Nacho Puig Aubeyzon, barcelonés de 32 años, fundó la ONG Bahadur Social Project, dedicada a la ayuda de las comunidades indígenas Chepang de Nepal, formadas por unas 70.000 personas. Sus proyectos están en Gorkha y Dhading, zonas devastadas por la reciente riada de barro, rocas y piedras. Atiende a EL PERIÓICO por teléfono desde la ciudad de Pokhara, en el centro del país.
Sólo un golpe de suerte ha evitado que estuviera usted ahí cuando ocurrió la tragedia.
Nosotros estábamos en esa zona supervisando nuestros proyectos y a última hora decidimos adelantar nuestra marcha. Salimos de noche y por la mañana empezamos a recibir mensajes y videos por Whatsapp de nuestros trabajadores sobre las inundaciones, con los puentes colgantes ya desaparecidos, los camiones volcados y las casas cubiertas de lodo. La gente está impactada. Muchas familias quedaron separadas a uno y otro lado del río y no han podido reunirse aún. Todos mis trabajadores están sanos, aunque aislados, con luz muy inestable. Con algunos que han perdido las viviendas, en cambio, no he podido contactar aún. No puedes salir ni entrar porque, aunque las carreteras no están del todo destrozadas, sí lo están los puentes por los que accedes a ellas. También han caído los puentes de cemento por los que circulaban los camiones.
¿Cuál es el ambiente?
Sobre todo de incertidumbre. Lo más importante es salvar la vida pero las familias necesitan cruzar el río para abastecerse o cultivar sus tierras, los niños también necesitan los puentes para ir a la escuela. Los destrozos son tan grandes que no sabemos cuánto tiempo necesitará la reconstrucción. Las pérdidas actuales son enormes pero lo más duro vendrá después. Familias que ya estaban en una situación muy vulnerable la verán agravada hasta el medio o largo plazo. Algunos tienen unos ingresos de 700 euros anuales, es decir, dos euros diarios. Tanto la electricidad como el agua son inestables ya en condiciones normales. Yo me solía duchar en el río. Son zonas muy remotas en las que incluso es difícil conseguir lo más elemental. Viven al límite pero creo que sobrevivirán. Son gente maravillosa, ya lo vimos durante el covid: si uno no tiene comida, el vecino comparte la suya.
¿Y las consecuencias sociales?
Los niños no podrán ir a la escuela y eso agravará una problemática ya asentada contra la que estamos luchando como el trabajo infantil, los matrimonios infantiles o los embarazos de adolescentes. El problema no es el impacto inmediato sino las perspectivas de futuro. Años atrás ya hubo importantes destrozos con un desbordamiento pero no fueron tan graves como los actuales. Este es un país pobre con infraestructuras precarias. Los puentes se construyen con materiales deficientes, las reparaciones de las carreteras son malas… No se toman decisiones a largo plazo.
Sorprenden esos asentamientos en el curso de ríos cuando el calentamiento global ha aumentado la frecuencia de desbordamientos.
Algunos pueden construir sus viviendas en lo alto de la montaña, pero no todos. Las comunidades chepang eran nómadas una o dos generaciones atrás y el Gobierno se esforzó en asentarlas. Pero les dio zonas remotas, las únicas que había disponibles. Si viven al lado del río es porque carecen de alternativa.
¿A qué se dedica su ONG?
Viví en Nepal durante siete años y en 2024 regresé a Barcelona para dedicarme a su administración y a fomentar las donaciones para sufragar los proyectos. Los Chepang viven en junglas, sin apenas escuelas ni hospitales. Luchamos contra el trabajo infantil y fomentamos la escolarización con clases de refuerzo y becas para internados. También tenemos programas de empoderamiento de la mujer, igualdad de género y salud reproductiva. E intentamos que maximicen sus ingresos en la agricultura, donde está empleada la mayoría de la población. Si una familia conseguía 10, que consiga 15 y pueda invertir esa diferencia en la educación de sus hijos.
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