Cada persona es un cúmulo de experiencias personales marcadas por su contexto histórico. No es distinto para Donald Trump.
El ascenso político del magnate y celebridad televisiva que se convirtió por sorpresa en presidente de Estados Unidos no se explica sin factores externos como las corrientes de pensamiento o las turbulencias socioeconómicas que han moldeado al país, que este sábado celebra el 250 aniversario de su fundación.
Es el caso del excepcionalismo estadounidense, la creencia chauvinista que EEUU es una nación predestinada por Dios a defender la libertad individual frente al resto del mundo, o la doctrina del destino manifiesto, su derivada expansionista y unilateral que ha servido para justificar sus prácticas colonizadoras.
El éxito electoral de Trump, que se impuso en 2016 a Hillary Clinton y en 2024 a Kamala Harris, tampoco se entiende sin eventos históricos de profundo calado como la crisis financiera de 2008 o la elección presidencial de Barack Obama. Por un lado, la debacle económica del país disparó el malestar social, la desconfianza del establishment político y la desafección con el sistema. Por el otro, la elección del primer presidente afroamericano avivó el conservadurismo de tintes supremacistas y alteró los cimientos del electorado republicano, que pasó a atraer a la población blanca sin estudios. Ambos factores abonaron el terreno para el populismo nacionalista y xenófobo. Primero de la mano del Tea Party, la rama radical que desencadenó una guerra civil en el Partido Republicano, y después con Trump, que capitalizó esa deriva.
Los precedentes de Trump
Sin embargo, la cosmovisión y el particular estilo de Trump también se han visto influenciados por otros personajes políticos que, de una forma u otra, han marcado la historia de EEUU. El más reciente es, sin duda, el más determinante.
Andrew Jackson (1829-1837) / Library of Congress
Los primeros predecesores del actual presidente estadounidense se remontan al siglo XVIII y XIX. Es el caso Andrew Jackson, séptimo dirigente de la nación y considerado el arquitecto del populismo made in America. Su figura y sus promesas de expulsar la corrupción de Washington fueron vistas como una amenaza por la élite del momento, según The New York Times. Desde historiadores hasta aliados de como Steve Bannon, Rudy Giuliani o Newt Gingrich compararon a Trump con Jackson antes de su primer mandato, comparación que el mandatario celebró.

William Jennings Bryan (1860-1925) / Library of Congress
William Jennings Bryan fue un peso pesado del Partido Demócrata que perdió tres elecciones entre 1896 y 1908. Sin embargo, algunos historiadores lo han comparado con Trump por su estilo carismático y su poco frecuente mensaje populista contrario a las clases dominantes que atrajo a las masas, particularmente en las zonas rurales más tradicionalistas. Ambos comparten rasgos biográficos como haber sido personajes influyentes en los medios de comunicación antes de dar el salto a la arena política. Otros expertos han rechazado esa comparación.

William McKinley (1843-1901) / Picasa
William McKinley, presidente de EEUU entre 1897 y 1901, es «uno de los favoritos» de Trump, según ha explicado su asesor Peter Navarro. Tanto que durante el primer día de su segundo mandato bautizó una de las montañas más altas del país como Monte McKinley. Trump ha celebrado que este notable republicano de la Edad Dorada como un «empresario nato» —aunque no lo fue— que se definió, como él, como «un hombre de aranceles«. Más allá de su uso de las tarifas arancelarias, los historiadores han remarcado que, a diferencia de Trump, McKinley fue «cortés» y «de carácter dulce», «no buscó venganza política» y «ayudó a unir al país después de décadas de división», apuntan a The New Yorker.

Portadas recogen la dimisión del presidente Richard Nixon tras el escándalo del Watergate. / EFE
«Aprendí mucho de Richard Nixon«. Con estas palabras, Trump ha mostrado, en más de una ocasión, su admiración por el expresidente. Los historiadores los han comparado porque, a pesar de sus notables diferencias en estilo y personalidad, ambos comparten su deseo por concentrar poder, el dogma de que «la prensa es el enemigo» y un nacionalismo económico que les ha llevado a subvertir las normas internacionales para defender los intereses de EEUU, acusando a los países exportadores de aprovecharse de su generosidad. Uno de los más polémicos asesores de Nixon, Roy Cohn, ferviente anticomunista y antisemita, y su acólito Roger Stone son considerados grandes influencias en la virulenta actitud de Trump.
Sin embargo, como remarcó el analista y asesor político Harlan Ullman en The Hill, les separa otra gran diferencia: «Nixon nunca fue sometido a juicio político, sino que renunció bajo presión por el escándalo Watergate. Trump fue sometido a juicio político dos veces y no fue condenado. Sin embargo, es un delincuente convicto».
Curiosamente, en una carta a Trump, la mujer de Nixon vaticinó en 1987 que «el día que decida competir por ser presidente de EEUU usted va a ser el ganador».

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, frente a un retrato de Ronald Reagan / AL DRAGO / POOL / EFE
En 1980, Ronald Reagan se convirtió en presidente de EEUU con el eslogan Let’s Make America Great Again (Hagamos que EEUU vuelva a ser grande). Aunque, como explica The New York Times, también fue reusado en 1991 por Bill Clinton, esta consigna ideológica ha sido apropiada por el trumpismo, cuyo movimiento político es conocido como MAGA. Trump se ha comparado con Reagan en varias ocasiones, como cuando en 2015 describió su giro conservador. Ambos comparten similitudes como haber pasado por el mundo del entretenimiento antes de la política, la desregulación, la rebaja de los impuestos a los ricos y un estilo comunicativo efiaz, si bien opuesto. Algunos familiares del fallecido expresidente se han distanciado de Trump y lo que representa.

Pat Buchanan, junto al presidente Ronald Reagan, en una imagen de 1982. / White House Photographic Collection
Si hay un político que anticipó casi toda la agenda de Trump ese fue Pat Buchanan. Asesor de Nixon, Gerald Ford y Reagan, este experto en comunicación se postuló como candidato presidencial de los republicanos en los años 90 abanderando el paleoconservadurismo, una ideología entonces minoritaria que Trump catapultó al mainstream. Para ello, Buchanan activó el resentimiento de la clase trabajadora blanca frente a la globalización y el liberalismo, defendió el aislacionismo internacional y el proteccionismo económico y se opuso a la inmigración y el multiculturalismo. Fue Trump antes que Trump, pero sin éxito. En el año 2000 fue el candidato presidencial del Partido de la Reforma, fundado por el empresario millonario «anti-establishment» Ross Perot, a quién también se ha comparado con Trump.
Suscríbete para seguir leyendo













