Jano Velasco es un exfutbolista español que desempeñó su carrera jugando de centrocampista en clubes como Rayo Majadahonda, Leganés, Sankt Pölten, Mattersburg o Fuenlabrada, antes de retirarse debido a una grave lesión de rodilla. Sin embargo, lejos de hundirse, supo reinventarse y actualmente se gana la vida en el mundo de la magia. Así, Magic Jano repasa para SPORT su trayectoria en dos ámbitos tan diferentes, sus retos para el futuro y sus grandes referentes.
Actualmente eres mago, pero antes llegaste a ser un futbolista profesional, jugaste en Austria, fuiste capitán y una lesión te obligó a dejarlo. ¿Recuerdas el momento exacto en el que asumiste que tu etapa en el fútbol había llegado a su fin?
Sí, fue aquí, en el Fuenlabrada, en Segunda División, en el primer partido de Liga contra el Tenerife, en casa, en la temporada 21-22, y no sé si fue en el minuto 60 y poco. Fue una acción normal: me tiré al suelo a coger un balón y, cuando me levanté, no podía correr. Y ahí ya empezó la película de la lesión. Tuve tres operaciones en seis meses. Como me lesioné en el primer partido de Liga, decidí intentarlo una vez, dos veces, tres veces, pero la recuperación de la tercera intervención, en marzo-abril, ya coincidía con el final de temporada y volví a recaer, y ahí ya no se podía hacer nada. Más o menos, en abril-mayo de 2022 fue cuando ya dije que se acabó.
Jano Velasco durante su etapa en el Fuenlabrada / C.F. Fuenlabrada
¿Qué fue más difícil para ti, aceptar que no ibas a poder volver a jugar o encontrar a qué ibas a dedicarte una vez el fútbol quedaba fuera de la ecuación?
Mentalizarme de que iba a dejar el fútbol. No es lo mismo dejarlo porque estás cansado, el cuerpo ya no te reacciona como antes o porque ya tienes una edad, que tener que dejarlo obligatoriamente. La verdad es que fue bastante complicado. Y luego, el buscar otra salida no lo tenía planteado. Hasta enero o febrero de 2023 no tenía ningún pensamiento de qué hacer. Fueron meses un poco complicados. Tenía un restaurante en Madrid, pero lo cerramos justo en verano de 2023, con lo cual se juntó un poco todo. Lo de la magia siempre lo he tenido ahí, pero no sé si fue en enero de 2023 cuando di el paso de decir: «Oye, pues empieza esto, a ver qué tal».
Antes de dar el salto al mundo de la magia, ¿llegaste a plantearte otra alternativa o la magia era una opción que tenías ahí bastante clara?
Yo siempre físicamente he estado muy bien, tenía en mente jugar hasta los 37, 38 o lo que pudiese. Además, también monté un par de restaurantes, pensé: «Monto negocios mientras tanto y así pues voy creando algo para cuando a lo mejor deje el fútbol». Pero justo el fútbol se acabó, los restaurantes fueron mal y se juntó un poco todo. Lo de la magia también se me dio de repente, tampoco lo busqué. A través de una persona que conocí por la negociación del traspaso del último local que tuvimos de restaurante, le conocí y me dijo: «Oye, tengo un restaurante donde hago shows. ¿Quieres venir los lunes?», y así emepzó un poco todo.
¿Qué cosas que aprendiste como futbolista puedes aplicar ahora en tu día a día como mago?
Son dos disciplinas muy distintas, pero en ambas hace falta mucha dedicación y mucho tiempo. Pero es verdad que el fútbol es muchísimo más físico y, sobre todo, es un tema también de cuidarte diariamente, comer muy bien, dormir… Aunque en la magia también hace falta. Por ejemplo, ayer tuve un show y el estrés fue brutal. Vienes de una semana de muchísimo trabajo, montar un show son 250.000 cosas en la cabeza, es un jaleo. Yo creo que las dos se pueden unir mucho en el tema mental. Hace falta estar mentalmente bien; si no, se te va la cabeza.
Ahora hablabas del tema mental y de la presión al organizar un show, ¿dónde dirías que hay más presión? ¿Antes de un partido importante o justo antes de un show que también puede ser muy importante?
A ver, yo por suerte soy un tío bastante frío en cuanto a eso, nunca me he puesto nervioso antes de un partido o de un show. He estado con compañeros de fútbol que era alucinante lo que tenían que hacer antes de salir al campo. Yo decía: «Tío, es imposible que jueguen bien así», estaban como agarrotados, nerviosísimos. Para mí era disfrutar. Sé que es un don, porque no todo el mundo es así, y con la magia igual.
