La neutralidad española no dejó a Canarias al margen de la Primera Guerra Mundial. Las Islas sufrieron el conflicto en sus puertos y en su comercio exterior: el tráfico marítimo tardaría décadas en recuperar el volumen anterior. La guerra dejó además en el archipiélago historias difíciles de creer y bastante olvidadas. Una de ellas reúne a un corsario alemán, 199 prisioneros, un barco hundido a propósito y un capitán que acabó fugándose en Gran Canaria.
El barco era el SS Westburn, un vapor británico que transportaba carbón de Cardiff a Buenos Aires. El 8 de febrero de 1916 fue capturado en el Atlántico, a unas 500 millas de la costa de Brasil, por el Möwe, un buque corsario alemán. Los alemanes trasladaron a bordo a los prisioneros de otros cinco barcos atacados durante la misma campaña. El Westburn se convirtió así en una prisión flotante: 199 personas cruzaron el Atlántico retenidas a bordo hasta llegar a Canarias.
El 22 de febrero de 1916, el Westburn logró entrar en el puerto de Santa Cruz de Tenerife sin ser interceptado por los buques británicos que vigilaban la zona. Llegó sin bandera. Una vez a salvo en el puerto, izó la alemana para dejar claro que era una presa de guerra. Los británicos no podían apresarlo allí sin vulnerar el Convenio de La Haya de 1907.
Los 199 prisioneros desembarcaron en Santa Cruz y fueron liberados. En los días siguientes serían repatriados a sus países de origen. El barco apenas permaneció unas horas en el puerto. Los alemanes ni siquiera llegaron a informar de su paso al cónsul alemán en Tenerife.
El 23 de febrero sacaron el Westburn del puerto y lo llevaron hacia el norte, hasta situarlo frente a la playa de Las Gaviotas. Allí, después de abandonar el barco, lo hundieron con cargas explosivas. La voladura, hacia las cuatro de la tarde, fue contemplada desde tierra por numerosos curiosos, muchos de ellos germanófilos.
A la mañana siguiente, LA PROVINCIA tituló en portada: «Julio Verne en acción».
Fragmento de la portada de LA PROVINCIA del 24 de febrero de 1916, con la crónica titulada «Julio Verne en acción». / LP
Los prisioneros alemanes iban al teatro
En tierra quedaron siete alemanes: el capitán Reinhold Badewitz y los seis hombres enviados por el Möwe para conducir el Westburn hasta Canarias. Tras prestar declaración, fueron trasladados al destacamento de Artillería de Almeida. Era el destino lógico para quienes acababan de hundir un barco con explosivos en aguas españolas.
Sin embargo, más que prisioneros parecían invitados con vigilancia. Recibieron visitas, pasearon por La Orotava, fueron de excursión a Las Mercedes, asistieron a las fiestas de mayo, comieron en casas de familias alemanas y hasta acudieron al teatro. No consta que fueran al fútbol.
Los alemanes habían dado su palabra de honor de no escapar. Mientras la mantuvieron, disfrutaron de una libertad poco habitual. Las autoridades españolas tampoco tenían prisa por trasladarlos a Las Palmas porque las aguas entre Tenerife y Gran Canaria estaban patrulladas con frecuencia por buques británicos y preferían evitar cualquier incidente durante el trayecto.
La situación cambió cuando Badewitz retiró su palabra de honor. El capitán y el resto de la tripulación fueron enviados a Las Palmas a bordo del buque de guerra español Princesa de Asturias. Allí sí quedaron recluidos.
Badewitz tampoco pasó mucho tiempo en Gran Canaria. El 20 de agosto de 1916, aprovechó un descuido de la guardia y se fugó con ropa que unos visitantes le habían dejado en la celda. Todo demasiado oportuno para ser casual. Logró regresar a Alemania y volvió a embarcar en el Möwe durante una nueva campaña. Los demás permanecieron bajo custodia hasta ser repatriados en los años siguientes.

Los siete alemanes que condujeron el Westburn a Canarias, retratados como «Los héroes del Westburn». / LP/DLP
La bodega submarina de carbón
Casi tres décadas después, en plena posguerra, alguien volvió a acordarse del Westburn. Canarias necesitaba combustible y el pecio, hundido entre 32 y 36 metros bajo el mar, todavía guardaba casi 5.000 toneladas de carbón, según documentan los investigadores Alberto García Montes de Oca y José Miguel Rodríguez Illescas.
El carbón debía quedarse en Canarias para cubrir necesidades básicas, especialmente para que los pesqueros pudieran seguir saliendo a faenar. La Agrupación de Pescadores de Santa Cruz y la Casa Hamilton acordaron extraerlo. La compañía pondría los buzos, utilizaría sus almacenes como depósito y se encargaría de comercializarlo. La agrupación aportaría el resto del personal y los medios.
Parecía fácil. Había carbón, hacía falta carbón y el pecio estaba localizado. Luego llegaron las reclamaciones, las tasaciones y la burocracia.
El carbón se valoró inicialmente en 63,33 pesetas por tonelada. Sin embargo, el juez instructor que revisó el expediente concluyó que se trataba de carbón de Cardiff de gran calidad y elevó la tasación hasta las 400 pesetas, más de seis veces el precio inicial. Según sus cálculos, las primeras 600 toneladas extraídas debían valorarse en 240.000 pesetas, equivalentes hoy, teniendo en cuenta la inflación, a unos 250.000 euros. El informe calificó la dirección del salvamento de «descuidada, poco perita y ciega de codicia».
No solo se extrajo carbón. Del barco salieron también tuberías, piezas de valor y una campana de bronce que terminó en la ermita de San Andrés, donde todavía se conserva. Después se autorizó el uso de dinamita para abrirse paso hasta lo que aún quedaba en las bodegas.
Las disputas no terminaron con las primeras extracciones. Todavía quedaba carbón en el pecio y durante los años siguientes se discutió quién tenía derecho a seguir recuperándolo. También se debatió si podía considerarse un hallazgo un barco cuya ubicación siempre había sido conocida. El expediente no se cerró definitivamente hasta 1955.
Más de un siglo después del hundimiento, el Westburn sigue en el fondo frente a la costa de Tenerife. García Montes de Oca y Rodríguez Illescas advertían en 2018 de que algunos buceadores todavía se llevaban fragmentos de ese carbón como recuerdo. Pequeños restos de la Primera Guerra Mundial en Canarias.













