Al momento en que uno no se deje arrastrar por el título y la situación coyuntural de la película How to divorce durring the war, comprenderá que el film de Andrius Blazevicius tan solo trata de una cosa: la complejidad de las relaciones humanas. Y lo hace con un cine sereno, tradicional, de escenas largas y apacibles.
El argumento se centra en la ruptura de una pareja, Marija y Vytas tras 14 años casada, pero en Lituania y en el momento en que Rusia invade Ucrania. En este ambiente se produce una triple conmoción. Primero, la personal porque él no comprende la decisión de ella y ella le lanza todo tipo de reproches con esa artillería del cerebro femenina caracterizada por una precisión milimétrica incapaz de ni siquiera emular el masculino.
Segundo, el conflicto político porque Lituania se encuentra en zona riesgo y la noticia inunda todos los sectores del país, incluido el empresarial, donde ella trabaja, con las consecuentes dimisiones por motivos éticos por la condescendencia a Rusia. Y tercero, el conflicto social porque ella recibe a una familia de refugiados ucranianos a los que tiene que darles puerta por sus comportamientos erráticos. La película muestra diferentes movilizaciones en contra de Putin con un protagonista que tiene como afición apedrear los cristales de los coches de los vecinos del este. Pero, insisto, todo esto son solo añadiduras a dos personas que tienen deseos, fantasía y tendencias sexuales irrefrenables que la relación de pareja no sólo no satisface sino que no hace más que empeorar. Pero analizado el filme de una manera amplia, la historia es solo un ejemplo más de la capacidad destructiva que sigue teniendo la gran pandemia de este siglo XXI: el narcisismo.
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