La 93/94 fue una de las temporadas más productivas en la carrera deportiva de Felipe Miñambres Fernández (Astorga, 29/4/1965). Ya venía destacando en el Tenerife, sobre todo a partir de su segunda campaña en el club blanquiazul, la 90/91. Pero en esa 93/94 alcanzó un punto de rendimiento superior, no solo por su participación en Primera División, con 32 partidos y cuatro goles, sino por sus números en la Copa de la UEFA, seis actuaciones y tres dianas en el emblemático Tenerife de Jorge Valdano y Ángel Cappa –inolvidable su ocurrencia de chutar a puerta desde casi el centro del campo para batir al portero del Olympiacos en El Pireo–. Por todo esto no sorprendió que fuera tenido en cuenta por Javier Clemente para la convocatoria de la selección española que disputó el Mundial de Estados Unidos de 1994.
En realidad, el actual presidente del Tenerife –ocupa el cargo desde el 2 de junio de 2025– ya había debutado antes con la Roja. Y no con Clemente en el banquillo. Su estreno se produjo en un amistoso ante Suiza celebrado en el Heliodoro Rodríguez López el 13 de diciembre de 1989. La llamada a la estrella blanquiazul fue un guiño del seleccionador Luis Suárez a la afición tinerfeña. Felipe, que fue el autor del gol del triunfo de la selección en su campo (2-1), sustituyó al exfutbolista del Atlético Manolo Sánchez en el tramo inicial de la primera parte. Aprovechó bien ese estreno, pero se quedó en eso.
El acercamiento de Felipe a la absoluta tardó en tener continuidad. Pero no por falta de respuesta. De hecho, el maragato se fue ganando la segunda citación a fuego lento y a base de un rendimiento al alcance de pocos en su demarcación, y dentro de uno de los equipos de moda en España, aquel Tenerife que se elevó con Valdano, Redondo y compañía.
Finalmente, con la selección ya clasificada para Estados Unidos 94 y por un proceso natural, Clemente empezó a citar a Felipe para los encuentros de preparación de la cita mundialista. La puerta se había abierto de par en par. Y Miñambres la cruzó para no volver atrás en ese momento crucial. Fue titular en los ensayos contra Portugal (2-2), Polonia (1-1) y Finlandia (1-2 con un gol suyo), y terminó entrando en la lista definitiva. Con él, los porteros Andoni Zubizarreta, Santi Cañizares y Julen Lopetegui; los defensas Albert Ferrer, Jorge Otero, Francisco Camarasa, Abelardo Fernández, Sergi Barjuan, Voro González,Rafa Alkorta y Miguel Ángel Nadal; los centrocampistas Fernando Hierro, Pep Guardiola, Julen Guerrero, Caminero, Luis Enrique, Jon Andoni Goikoetxea y José Mari Bakero; y los atacantes Txiki Beguiristain, Julio Salinas y Juanele –también perteneciente al Tenerife–.
A comienzos de junio de 1994, Felipe hizo la maleta para poner rumbo a Norteamérica. El dorsal número 16 de la selección ya era suyo. Ycon el 14, un jugador que había firmado hacía muy poco con el mismo club -el 10 de junio-, el asturiano Juan Castaño, Juanele.
El ahora dirigente blanquiazul tuvo sus primeros minutos en el encuentro inaugural de España. El adversario, una asequible Corea que salió respondona. El resultado, 2-2, con tantos de Julio Salinas y Jon Andoni Goikoetxea. Felipe accedió al campo a la hora de juego por Salinas y con un 2-0 que no hacía presagiar la reacción coreana. Dos goles en la etapa final evitaron el triunfo de la Roja en el Cotton Bowl de Dallas el 17 de junio.
En el segundo duelo subió el nivel. Ni más ni menos que contra Alemania, la favorita a liderar el grupo. El desenlace fue similar (1-1, Goikoetxea) en el Soldier Field de Chicago. Miñambres lo siguió desde el banquillo, esta vez sin participar. Sí lo hizo, y de entrada, el 27 de junio en el mismo escenario. España no podía fallar ante Bolivia y cumplió (1-3). Pep Guardiola, de penalti, y Caminero, con un doblete, allanaron el camino. Felipe puso de su parte, pero no llegó a completar el encuentro. Fue relevado en el intermedio por Hierro.
Ahí se terminó el Mundial para Miñambres en lo que a intervenciones se refiere -también su trayectoria como internacional-. A continuación asistió a la victoria de España frente a Suiza en los octavos de final (Hierro, Luis Enrique y Beguiristain), y a la dolorosa derrota ante Italia en cuartos (2-1 con un doblete de Baggio y el tanto español obra de Caminero). Para el recuerdo, triste, el claro codazo en la nariz de Tasotti a Luis Enrique dentro del área de Italia en el minuto 93, con la Roja intentado forzar la prórroga. El costarricense Rodrigo Badilla no señaló el penalti en medio de las quejas de un ensangrentado ‘Lucho’. Eran aquellos tiempos no existía el VAR.
Pasados los años, Miñambres guarda en la memora aquella experiencia como una de las principales de su fértil trayectoria como futbolista, iniciada como profesional en el Sporting y finalizada en el Tenerife en 1999 con solo 33 años –decidió colgar las botas para ayudar como técnico auxiliar en el intento de eludir el descenso a Segunda División del equipo isleño–.
