Mallorca está aumentando la demanda de personas que visitan la isla para despedir a sus familiares y allegados con una ceremonia en alta mar. El 80 % son españoles y, el resto, extranjeros. “Estamos en un momento en el que los funerales se diseñan cada vez más como un homenaje a la vida del fallecido y existen más opciones para reflejar quién era esa persona”, explica María Hermida, portavoz de Pazy, y que junto a Cenizas Mediterráneo organizan estas experiencias desde el Port Cala Nova en Palma.
Último adiós en la naturaleza
Cada vez son más las personas que quieren que su última despedida se celebre rodeado de naturaleza y en la más estricta intimidad. Buscan lugares diferentes y con más vida para rememorar lo que fue aquella persona más que el habitual nicho en un cementerio. De allí parte exactamente esta idea: “Antes había un luto y ahora hay un homenaje”.
No solo son las familias quienes deciden las ubicaciones a contrarreloj, sino que también hay más personas en un rango entre 60-70 años que organizan en vida su último adiós. “Dejar por escrito qué queremos que ocurra con nuestras cenizas, la música o el tipo de ceremonia evita dudas y descarga a la familia de una responsabilidad emocional enorme en un momento especialmente complicado”, apunta Hermida.
Precios y duración de la ceremonia
Es una ceremonia que oscila entre los 360 hasta los 600 euros y que, en el barco, la capacidad oscila entre las diez y quince personas. “Son muy privadas”, subraya Hermida. Suele durar una hora y media y comienza con una sucesión de imágenes proyectadas. “Durante el trayecto se recuerda la vida del fallecido. Se llega a un área restringida donde se tiran los pétalos, se escucha alguna canción especial se depositan las cenizas, incluso hay un brindis de cava, y se dedican algunas palabras. Luego se llega al puerto otra vez”, asegura Hermida.
“El momento más emotivo suele ser cuando ponemos la música preferida del fallecido”, afirma Albert Vidal, portavoz de Cenizas Mediterráneo, que también señala que cada familia incorpora elementos propios para convertir la salida en un recuerdo personal. “En alguna ocasión, incluso la aparición inesperada de delfines durante la travesía ha terminado formando parte de la ceremonia”, recuerda.
Condiciones de la urna
La urna tiene que ser biodegradable y las cenizas deben permanecer dentro. Está hecha de un material de barro o sal o una combinación de ambos. No flotan, sino que se van al fondo del mar, aunque muchas personas lo realizan de una manera ilegal. “La gente piensa que está prohibido depositar las cenizas en el mar, pero con las autorizaciones correspondientes de Capitanía Marítima, que indican dónde puede hacerse y cómo debe realizarse el servicio, sí es posible. Nunca se pueden tirar ramos completos, tallos, coronas u objetos personales”, detalla Albert Vidal.
La temporada alta de este tipo de despedidas se concentra entre mayo y agosto, cuando se realizan más del 80 % de las ceremonias de todo el año. Muchas de las familias que recurren a este servicio ni siquiera residen en Mallorca, sino que se desplazan hasta la isla para depositar las cenizas de una persona que mantenía un vínculo especial con el Mediterráneo.
Tendencia al alza en Mallorca
No siempre, sin embargo, se puede cumplir con la fecha prevista. El estado del mar es determinante y es el capitán de la embarcación quien debe decidir antes de zarpar si las condiciones son seguras. Cuando el Mediterráneo no está en calma y no se puede garantizar la seguridad y comodidad de los asistentes, la ceremonia se aplaza hasta otro día.
Una tendencia que también se refleja en las cifras de Cenizas Mediterráneo en el conjunto de su actividad. La compañía realizó 440 servicios en 2024 y 585 en 2025, y durante este 2026 esperan superar de nuevo estos registros. Un crecimiento que muestra cómo estas despedidas en plena naturaleza ganan terreno frente a las opciones funerarias más tradicionales.
Suscríbete para seguir leyendo

















