Las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF) han perpetrado ataques contra infraestructuras energéticas en Irán, en concreto, cuatro depósitos de crudo y un centro de transferencia de productos petrolíferos en las provincias de Teherán y Alborz, además de haber atacado una planta de desalinización de agua en la isla de Qeshm, en el golfo Pérsico, de la que dependen al menos 30 localidades para disponer de agua corriente.
Estos bombardeos contra la «infraestructura de energía» en Irán «abren una nueva y peligrosa fase» del conflicto, en palabras del portavoz del Ministerio de Exteriores en Irán, Esmaeil Baqaei, plasmadas en X. Baqaei ha acusado a los atacantes de iniciar una «guerra química» contra los iraníes que se extenderá fuera de las fronteras del país, según ha expresado, y que incurre en «crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad y genocidio, todo al mismo tiempo». Del mismo modo, Irán ha prometido responder de forma equivalente a estos ataques: Bahréin ya ha asegurado que drones iraníes han atacado una desalinizadora de agua, lo que ha hecho crecer los temores de que la línea roja de las infraestructuras civiles y de abastecimiento no puedan ser objetivos de ataques se haya traspasado sin retorno.
En ampliación