Por ejemplo, ayer hubo un percance de última hora, tres minutos antes de salir al espectáculo, pero luego ya, una vez sales, es como que se acaba. En el fútbol podía estar bailando o cantando antes de que el árbitro pitase, que a mí me da igual, y en la magia, pues lo mismo.
¿Alguna vez has tenido que fingir en algún show que un truco había salido bien cuando, en realidad, había habido algún pequeño problema que te obligaba a improvisar?
Ayer, justo ayer. Mi hermano es el que me ayuda normalmente siempre en todos los shows y hay una base de trucos que suelo hacer siempre, aunque a veces le doy un giro. El truco que falló lo hemos hecho muchas veces y ayer hubo una cosa que no tenía que haber pasado, pero es verdad que se me ha dado muy bien siempre la improvisación, entonces pues salí muy bien de lo que pasó.
De hecho, cuando luego pregunté a mis padres, que saben un poco cómo funciona, me dijeron que no se habían dado cuenta. Pensaban que era parte del juego, ya que yo salí con muchas coñas y lo enlacé muy bien. Eso sí, en el momento que pasó miré a mi hermano con una cara de: «Ostras, la ha liado». Pero bueno, salí muy bien.
¿Qué dirías que es más importante para un mago, el juego de manos o saber leer a las personas y saber improvisar?
A ver, yo siempre digo que tienes que tener habilidad en las manos, porque si no hay cosas que no puedes hacer o no quedan bien visualmente, pero para mí la magia también es el don de gentes. El saber conectar con la gente. Un amigo mío me dijo: «Jano, es que tú tienes un humor a veces un poco ácido, pero conectas bien con la gente y no se lo toman a mal». Ese don de gentes yo creo que es muy importante, sobre todo a mí la improvisación me encanta.
Lo que pasa es que, si tienes el show estructurado, no puedes de repente hacer una cosa, pero si falla tienes que tener esa salida; si no, quedas bastante mal con 100 o 200 personas mirándote. Es complicado, pero a mí me sale de forma muy natural y parece que no ha pasado nada.
Has actuado para grandes celebridades como Marcelo, Marc Márquez o Ilia Topuria. ¿Qué es más difícil, sorprender a un gran público o a este tipo de personajes tan conocidos?
A ver, sorprender a una celebridad, a un famoso, al final es una persona. No porque sea Marcelo o Topuria, que son mundialmente conocidísimos, es distinto. Sienten y padecen igual que todos los demás. Yo creo que la barrera un poco limitante que puede haber es que tú, como persona, te pongas nervioso al hacer magia a una persona conocida, pero como a mí eso me da igual, le entro como si le hiciera magia a una persona que no conozco.
Hacer magia de cerca es más fácil en cuanto a que tú puedes controlar todo. Al final, en un grupito, yo sé que les puedo hacer mirar para allá cuando quiero, llevo un poco la batuta. Cuando hay gente en un escenario, es más difícil, porque al final el grado de visión de la gente es muy amplio.
¿Quiénes han sido tus grandes referentes en el mundo de la magia y en el mundo del fútbol?
En el mundo del fútbol, mi ídolo indiscutible ha sido Zidane. Para mí era una gozada, eso sí que era magia. Ronaldinho es verdad que también me encantaba, pero para mí Zidane, por la elegancia, me gustaba mucho. En el campo me sentía un poco identificado con eso. Y luego, en la magia, referentes míos españoles, Tamariz y Jorge Blas, que son, además, los dos con los que cuando empecé estaban súper mega de moda. Jorge Blas estaba empezando en ese momento, pero se hizo súper famoso. Y Tamariz, pues es un referente. De hecho, ayer actué en la Sala Galileo y la primera vez que fui a la Sala Galileo a ver a un mago en mi vida, con mis abuelos, tenía ya a lo mejor 15, 16 años, fue a ver a Tamariz. Y como falleció hace un mes, ayer hice un truquito que hacía él siempre con las cartas en su honor, porque me parecía un detallito chulo.
Y luego, a nivel internacional, pues Copperfield, que además me acuerdo que en el 98 hizo una gira mundial y mis padres me llevaron a verle al WiZink Center de sorpresa y me flipó. Y otro es David Blaine, que es un mago más callejero.

