La Monumental, como prometían los organizadores de Madring y anticipaban los propios pilotos, en efecto impresiona. El camión que transporta a la prensa en la visita guiada al circuito, que le confiere a la experiencia una cierta reminiscencia a estar sobre una carroza o una discomóvil portátil en unas fiestas de pueblo, se inclina irremediablemente cuando llega al comienzo de la joya de la corona.
Esa curva semicircular de 550 metros parece, en realidad, el codo de un gigantesco velódromo. Hay quien juega, con los pies sobre el asfalto, a dejar caer una botella de agua desde lo más alto del peralte del 24%, tan salvaje que hasta Carlos Sainz se ha mostrado sorprendido de que la FIA lo haya autorizado. Pero adelante con ello, es puro ‘show’. De eso va todo esto, claro. La enorme noria que corona la vista ejerce de fiel testigo.
La noria de Madring. / AFP7 vía Europa Press
El carácter urbano (o semiurbano, como se prefiera, tanto da) de Madring dibuja paisajes heterodoroxos alrededor de la pista. Todo arranca en lo que suele ser la entrada a los pabellones de IFEMA, lo que llama poderosamente la atención a quien haya visitado alguna vez este lugar. ¿Quién no es Madrid? Lo que siempre es parking ahora es una recta de meta rodeada de gradas y de boxes.
Mercedes, Red Bull y Gordon Ramsay
Entre ellos, entre el de Mercedes y el de Red Bull, un restaurante de Gordon Ramsay, el mediático cocinero británico que inspiró tantos y tantos ‘gastroshows’ televisivos y que está presente a través de sus negocios en varios circuitos del calendario. Allí no puede entrar cualquiera, claro. Como en gran parte de los espacios del circuito, reservados para ‘vips’ y poseedores de entradas con un coste mínimo de cuatro cifras.
Nada han pagado por la F1 los vecinos del barrio de Las Cárcavas, cuyas viviendas se observan desde la pista. Tampoco los de viviendas cercanas del distrito de Hortaleza. «A mí me sacaron de la cama con el ruido cuando hicieron los ‘test'», comenta un periodista-vecino sobre el camión de la visita, que teme esa parte del fin de semana.

La primera curva del circuito está presidida por una enorme bandera de España. / AFP7 vía Europa Press
Tampoco ha pagado, y se intuye de hecho que habrá cobrado, el dueño de la gasolinera que está a centímetros de la pista. Está obviamente cerrada, pero conserva en reglamentario cartel de precios activo. Con un poco de suerte, algún plano televisivo le dará publicidad gratuita a lo largo del fin de semana.
Cervezas a siete euros
Publicidad pagada no falta, claro. En cada esquina del circuito y en cada recoveco de las amplias, numerosas y variadas zonas ‘vip’, ‘hospitalities’ y ‘fan zone’ con cervezas a siete euros la unidad que rodean todo el circuito. También el ‘pit lane’, abierto de par en par en este jueves que, sin actividad real en la pista, todos aprovechan para tomar contacto con el que será, desde este año y hasta 2035, el nuevo escenario del GP de España.

Vista del ‘pit lane’, con el ‘box’ de Fernando Alonso en primer plano. / DPA vía Europa Press
Son las 10.00 de la mañana y los mecánicos apuran, ante miradas curiosas a las que ya están más que acostumbrados, la puesta a punto de los monoplazas, mientras los pilotos están a otras cosas, entre ellas preparando las ruedas de prensa que ofrecerán un rato después. Lo primero que verán cuando salgan de su ‘box’ al volante será, en la primera curva, una bandera de España gigante. La más grande del país, afirman los organizadores del Gran Premio.
Alrededor de todo el circuito se observan todavía operarios ultimando los últimos detalles, mientras en el exterior se acumulan los empleados de seguridad que guían a los visitantes por este laberinto de pabellones, rutas habituales cortadas y otras normalmente cerradas y habilitadas para la ocasión. Aún es jueves, las gradas están cerradas, y el tráfico es todo lo tolerable que permite una ciudad como Madrid. A partir de mañana, será otra historia.
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