La Administración Nacional de Seguridad Nuclear de EEUU (NNSA) ha publicado un comunicado informando de la retirada de 13,5 kg de uranio enriquecido procedente de una central nuclear próxima a Caracas. La nota asegura que esta operación mejora la seguridad de todo el continente americano.
Brandon Williams, administrador de la NNSA, declaró que esta acción «envía una señal al mundo indicando que estamos ante una Venezuela renovada». «Gracias al liderazgo del presidente Donald Trump, los equipos destinados sobre el terreno han completado en meses lo que normalmente habría costado años», añadió.
La operación se presenta como una gran hazaña impulsada por el presidente, mientras sigue sin conocerse el paradero del uranio iraní. El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) estima que Irán ha acumulado 9,2 toneladas, de las que 408 kg habrían alcanzado un 60% de enriquecimiento, suficiente para construir nueve bombas atómicas.
El material radiactivo retirado procede del reactor RV-1 del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas, situado en Altos de Pipe, a 15 km de Caracas. Esta instalación entró en funcionamiento en 1960 y se empleó para experimentos de física e investigación de energía atómica. Se clausuró en los años 90.
Fue la única planta nuclear que funcionó en el país caribeño. En 2010, Hugo Chávez firmó un acuerdo con Rusia para construir una central de 500 MW, pero el proyecto nunca se puso en marcha.
El Gobierno venezolano solicitó la colaboración del OIEA para transportar el combustible fuera del país. El Gobierno de EEUU aceptó hacerse cargo del material y facilitó un contenedor especial para su traslado.
EEUU y el Reino Unido fueron los proveedores del uranio original. Técnicos de ambos países y de Venezuela participaron en la operación de recuperación bajo la coordinación del OIEA. Según una nota emitida por el Organismo, el nivel actual de enriquecimiento es del 20 %, el límite que marca la diferencia entre usos civiles y militares.
A finales de abril, un convoy nocturno protegido por militares venezolanos trasladó el contenedor de alta seguridad desde las instalaciones del reactor hasta Puerto Cabello, en la costa caribeña. Allí se embarcó en un carguero británico que lo llevó hasta el puerto estadounidense de Savannah. Desde donde viajó por carretera hasta la planta de tratamiento de Savannah River, en Carolina del Sur.
«Ha sido un ejemplo de coordinación efectiva, dedicación y profesionalismo de todas las partes involucradas», declaró Rafael Grossi, director del OIEA. El Organismo proporcionó formación y entrenamiento sobre seguridad nuclear y aspectos técnicos de la operación que describió como «compleja y sensible».
La nota destaca que, hasta la fecha, «6.930 kilos de uranio de alto enriquecimiento se han repatriado desde docenas de países a sus lugares de origen o se han reconvertido». Los reactores modernos operan con combustible con un nivel de riqueza entre el 3 % y el 5 %.
El Departamento de Energía de EEUU, a través de la NNSA, ha tenido un papel muy relevante en la operación. Una de sus misiones fundamentales es «asegurar que Estados Unidos mantiene un arsenal atómico seguro y fiable». Su orientación es eminentemente militar.
Participa activamente en operaciones de retirada de combustible susceptible de doble uso. El objetivo es prevenir la amenaza procedente de otros Estados o de grupos terroristas.
EEUU importa uranio
Según un informe de la Asociación Nuclear Mundial (WNA), EEUU tiene un déficit considerable en la producción y tratamiento de uranio. Casi todo el material consumido es importado. La minería local solo satisface un 5 % del consumo propio.
Su parque de 93 centrales consume del orden de 15.000 toneladas al 4,5 % de riqueza. Los 13,5 kg obtenidos en Venezuela pueden parecer una cantidad ridícula, pero conseguir ese peso al 20 % requiere más de 600 kg de mineral y un largo y costosísimo proceso de refinado.
No se trata solo de retirar una pequeña cantidad que podría caer en manos indebidas. El valor real de esos casi 14 kg es enorme. A comienzos de 2026, el Departamento de Energía anunció un programa de financiación por 2.700 millones de dólares para restablecer la nueva capacidad de tratamiento. En la actualidad, EEUU gestiona una única planta en Eunice, Nuevo México.
El mismo razonamiento sirve para explicar la motivación del presidente Donald Trump por hacerse con los 408 kg que el OIEA estima que están enterrados en algún lugar de Irán. El propio director del organismo denunció tras los ataques de junio de 2025 que la agencia «había perdido el acceso al material».
Para producir esa cantidad enriquecida al 60% hacen falta 60.000 kg de mineral y varios años de procesado. Su valor en dólares es difícil de calcular, pero es una pequeña fortuna.
Según un informe publicado por The New York Times a finales de abril, desde que Trump anunció la retirada de EEUU del acuerdo nuclear con Irán en 2018, este país ha acumulado 11 toneladas de uranio con diferentes grados de riqueza. En 2010, la República Islámica anunció que produciría material al 20 %.
En junio de 2025, Estados Unidos bombardeó las plantas de Natanz y Fordow y los almacenes subterráneos de Isfahán. Trump declaró entonces en Truth Social que «las instalaciones nucleares de Irán están completamente destruidas».
El 1 de marzo de 2026 las bombas antibúnker estadounidenses cayeron de nuevo sobre Natanz e Isfahán. Trump volvió a anunciar repetidas veces que las capacidades atómicas iraníes habían resultado devastadas.
El destino de los más de 400 kg de uranio iraní es incierto. El inquilino de la Casa Blanca asegura que está enterrado y que tardarían meses en rescatarlo, pero al mismo tiempo reclama que el «polvo nuclear», como él lo llama, «regrese a casa».













