Francia es, vista la fase de grupos del Mundial, el claro favorito a ganar el Mundial. Si los galos conquistan esta Copa del mundo, se podrá decir categóricamente que será el primer Mundial ganado por África. La exuberancia física de esta Francia entierra las raíces de su explosividad y su fortaleza en lo más profundo del continente negro. En ningún sitio se ha maridado mejor el discernimiento táctico de la vieja Europa con el poderío físico africano que en Clairefontaine. España está construyendo su identidad futbolística sobre hijos de la globalidad como Lamine o Nico y otros como Inglaterra o Brasil no esconden ese latido tribal que dispara la prestación de su fútbol. Sin embargo, nadie ha alcanzado la excelencia de Francia a la hora de optimizar esa exuberancia.
Noruega elude a Suecia
La clasificación para los dieciseisavos ha sido celebrada por los noruegos como una gesta. Lo advirtió Haaland tras ganar a Senegal y lo constató Solbakken realizando diez cambios en el once el día que se jugaban el liderato de grupo con Francia. Desde la trinchera escandinava se dejaba claro que prefieren medirse a Costa de Marfil a afrontar un cruce lleno de morbo con sus vecinos suecos, quienes esperan a Mbappé y su cuadrilla.
Los franceses, sin embargo, no levantaron el pie del acelerador, hasta el punto de ver cómo Kylian estampaba un remate en el larguero a los veinte segundos. Sin Deschamps en el banquillo, por el fallecimiento de su madre, su ayudante Guy Stephan continuó la rotación en el medio dejando fuera a Rabiot y colocando a Tchouameni con Koné, quien a los tres minutos hizo trabajar al meta noruego. El gol llegó en el tercer aviso, una diagonal y un latigazo con la derecha de Dembelé. El partido fue un asedio con Francia abriendo el campo y Noruega tragando saliva en cada estampida rival. Mbappé, a un gol de Messi en la carrera de este copa del mundo y a dos en el global mundialista, era el centro de atención mientras Haaland lo veía desde el banquillo. Con Olise evidenciando que ha asumido con naturalidad el rol de Griezmann como pasador final, llegó el segundo. Corría el minuto 20 cuando Mbappé cruzó un pase para Dembelé, que esta vez dio la pincelada final con la izquierda. Fue apenas 35 segundos antes de que el elegante Aascard marcase tras el saque de centro regateando a Upamecano sin tocar la pelota. Primer disparo a puerta, primer gol para maquillar el monólogo. Y aún pondría el broche Dembelé con un tercero, otro zurdazo del Mosquito al palo largo de Selvik. El balón de Oro ejerciendo de tal.
La reanudación arrancó con un susto para los franceses, tras un ingenuo penalti de Lucas Hernández a Bobb en el que Maignan demostró su fama de ‘parapenaltis’ al abortar el lanzamiento de Strand Larsen, el ex delantero del Celta. Noruega desinhibida y sin presión, se animaba a pisar el campo de una Francia que se había contagiado del relax escandinavo bajando los brazos en la presión y permitiendo que la segunda parte fuese entretenida con más idas y venidas. El carrusel de cambios, en el que se confirmó que Solbbaken utilizó el partido para regalar a todos sus futbolistas su momento de gloria en un Mundial, frenó el ritmo de juego y acabó arruinando las esperanzas de Mbappé de acercarse a Messi en una tarde en la que el madridista se mostró ansioso y egoísta obsesionándose con buscar un gol que no terminó de llegar en un partido en el que Doué puso el colofón en el descuento (1-4).
Francia tendrá un camino tortuoso hasta la final en el que se enfrentará a Suecia para después verse las caras probablemente con Alemania, que se medirá a Paraguay. Si pasa ese cruce de octavos, en cuartos se mediría previsiblemente al ganador del cruce de dieciseisavos entre Países Bajos y Marruecos, que luego se enfrentará en octavos al vencedor del Sudáfrica-Canadá. Y si llega a semifinales podría jugar contra Portugal o España, los ‘cocos’ de la parte baja de su lado del cuadro.
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