Ronaldinho y Zidane durante un Clásico / EFE
¿Qué crees que te respondería el Jano Velasco de hace unos años, en su carrera deportiva, si pudieras hablar con él y le dijeras a qué te dedicas ahora? ¿Hasta qué punto crees que le sorprendería?
Sorprenderle como tal no le sorprendería mucho, porque siempre es una cosa que le ha gustado mucho y no se le ha dado mal. Lo que sí que a lo mejor le sorprendería es lo que está consiguiendo a día de hoy. O sea, tan rápido, en tan poco tiempo. Es verdad que hay un curro detrás bastante importante. Yo creo que eso es lo que más le podría sorprender al Jano. Es verdad que yo voy ahí a toda leche, pero a veces miro para atrás y digo: «Joder, tío, es que has hecho cosas bastante potentes para el poco tiempo que llevas».
¿Crees que, si nunca te hubieras lesionado, hoy serías más feliz o estás satisfecho con lo que te ha deparado la vida?
Yo creo que las cosas pasan por algo. Es verdad que me hubiese gustado acabar bien en el fútbol, sobre todo porque a día de hoy la rodilla la tengo destrozada. Si llegase a seguir jugando al fútbol ahora mismo, con 39, pues a lo mejor seguiría en algún equipo y sería feliz, seguramente. Pero como creo que las cosas pasan por algo, más feliz no puedo estar a día de hoy, porque encima me estoy dedicando a otra cosa, que es un hobby mío también, como el fútbol. Si me dices hace 30 años que me va a pasar así, pues lo firmaría seguramente.
¿Qué dirías que es lo mejor y lo peor de ser mago? ¿Y lo mejor y lo peor de ser futbolista?
Lo peor de ser futbolista es el sacrificio que conlleva. Yo es verdad que empecé a jugar al fútbol a los 18 o 19, que es tardísimo, más allá de que he jugado en el colegio toda mi vida con mis amigos. Lo que te puedes llegar a perder, o lo que te pierdes realmente de tu vida, ya sean viajes, cumpleaños, bodas… Son cosas muy especiales que solo pasan una vez en la vida, y eso con el fútbol te lo pierdes. Al final, tus amigos se van de fiesta y tú no puedes porque tienes que estar en casa.
La parte buena es que, si te gusta algo y lo consigues, como yo, está muy bien. O sea, puedes jugar mucho más arriba, obviamente, pero yo, con lo que he conseguido en el fútbol, sobre todo empezando tan tarde, pues me parece espectacular. Y, sobre todo, a raíz de irme a Austria, estuve ahí mucho tiempo y ahí cambié totalmente como persona y como futbolista. El poder jugar aquí en Segunda División, que nunca había jugado en España, me parece brutal.
Lo bueno de la magia, igual que el fútbol, es que para mí no es un trabajo. Yo es que me lo paso genial, conozco muchísima gente, me encanta, viajo, voy a un sitio, voy a otro, me encanta interactuar, socializar, con lo cual es que me sale solo. Es verdad que tienes mucho trabajo detrás, con 30 años ya, mucha preparación, depende del evento, de lo que montes, pero la parte mala, aunque no es mala, es que te tienes que estar innovando cada X tiempo, tienes que ir haciendo cosas nuevas, tienes que ir preparándote y formándote también.
Después de haber vivido esta reinvención en tu vida, no sé si te atreves a lanzar un pronóstico de cómo te ves dentro de 10 años…
Ojalá siga con la magia y tenga un espectáculo brutal en un teatro. Ojalá poder seguir haciendo lo que me gusta, y si por lo que sea cambia la vida otra vez, pues tendré que reinventarme por tercera, segunda, cuarta vez, que no pasa nada. En 10 años ya tendré casi 50, pero sí que me veo siguiendo con todo el tema de eventos, bodas. Es verdad que mi objetivo final es tener un show más grande, tipo Mago Pop, Jorge Blas, en un teatro chulo. Como algo más diario o por semana, a lo mejor llega en dos años, en un año, en tres, pero ese es el objetivo.
Muchas gracias por compartir estos minutos con nosotros. Para cerrar, ¿hay algún mensaje, reflexión o aspecto que te gustaría añadir antes de despedirnos?
Muchas gracias a vosotros por el tiempo, por cierto el 15 de noviembre tengo otro show en la Sala Galileo, por si alguien quiere pasarse. Ha sido un placer y muchísimas gracias de nuevo.