«Cuando entras al campo en un Mundial y escuchas los himnos, tienes la sensación de que no eres tú el que lo está viviendo». Es una de las reflexiones que le vienen a la memoria al repasar lo sucedido en la competición desarrollada en Estados Unidos hace 32 años. «Contra Corea jugué un rato y después sí fui titular ante Bolivia», continúa dentro del testimonio compartido por Felipe en la serie Centenario de una pasión. «En ese momento tienes la sensación de que no eres tú, porque ves a tu alrededor a los jugadores que van habitualmente con la selección, y tú también estás ahí. Era como un sueño. Sonaba el himno en Chicago y era como si estuviera viviendo la vida de otro», describe el dirigente del Tenerife.
Pero esa nube se dispersa cuando el balón empieza a rodar, ya sea en un Mundial o en un amistoso. Ahí, la concentración se afila para tratar de superar al contrario. «Fue muy emotivo escuchar el himno y defender a España», insiste Miñambres, cuyo estreno como titular coincidió con el primer triunfo de España en ese Mundial. En el terreno de las sensaciones, sí echó en falta el «calor de la gente» en el día a día. «No tenías la impresión de estar en una competición de ese nivel porque casi no veías a aficionados. Nos dedicábamos a ir a una Universidad de Chicago en la que entrenábamos y a volver al hotel, y así no percibías nada de ambiente, solo el que te llegaba de los familiares de los jugadores que habían acompañado a la selección. Pero en el campo ya era otra cosa», repasa Felipe, que define como «algo increíble» el privilegio de estar dentro de un Mundial. «Fue algo que jamás había soñado», asegura.
La idea de hacer historia
Aquella era una selección que solía quedarse por debajo de las expectativas. El techo de los cuartos de final se había convertido casi en un trauma para jugadores y técnicos, y para la afición. Esa había sido la barrera insuperable en México 1986 –Bélgica fue mejor en la tanda de penaltis–. En Italia 1990, la despedida fue en octavos, frente a Yugoslavia. Daba la sensación de que había potencial para más. Y con esa mentalidad acudió Felipe a Estados Unidos. «Tenía en la cabeza la idea de que podíamos hacer historia y, al menos, pasar de cuartos y llegar a la semifinal, pero tuvimos la desgracia de perder ante Italia». Ese cruce fue todo un ejemplo de que la selección preparada por Clemente podía estar a la altura de una Italia que, no como ahora –lleva dos Mundiales seguidos sin participar y tampoco estará en el de este verano–, era una de las favoritas a levantar el trofeo. De hecho, se quedó a un paso al ceder ante Brasil en la tanda de penaltis.
Miñambres cuenta la anécdota del seguimiento que le hicieron los internacionales españoles al posible oponente en la ronda de cuartos de final. Asistieron todos como espectadores a la eliminatoria de octavos celebrada en Boston entre Italia y Nigeria. El ganador iba a ser el rival de España. La agenda provocó que los futbolistas de la Roja tuvieran que salir del recinto antes de que finalizara el partido. En ese momento, Nigeria iba por delante. «Quedaban unos pocos minutos e Italia perdía por 1-0. Nos marchamos pensando que los nigerianos corrían muchísimo. Luego nos enteramos que Italia había marcado el gol del empate y había remontado en la prórroga», continúa Felipe, que inició las vacaciones de ese verano con una «espinita clavada» por el injusto adiós España. «Por desgracia, no pudimos acceder a las semifinales y romper el maleficio de los cuartos, y esa es una espinta que te queda«, reconoce sin pasar por alto que la selección española siguió evolucionando hasta alcanzar la cumbre en Sudáfrica 2010 –victoria en la final ante Países Bajos con el gol de Andrés Iniesta–. «Nosotros formamos un buen equipo, pero los de 2010 fueron mucho mejores», destaca.
Lo que vino después
Miñambres siguió cinco temporadas más en activo. Después de un curso de ‘transición’ en el Tenerife, con Vicente Cantatore en el banquillo como puente entre la revolucionaria etapa liderada por Valdano y la obra maestra de Jupp Heynckes, Felipe disfrutó de tardes y noches históricas para el tinerfeñismo; el quinto puesto en Primera conquistado en 1996, con el Atlético, Valencia, Barcelona y Espanyol por delante y la segunda clasificación del club tinerfeño para disputar la Copa de la UEFA, y el aventura en esta competición continental a lo largo del ejercicio 96/97:primero cayó el Maccabi, luego el Lazio, a continuación el Feyenoord, más tarde el Brondby… pero no el Shchalke 0-4. Fue Felipe el autor del último gol del Tenerife en un partido con cartel europeo. El 8 de abril de 1997, con solo 6 minutos de juego consumidos, marcó de penalti delante del portero Jens Lehmann y con un Heliodoro abarrotado. El espíritu luchador del capitán guió ese día a un Tenerife que tuvo que resistir el tramo final con nueve futbolistas por las expulsiones de Ángel Manuel Vivar Dorado y Marcelo Ojeda. El equipo se salió con la suya. Venció por 1-0 y vio más cerca su pase al partido por el título. Pero en la vuelta no salió nada bien, o no lo suficientemente bien. La constancia del Schalke 04 y su pico y pala en Gelsenkirchen, con el juego aéreo como principal arma, frustraron a los tinerfeños. El equipo inició un declive a partir de ahí. Se escapó por los pelos del descenso a Segunda con una victoria en la última jornada de la Liga 97/98 ante el Valencia, pero no logró esquivar el fatal desenlace en 1999, ya con Felipe como ayudante de Valentín Jorge, Robi, en las últimas fechas. Ahora, en el cargo de presidente, seguirá otro Mundial como el suyo, esta vez como espectador.













