críticas arreciaron por los acabados en los materiales («el corcho ni lo ha tratado«) y en la pintura («son brochazos sin ningún mimo«).
Una vez montada, la sensación no ha mejorado. Más allá de lo previsible, escenas que se tapan entre ellas, cartelas imposibles de leer salvo para quienes vayan provistos de prismáticos… Poco cariño, de nuevo, para la hoguera de todos, para la que tendrá más visitantes, para una de las más caras de Alicante, para la que tendría que ser la carta de presentación cada mes de junio.
Y, ahora, el Centenario
Y a la vuelta de la esquina, el Centenario de las Hogueras. Y Espadero, que un poco en broma y un poco en serio ya le ha pedido a Barcala una placa con su nombre en la plaza del Ayuntamiento por su dilata carrera, ya ha anunciado que quiere poner el broche a su trayectoria firmando la Hoguera Oficial de 2028. ¿Qué va a hacer el gobierno municipal que salga de las urnas? ¿Mantendrá las actuales bases, donde la competitividad entre artistas es mínima ante la dificultad para cumplir el apartado de solvencia económica, lo que se traslada al resultado de cada obra?
Queda tiempo, pero cada vez menos. Y visto que desde hace años el resultado de cada 20 de junio no gusta en los despachos nobles del Ayuntamiento y, salvo algún toque, no se ha hecho nada para cambiar la tendencia, da la sensación de que aspirar a una Hoguera Oficial a la altura de los cien años es una utopía. No, no parece que se vaya a poner ningún cascabel al gato.
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