Los comentaristas de DAZN bromeaban sobre el fresquito que se sentía en el estadio At&T de Dallas, donde se disputaba el Países Bajos-Japón. Quizá haría falta una rebequita, decían. El aire acondicionado había rebajado la alta temperatura que se sentía en el exterior hasta el extremo de que un futbolista japonés optó por utilizar una camiseta de manga larga.
Aun así, el árbitro decretó una pausa de hidratación de tres minutos en cada parte, una imposición de la FIFA en todos los partidos de todos los recintos, climatizados o no. Vendida como una medida para proteger al jugador del calor, las críticas del mundo del fútbol se acumulan desde el inicio del Mundial. «El deporte rey está siendo estrangulado por la codicia», atizó el exjugador Thierry Henry desde su micrófono.
Vinicius y sus compañeros de Brasil, en la pausa de hidratación ante Marruecos. / MAURO PIMENTEL / AFP
La FIFA de Gianni Infantino ya alteró con Qatar las ligas de todo el mundo al situar en diciembre el campeonato de 2022; ahora altera el desarrollo mismo de los partidos. La resistencia a la lógica comercial que impera en los deportes norteamericanos se ha venido abajo. Ahora los encuentros tienen a la práctica cuatro cuartos, como en la NBA y la NFL. Y algunas cadenas de televisión aprovechan las nuevas interrupciones para ofrecer anuncios y rentabilizar mejor la inversión por los derechos de transmisión.
Mucho se ha comentado el caso del México-Corea del Sur, el partido inaugural. La Fox, que ostenta los derechos en EEUU en habla inglesa, conectó 40 segundos tarde tras una de las pausas. Y eso que desde el campo el árbitro, guiado por las consignas desde la banda de un asistente, hizo esperar a los jugadores a que se consumieran los tres minutos. Una alteración completa de la esencia del fútbol.
Klopp abre fuego
Jürgen Klopp, extécnico del Liverpool, sacaba fuego de la boca. «El fútbol está siendo tomado como rehén por ejecutivos en oficinas con aire acondicionado», criticó. «La Copa del Mundo es la catedral del fútbol. Sin embargo, a veces da la sensación de que la hemos convertido en un centro comercial donde la caja registradora recibe más respeto que el propio partido. Si este es el futuro, entonces el fútbol ya no está siendo interrumpido por los anuncios. El fútbol se está convirtiendo en la interrupción entre los anuncios».
No se ha quedado solo. Le secundaron antes Didier Deschamps, el seleccionador de Francia, y después Mauricio Pochettino, el de EEUU. «No me gusta. Solo me gusta cuando las condiciones son realmente extremas, pero cuando las condiciones son buenas, es innecesario», dijo tajante el argentino en la previa de su debut victorioso ante Paraguay. Deschamps pensó en las dinámicas de juego que se rompen. «Estas pausas cambian el fútbol… No importa el equipo, si está en un buen momento, tres minutos lo arruinan todo», expresó el francés.
Algunos jugadores, los supuestos beneficiados, también han mostrado su disgusto. Como Virgil Van Dijk, el capitán de Países Bajos: «Las pausas de hidratación son buenas para los anunciantes, pero a mí no me gustan. Y creo que los que ven los partidos por televisión, tampoco. No está bien. Si realmente hace mucho calor, entiendo que los haya. Tienen que mirar y analizar cada partido por separado. Creo que ya he dicho suficiente», dijo el defensa holandés.
Las pausas de hidratación existen desde hace años en condiciones climáticas hostiles. Empezaron a aplicarse en el Mundial de 2014 en Brasil. En la Liga son habituales en las primeras jornadas. Suele ser un minutito para engullir agua y de paso recibir unas instrucciones rápidas del entrenador. También se vieron en el último Mundial de Clubs, celebrado en EEUU. Casi siempre a criterio del colegiado. Pero al anunciar en marzo que estos parones serían obligatorios en todos los encuentros, y encima de tres minutos, la FIFA abrió una oportunidad de negocio enorme.
No todas las cadenas con derechos aprovechan la ventana. En España, RTVE no hace una explotación intensa. Tres anuncios y poco más. En EEUU, Telemundo, que retransmite los encuentros en español, no corta la emisión. Tampoco la BBC en Reino Unido. La Fox, en cambio, aprovecha cada segundo. La FIFA distribuyó pautas para gestionar esos cortes. Los anuncios no pueden empezar en los primeros 20 segundos tras el silbato del árbitro y la señal debe volver al partido más de 30 segundos antes de la reanudación. De esta manera, queda una hueco de dos minutos y diez segundos.
Alta rentabilidad
La Fox, que se saltó las instrucciones en el partido inaugural, pagó 485 millones de dólares por los derechos del torneo y estiman los expertos de publicidad que puede ingresar de 7 a 9 millones por encuentro en estos cortes. Multiplicado por los 104 partidos del calendario de este Mundial en el que cabe la ONU entera, eso arroja un total de 728 millones. Rentabilidad más que asegurada.
Mirando al futuro, el Mundial de 2030 se instalará en España, Portugal y Marruecos; en 2034, en Arabia Saudí. A la vista del tamaño del negocio abierto y la mentalidad de la FIFA actual, no cabe contar con que las críticas vayan a hacer mella en Infantino y los suyos. Si acaso, para elevar las pretensiones económicas a las cadenas de televisión por los derechos.
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