Queda un mes para que tenga lugar la gala número 78 de los Emmy. HBO Max y Apple TV son las grandes protagonistas de esta edición, con 122 y 89 candidaturas respectivamente, más que ninguna otra plataforma competidora. La balanza está inclinada claramente hacia HBO Max, pero, con independencia de quién se lleve más premios en septiembre, las cifras sugieren un cambio en la percepción que el público tiene de ambas compañías. HBO Max se ha alejado ligeramente del elemento autoral en su producción. Apple TV, por el contrario, ha decidido ir a por todas en ese nicho. La consecuencia ha sido una bifurcación en la denominada televisión de prestigio: la de la calidad más comercial, en la que HBO Max se ha hecho particularmente fuerte, y la del público especializado y ‘cultureta’, en el que Apple parece moverse como pez en el agua.
HBO Max sigue teniendo un contenido extraordinario. The Pitt, el buque insignia de este año, ha conseguido algo particularmente difícil: seducir e innovar narrativamente con una serie de médicos. Pero hay algo en ella que la aleja de programas como Los Soprano, The Wire o, incluso, Juego de tronos. Esa pátina de televisión de calidad, exigente, incómoda e innovadora que convertía cada emisión en una ventana a un universo completamente nuevo. En los últimos años, en paralelo a sus idas y venidas empresariales, HBO ha decidido apostar por una estrategia más diversificada, en beneficio de series más directas y menos experimentales, cosa que le ha permitido ampliar el público objetivo. Esta reducción en series de nicho o de alto riesgo en favor de franquicias o secuelas, como The last of us o House of the dragon, son perfecto ejemplo de una programación accesible para un público más generalista a costa de salirse del guion al que nos tenía acostumbrados.
En un mercado tan saturado como el del entretenimiento en streaming, todo espacio que queda libre tiende a ser ocupado. Eso ha sido, precisamente, lo que ha hecho Apple TV. Adueñarse, estreno a estreno, del mantra de la calidad sobre la cantidad. Sí, esta plataforma tiene menos años de recorrido y un catálogo mucho más reducido, pero se nota que ha sido seleccionado con cuidado, con producciones de presupuesto considerable y propuestas narrativas arriesgadas.
Cualquiera que haya visto la distopía marciana Pluribus o la comedia de terror Widow’s Bay (los dos grandes contendientes en los Emmy de este año) sabe perfectamente que no son series sencillas. Su complejidad y originalidad conectan con un tipo de espectador peculiar, dotado de la suficiente paciencia como para seguir viendo, aunque algunas cosas no tengan sentido precisamente porque aprecia esa bocanada de aire fresco que representan las historias a las que uno no está acostumbrado. Y lo mismo cabe decir de otros títulos como Severance, Slow Horses o The Studio. Esto es lo que ha hecho de Apple TV un destino predilecto para creadores y actores de renombre, lo que ha elevado todavía más esa aura de prestigio que HBO parece que ha querido dejar parcialmente vacante.
Pero el prestigio no paga las facturas. Los premios, sin duda, son importantes, pero para un servicio de streaming tener suscriptores lo es todavía más. Estratégicamente, por tanto, la fórmula de HBO es más inteligente en el mercado actual, ya que se dirige a un segmento de audiencia más amplio. Sus cifras así lo confirman. Cuentan casi con 130 millones de clientes en todo el mundo, muy por delante de los 60 millones que se estima tiene Apple TV. Que esta última apueste por una programación con un target más reducido no significa que no quiera expandirse. Sencillamente, no es tan prioritario porque están alimentando algo que tiene un valor incalculable: la percepción de marca, presente en toda la línea de productos que comercializa la compañía. Si no hay otra plataforma dispuesta a pelear en su nicho, será cuestión de tiempo que se convierta, de pleno derecho, en el referente de la televisión de prestigio. Y aunque acabe a la cola en volumen de suscriptores, a cambio obtendrá unos niveles de fidelidad a prueba de bomba, algo cada vez menos frecuente en un sector al que le cuesta mantener al cliente los doce meses del año.
Los Emmy de este año son mucho más que una competencia por premios. Son el reflejo de un cambio de guardia en la industria. Lo que signifique televisión de prestigio en los próximos años dependerá probablemente del modelo que triunfe: el de la popularidad elevada de HBO Max o el nicho gafapasta de Apple TV.















