No dormir lo necesario o hacerlo de forma deficiente tiene un precio. No solo por las repercusiones en nuestra salud física y mental, sino también por sus consecuencias económicas. En España, la menor productividad causada por el insomnio resta cada año el 0,82% del PIB, lo que supone unos 12.000 millones de euros. Y el coste de los accidentes de tráfico vinculados a la falta de sueño supera esa cifra y alcanza el 1% del PIB, hasta los 16.000 millones de euros anuales.
Son cifras que ha puesto de relieve este año la Alianza por el Sueño, una plataforma que reúne a los principales actores (sociedades científicas, profesionales sanitarios, gestores, investigadores, asociaciones de pacientes y empresas) de las principales entidades de España vinculadas al estudio de un problema que parece enquistado en la sociedad.
Los datos sobre la calidad el sueño en España no son alentadores. Según el informe ‘Barómetro sobre trastornos del sueño 2026‘, elaborado a partir de una encuesta de la farmacéutica Takeda a 1.200 personas mayores de edad, el 38% de la población tiene problemas de sueño de forma recurrente, y un 19% reconoce sufrirlos ocasionalmente. Es decir, más de la mitad de los españoles (57%) experimenta dificultades relacionadas con el descanso.
La Alianza por el Sueño subraya que «casi una de cada dos personas» presenta «síntomas de insomnio». Y, según apuntaba el pasado año la Sociedad Española de Sueño (SES), representada también en la plataforma, se estima que un 10% de la población padece algún trastorno a la hora de dormir.
El ritmo propio del estilo la vida actual, el trabajo y el estrés, pero también el tiempo que dedicamos al ocio o el uso de las pantallas son algunos de los factores señalados por los especialistas como enemigos del tiempo y la calidad de nuestro sueño.
El impacto en la salud de un descanso insuficiente está ya ampliamente documentado. No descansar convenientemente no tiene solo efectos negativos en el estado de ánimo y la capacidad de concentración, sino que también puede elevar el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares, metabólicas o neurodegenerativas, así como trastornos mentales, como ha alertado ya la Sociedad Española del Sueño.
Todo eso conlleva, como subraya la Alianza por el Sueño, «implicaciones sociales, sanitarias y económicas». No se trata ya solo de una cuestión de salud individual, sino de un problema de bienestar colectivo al que se le puede poner números.
Una mujer consulta su teléfono móvil en la cama. / Shutterstock
El ‘Banco Nacional del Sueño’: las cifras de la falta de descanso
Para concienciar sobre la factura económica, estos expertos han lanzado la idea del ‘Banco Nacional del Sueño‘, una entidad ficticia que les permite traducir ese impacto en cifras concretas, apoyándose en estudios previos, como el informe ‘Carga social y económica del insomnio en adultos: Un estudio internacional’, del Instituto RAND Europe, donde se reflejan los 12.000 millones que España pierde cada año «por la caída de productividad asociada al insomnio». Se trataría de un golpe equiparable al de una «recesión sectorial».
Para poner cifras al coste económico de la siniestralidad vial, aún mayor -16.000 millones al año-, la Alianza del Sueño alude a los resultados de un estudio de la Fundación Instituto Tecnológico para la Seguridad Vial (Fitsa) y la Universidad Politécnica de Madrid, subrayando que, con datos de la Dirección General de Tráfico, el 30% de los accidentes graves están relacionados con la falta de descanso.
La onda expansiva alcanza también al sistema sanitario, a través del gasto en benzodiacepinas, los medicamentos más utilizados en los trastornos del sueño. La Alianza por el Sueño cifra en 100 millones de euros el gasto anual en estos fármacos. Además, su consumo puede originar nuevos problemas, como deterioro de la memoria, dependencia o, incluso, adicción.
















