En los últimos años, la migración ha sido uno de los focos principales de los debates políticos y sociales, pero es un fenómeno que se lleva dando desde el principio de los tiempos. A veces, parecemos olvidarnos de un período tan convulso de nuestra historia, cuando miles de españoles tuvieron que dejar atrás sus hogares e impartir rumbo hacia una vida mejor al otro lado del océano. La representación de muchos de ellos es Abel, el personaje principal de la novela ‘Un océano entre cerezos’ (2026), de la autora zaragozana Rosana Mínguez Bello.
“Esta novela está inspirada en una historia real. Aunque haya aspectos ficticios, narra la vida de mi padre. Es una de esas historias familiares que escuchas en una infinidad de ocasiones, pero en un viaje que hicimos los dos solos a Polonia, en un tren de Varsovia a Cracovia, cuando me empezó a contar la historia completa. En este momento sentí un escalofrío y sentí la necesidad de dejarla por escrito y compartirla”, explica la escritora.
La obra cuenta la historia de Abel, un niño que crece bajo la mirada atenta del lector. Todo empieza en un pueblo llamado Villacondes, el cual la autora sitúa en la provincia de Zaragoza, en el período de la posguerra. Conforme va haciéndose mayor, su vida se ve condicionada por una serie de sucesos que culmina en su marcha tras ser acusado de un delito que no ha cometido. Aún así, una imagen es frecuente: los cerezos de su pueblo, que se mantienen fieles en su memoria.
La primera parada de Abel, es la capital aragonesa, donde consigue sus primeros trabajos fuera del ámbito rural, pero la curiosidad y la ambición por una vida mejor hacen que Brasil esté muy presente en su imaginario. Asimismo, decide emprender rumbo al gigante latinoamericano a principio de la década de 60. A pesar de la gran ilusión de Abel, su llegada se dio en una época de tensiones políticas que resultarían en la destitución del presidente elegido democráticamente, João Goulart, dando lugar a una dictadura militar, en 1964, que duraría más de 20 años. Debido a esto, el joven decide marcharse a Cabo Verde, iniciando un nuevo ciclo vital, con nuevos personajes de todo tipo.
“La historia de ‘Un océano entre cerezos’ es fundamental para poder entenderme, entender mi propia vida y mis circunstancias. Este es el preámbulo de lo que luego ha sido mi vida. En gran parte, para mí, ha sido un ejercicio de catarsis muy importante, porque me ha permitido conocer más a la persona que estuvo por detrás de mí”, esclarece Mínguez a lo que la importancia de la obra se refiere.
Trabajo intensivo de documentación
El libro de la zaragozana refleja un trabajo intensivo de documentación histórica y cultural, que resulta en una representación casi exacta de la época: desde el uso de diálogos en idiomas locales hasta la presencia de elementos tan característicos de las diversas identidades culturales que abarca.
“En la narración aparecen hasta nueve idiomas diferentes, porque en el transcurso de la novela, Abel interactúa con otros emigrantes o con otras personas que vienen de distintas partes del mundo. He tratado de diferenciar, incluso el portugués de Portugal y el brasileño. Este contexto es necesario para que uno se sienta en la piel del personaje”, detalla la autora. “Además, en varios momentos, aparecen canciones en distintos idiomas, porque considero que la música tiene un poder fascinante. Te hace recordar a una persona, un momento determinado, un amor… Tiene esa capacidad de transmitir lo que uno siente en su interior.”
‘Un océano entre cerezos’ trae un mensaje muy potente consigo sobre la memoria histórica y el reconocimiento de las personas migrantes, como bien señala la escritora: “Mi padre ya tiene 85 años y yo no me hubiese perdonado jamás que esta historia no hubiese visto la luz, estando él vivo, y que pudiese vivir en persona este homenaje, no solo a él, sino a todos los emigrantes que de un yendo de un lado a otro, intentando buscar algo tan loable como una vida mejor. Quería homenajear a todas esas personas que han salido, salen y saldrán de sus países para perseguir sus sueños.”
En cuanto a la recepción de la novela: es un éxito. De momento, no ha dejado de recibir buenas reseñas, y los ejemplares están a punto de agotarse, tanto en librerías como en plataformas como Amazon. Algunos incluso han llegado a comparar la obra con ‘Réquiem por un campesino español’ (1953), del aragonés, Ramón J. Sender.
Lo cierto es que este libro destaca, sobre todo, por el “hambre”, tal y como señala Mínguez. Nos hace ponernos en la piel de un protagonista que afronta las adversidades de la vida con ganas de más; nos inspira a través de su ambición y nos hace capaces de enfrentarnos a todo. Desde luego, es una de las lecturas más recomendadas para este verano.
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