El frenético día a día es, en muchas ocasiones, el gran enemigo de nuestros hábitos de alimentación. Desayunamos un café rápido, almorzamos frente a la pantalla del ordenador, comemos un tupper no muy cuidado y cenamos lo primero que cogemos en la nevera antes de desplomarnos en el sofá. Y el resultado de todo esto es un drama para nuestro organismo, que sufre unas digestiones de todo menos agradables.
Por ello, la web de la Fundación Española del Aparato Digestivo (FEAD) nos da unas recomendaciones con un tono clínico acerca de qué comer, cómo y cuándo para recuperar una relación lógica con la comida y tener una salud alimentaria lo más cuidada posible. No se trata de convertirnos en ‘talibanes’ de lo verde, sino de entender que nuestro sistema digestivo es el motor del cuerpo, y como tal, necesita un combustible decente y un mantenimiento regular.
La cruda realidad del picoteo y el ultraprocesado
Estamos rodeados de tentaciones diseñadas en laboratorios para que no podamos parar de comer. El problema es que esos productos (cargados de grasas trans, azúcares refinados y una lista de aditivos que parece el inventario de una fábrica química) son el mayor enemigo de nuestra microbiota, y cuando basamos nuestra dieta en ellos, estamos enviando a nuestro intestino a una batalla que no puede ganar solo.
El aceite de oliva virgen extra es un aliado fundamental para seguir la dieta mediterránea. / Shutterstock
La clave, según los expertos, es retornar a lo más básico: la dieta mediterránea, pero no en la versión de pizza y pasta que nos venden en ocasiones y que no deja de ser una carga innecesaria de hidratos, sino mediterránea de verdad, aquella que prioriza el aceite de oliva virgen extra (con pan, ensaladas, guisos y aliños), las legumbres (2-3 veces por semana), la fruta de temporada y especialmente la variedad en los alimentos.
Las reglas de oro
Si eres de los que les da pereza leer farragosos manuales de nutrición, en las siguientes líneas te presentamos un resumen conciso de las recomendaciones de hábitos saludables de la Fundación Española del Aparato Digestivo.
- Cinco al día, el número mágico. No es un eslogan vacío. Repartir las ingestas en cinco tomas ayuda a evitar los picos de glucosa, y lo más importante, impide que llegues a la hora de las comidas con un hambre voraz. Y si en las cinco tomas incluyes una ración de fruta o verdura, mucho mejor (te pueden ayudar snacks como palitos de zanahoria, tomatitos Cherry o pepinos baby).
- La fibra, la gran olvidada. Come fruta, verdura, hortalizas y cereales integrales (pan, arroz, avena, pastas…). La fibra mantiene nuestro cuerpo en movimiento y alimenta a las bacterias ‘buenas’ para que todo esté en orden.
- Hidrátate, lo más importante. Bebe agua, bastante agua, rondando los dos litros al día. Es la bebida más fácilmente accesible y no contiene ni calorías ni azúcares. No la sustituyas por refrescos (ni siquiera ‘zero’) ni zumos industriales. El agua es tu mejor aliada.
- Sí a las grasas ‘buenas’, no a las ‘malas’. Olvídate de la bollería industrial y come más frutos secos, aceite de oliva y pescado azul. Tu corazón y tus arterias te lo agradecerán a largo plazo.

Las verduras y el pescado azul te ayudarán a controlar las grasas y otros aspectos fundamentales de tu alimentación. / Shutterstock
- Planifica tu visita al supermercado. Hazte listas de la compra y no vayas en momentos en los que tengas hambre. Evitarás coger alimentos menos sanos o que no necesitas.
- El ritual de comer. Quizá no encaja mucho con nuestros hábitos frenéticos de hoy en día, pero si te concentras en comer sentado, sin prisas ni pantallas, disfrutando de los sabores y masticando adecuadamente (unas 20 veces por bocado), estarás poniendo los cimientos para una digestión adecuada.
- Cocina con sentido. Prioriza los alimentos al vapor, a la plancha o al horno por encima de los fritos y rebozados, ya que de este modo evitarás ingerir calorías vacías y te enfocarás en darle a tu cuerpo los nutrientes reales.
- Realiza actividad física. La alimentación es una premisa muy importante para tu salud, pero si lo combinas con ejercicio, aunque sea moderado (pasear, bicicleta, nadar…) tu organismo tendrá unas bases mucho más sólidas.
Conclusión: cambia el chip, tu bienestar empieza en el plato
En definitiva, no hace falta volvernos locos contando calorías ni pesando cada gramo de cada alimento que vayamos a comer. La salud digestiva es más una cuestión de sentido común, aunque parezca que lo hayamos perdido por las prisas, la inmediatez y la comida basura.
Los consejos básicos para una buena salud digestiva serían volver a cocinar, mirar las etiquetas de lo que compramos y entender que, principalmente, somos lo que absorbemos.

Cena bien, sin prisas, masticando adecuadamente… y dejando el móvil lejos para evitar distracciones innecesarias. / Shutterstock
En el día a día, si empiezas por cambiar los ultraprocesados del almuerzo por una pieza de fruta y te obligas a dejar el móvil lejos mientras cenas, ya habrás hecho más por tu salud que siguiendo cualquier «dieta milagro» de las que proliferan en Instagram o TikTok.
Si conseguimos frenar el ritmo de vida actual para dedicarle a la comida el tiempo que nuestra salud necesita estaremos ganando la batalla y podremos presumir de una salud a prueba de bombas durante muchos más años de nuestra vida.
Fuente: El Correo de Andalucía










