Pedro Sánchez reflexiona este fin de semana sobre si debe convocar elecciones o no.
Dice la prensa oficialista que quiere “escuchar a la calle” antes de tomar una decisión sobre su futuro en La Moncloa.
Esto es lo mismo que decir que quiere esperar a ver cómo transcurren las manifestaciones en Madrid contra el PP, Vox y Junts por ‘tumbar’ los decretos de vivienda.
Es decir, que el futuro del Gobierno depende del nivel de decibelios que logre en el sonómetro este sábado la líder del sindicato de inquilinas, Alicia del Río.
Pero esto no deja de ser una nueva ficción de Producciones Moncloa. Su objetivo es el de alimentar aún más la leyenda de Sánchez: el líder, el estratega, el hombre de las tácticas, el mago capaz de dar la vuelta a las encuestas.
Lo que pasa es que cuando uno tiene un Manual de resistencia y lo manosea una y otra vez durante ocho años, el público ya se conoce los trucos.
Nadie duda ya de que el caso Maricarmen, que ha desatado toda esta crisis, no deja de ser la última cortina de humo para tapar los auténticos problemas que asfixian a Sánchez: la corrupción y Ceuta, a la que los medios oficialistas han sepultado en el interior de sus páginas.
«Sánchez espera a ver cómo transcurren las manifestaciones contra el PP por la vivienda antes de decidir si convoca o no elecciones»
Pero como la realidad es tozuda, Ceuta emergía de nuevo este viernes para contraponer la realidad a la estrategia política.
Lo hacía en el Foro La Toja ante empresarios, políticos, académicos, pensadores de izquierda y derecha, de la mano de Kissy Chandirimani.
La consejera de Hacienda del Gobierno ceutí explicaba que “Ceuta quiere saber la verdad, porque sólo a partir de ahí se podrá recuperar la confianza”.
Lo hacía ante un auditorio que se estremecía a medida que escuchaba a la consejera explicar que era incapaz de entender que a sus 47 años no puede volver sola a casa, tiene que llevar un bote de gas pimienta en el bolso y no puede salir a tomar una cerveza al terminar de trabajar.
Y no puede hacerlo porque, en contra de lo que dice el Gobierno, ella, al igual que el resto de los ceutíes, se siente “invadida”. “No es inseguridad subjetiva”, señalaba.
Porque no puede disfrutar de los espacios públicos, porque los niños van con militares al colegio… Porque “mis derechos han sido vulnerados”.
Un relato que puso en pie en varias ocasiones al auditorio, que ovacionaba a Chandirimani según iba explicando la realidad de Ceuta.
La consejera de Hacienda reclamaba explicaciones y exigía también saber “cuál fue el papel de las instituciones españolas durante la invasión y cuál fue el papel de Marruecos durante todos esos días”.
Ceuta quiere saber la verdad de lo ocurrido en la invasión
Fue una conversación breve pero intensa que hizo despertar a los asistentes a un foro cuya charla en los corrillos estaba centrada en la más que posible convocatoria electoral.
Todo un punto de inflexión que puso fin a la ficción de Producciones Moncloa e hizo volver a los asistentes al mundo real.
A recordar que en España, en la frontera de Europa con Marruecos, “los ceutíes llevamos seiscientos años defendiendo la bandera y no la vamos a dejar caer ahora”.
Pero para que puedan hacerlo requieren el compromiso de todos. Gobierno incluido.













