Son tantas que las autoridades han perdido el control

Hace tiempo que el paisaje visual de Irán empezó a cambiar. De forma paulatina, los diferentes colores de los pañuelos que cubrían las cabezas de miles de mujeres dejaron de despuntar entre la multitud. Ahora sus melenas rubias, castañas o negras se dejan acariciar por el viento. También sus brazos al aire son besados por el sol. Las calles de Irán se han transformado poco a poco en un lugar menos hostil para las iraníes. Siempre había habido algunas que se atrevían a desafiar las leyes de vestimenta del régimen de los ayatolás, pero ahora cada vez son más. Algunos sitúan el origen de este cambio en una trágica jornada de hace cuatro años cuando la joven Mahsa Jina Amini murió tras ser detenida y torturada por no llevar bien puesto el velo islámico. Su pérdida desató una revolución.

Fuente