La inteligencia artificial no solo puede aprender de la cultura humana: también puede descubrir estrategias que las personas difícilmente encontrarían por su cuenta y lograr que esas innovaciones se incorporen a la cultura. Un experimento con más de mil participantes demuestra cómo una solución descubierta por una IA puede transmitirse de una persona a otra y sobrevivir a través de sucesivas generaciones.
Un equipo de investigadores liderado por el Instituto Max Planck para el Desarrollo Humano, en Alemania, ha demostrado que bajo ciertas condiciones los seres humanos no solo pueden adoptar estrategias descubiertas por las máquinas y la IA, sino que también transmitirlas y preservarlas a lo largo de múltiples generaciones. Esto abre una gran incógnita sobre la profundidad del cambio cultural que puede generar la IA hacia el futuro.
Es que la inteligencia artificial podría estar dejando de ser únicamente una herramienta creada para ayudar a las personas, evolucionando hasta convertirse en una fuente de innovación cultural capaz de moldear a las sociedades humanas del presente y del futuro, con una profundidad que recién podemos vislumbrar en sus primeros detalles.
Innovaciones artificiales que se incorporan a la cultura humana
El estudio, publicado en la revista Nature Communications, aborda una cuestión hasta ahora difícil de comprobar experimentalmente: ¿qué ocurre cuando una máquina descubre una forma de resolver un problema que resulta poco intuitiva para los seres humanos, pero que podríamos aprender y transmitir?
La respuesta, según los autores, es que bajo determinadas condiciones esa innovación artificial puede integrarse en la cultura humana y mantenerse incluso después de su descubrimiento inicial.
Para poner a prueba esta hipótesis, los investigadores reunieron a 1.155 participantes en un experimento de transmisión cultural. Los voluntarios tenían que resolver una serie de redes de recompensas tomando diez decisiones, con el objetivo de maximizar los puntos obtenidos.
Otra forma de pensar
El diseño del problema introducía una dificultad muy humana: la estrategia óptima exigía aceptar varias pérdidas pequeñas al principio, para conseguir ganancias mucho mayores después. La tendencia a evitar esas pérdidas inmediatas llevaba con frecuencia a los participantes hacia soluciones aparentemente satisfactorias, pero que no eran las mejores.
La inteligencia artificial, en cambio, disponía de una capacidad de exploración muy superior. El sistema de aprendizaje por refuerzo analizó miles de situaciones y acabó encontrando la estrategia óptima. En términos del experimento, esa solución permitía llegar a una puntuación máxima de 2.650 puntos, frente a los 2.000 que podía proporcionar la estrategia basada en obtener pequeñas recompensas inmediatas.
Lo importante no era solo que la máquina obtuviera una respuesta mejor, sino que hubiese descubierto algo que para las personas resultaba muy difícil encontrar de manera independiente.
La inteligencia artificial empieza a influir en cómo evoluciona la cultura humana. / Crédito: Marjan Blan en Unsplash.
Evolución cultural e IA
El siguiente paso fue observar si ese conocimiento podía convertirse en cultura. Los participantes se organizaron en cadenas de aprendizaje social a lo largo de varias generaciones. En los grupos en los que no intervenía la IA, descubrir de manera independiente la estrategia óptima resultó extraordinariamente infrecuente: solo uno de los 600 participantes de esos grupos encontró por sí mismo la mejor solución.
En cambio, cuando las máquinas estaban presentes al comienzo de la cadena, la estrategia que habían descubierto se propagó con mucha mayor facilidad. En nueve de los quince grupos humano-máquina analizados, la solución óptima se mantuvo durante todo el experimento, según se explica en una nota de prensa.
El mecanismo era relativamente sencillo. Los participantes tendían a elegir como modelos a quienes obtenían mejores resultados y después imitaban sus decisiones. De esta forma, una solución originada en una máquina podía ser aprendida por una persona, transmitida a otra y conservada a través de sucesivas generaciones de participantes. El resultado reproduce, a pequeña escala y en el laboratorio, un mecanismo central de la evolución cultural: variación, transmisión y selección de comportamientos.
Sin embargo, el estudio también establece límites importantes. Una innovación de la IA no se convierte automáticamente en parte de la cultura humana. Los investigadores identifican tres condiciones fundamentales: la estrategia debe ser difícil de descubrir para las personas, suficientemente fácil de aprender una vez observada y presentar una ventaja clara que permita reconocer su utilidad. Cuando alguna de estas condiciones desaparece, las simulaciones muestran que la influencia de las máquinas se reduce o puede desaparecer.
Referencia
Propagation and preservation of AI-discovered problem-solving strategies in human culture. Levin Brinkmann et al. Nature Communications (2026). DOI:https://doi.org/10.1038/s41467-026-76113-2
Un nuevo paradigma
La conclusión apunta a un cambio de paradigma: hasta ahora, gran parte de la relación entre IA y cultura se ha desarrollado como un proceso en una sola dirección, en el cual las máquinas aprenden de enormes cantidades de conocimiento generado por humanos.
El experimento plantea que también puede producirse el fenómeno inverso: los sistemas artificiales pueden explorar espacios de soluciones que permanecen parcialmente fuera de los patrones habituales del pensamiento humano y, cuando sus hallazgos son comprensibles, nosotros podemos incorporarlos a nuestro repertorio y transmitirlos.
De esta manera, una máquina puede actuar no solo como herramienta para ejecutar conocimientos humanos, sino como un agente capaz de introducir soluciones nuevas en el circuito cultural mediante el cual las personas aprenden, seleccionan y conservan conocimientos.
Si durante milenios la cultura humana se ha construido acumulando descubrimientos producidos por otras personas, la aparición de sistemas capaces de generar estrategias nuevas abre la posibilidad de una evolución cultural híbrida, en la que humanos y máquinas contribuyan conjuntamente a ampliar el abanico de soluciones disponible para las generaciones futuras.













