Los afectos lo llaman Juanma, los neutros, Moreno y los adversarios, Bonilla. Juan Manuel Moreno Bonilla, nacido en Barcelona en 1970, ciudad a la que sus padres habían emigrado desde Alhaurín el Grande, retornó con su familia pronto. A Málaga capital. Allí sus padres establecieron un pequeño comercio. Se crió en un conjunto de altos bloques llamado Arcadia. Se trata de una urbanización de clase media, que en los años en los que se construyó estaba casi en las afueras, sin que la Avenida de Andalucía -arteria de entrada a la ciudad- estuviera trazada en su integridad. Pero ahora esos bloques ya son céntricos y, vistos los precios de los pisos de Málaga, privilegiados. Sus abuelos eran jornaleros y él, gracias a los esfuerzos de sus padres, pudo ir a la Universidad, aunque abandonó pronto la Facultad de Derecho y acabó graduándose en Protocolo. La política la probó de joven, enrolándose en un PP que ayudó a cimentar en su provincia natal viajando en una furgoneta para captar afiliados, hacer campañas o abrir sedes. Lo hacía junto a otros (ahora políticos destacados o que han tenido trayectoria en la cosa pública) miembros de su generación. Amigos como por ejemplo, Elías Bendodo, Fran Oblaré, Margarita del Cid, alcaldesa de Torremolinos; Mariví Romero, miembro del Consejo de Administración de Canal Sur; Ana Mata, alcaldesa de Mijas, Juan José Bernal, delegado de Vivienda o Carlos Conde, concejal.
Es coqueto y su último retoque en el cuero cabelludo le hace parecer más juvenil. Eso, unido a que ya hace años mejoró su alimentación y pesa de media siete u ocho kilos menos que antaño, le hace mantener un buen tono físico. Duerme poco, pero los podcast de política para hacer más llevadera la noche no son sus favoritos. Lee mucha prensa, le gustan las lentejas y no es demasiado futbolero aunque no le hace ascos a ver un buen partido. Oye música y hasta se ha animado a compartir su playlist, si bien sus conocidos dicen que es más clasicón de lo que aparenta. Tiene tres hijos y su mujer es Manuela Villena, granadina de Padul nueve años más joven que él y con quien se casó en 2006. Villena es licenciada en Políticas y cosechó un brillante expediente en la Universidad de Granada. Tienen tres hijos, Juanma, Fernando y Manuel. Moreno ha bromeado alguna vez con la ventaja que supone tener en casa una asesora política, alguien que además, antes de trabajar en la farmacéutica Bidafarma, estuvo empleada en una empresa de sondeos y encuestas.
Moreno fue elegido en 1995, con veinticinco años, concejal –se ocuparía de Juventud y Deportes- en el Ayuntamiento de Málaga, con Celia Villalobos como alcaldesa. Dos años después fue elegido presidente nacional de Nuevas Generaciones. Alquiló un pequeño piso en Madrid y comenzó a viajar por toda España, conociendo a fondo el partido en toda su dimensión y probando también las primeras amarguras y mieles de la política madrileña. Para que fuera diputado se le encontró acomodo en las listas por Cantabria, circunscripción con la que nada tenía que ver. En 2011 llegó su gran impulso: secretario de Estado de Servicios Sociales e Igualdad. Eso lo convirtió, aún el PP no tenía tanto poder institucional en Andalucía, en el miembro del PP malagueño de más rango, un casi ministro. Eso facilitó la complicidad y el aumento de la autoridad moral respecto al Partido Popular de su provincia, elevándolo por encima de disputas internas.
En los estertores del invierno de 2014, año que considera infausto por ser el de la muerte de su padre, a quien estaba muy unido, Rajoy decide apostar por él y es elegido presidente regional del PP y candidato a la presidencia de la Junta de Andalucía. Por delante tendría unos años de árida travesía, casito escaso por parte de los medios andaluces y para colmo (que finalmente le supondría una ventaja) veía cómo iban en auge otras fuerzas de derechas: Vox y Ciudadanos. Tras hacer y deshacer algunos equipos hasta afinar con quienes le acompañarían, recorrer mucho Andalucía y contribuir a implantar el partido llegaron las elecciones de 2019 en las que él mismo, por ejemplo en una conversación informal con periodistas en la plaza de la Constitución en plena campaña electoral, se temía lo peor. Y lo peor llegó: sacó el peor resultado del PP en unas autonómicas. Sin embargo (ay, ese mantra de que la unidad favorece) como la derecha presentó tres ofertas (PP, Vox y Ciudadanos) él pudo alzarse con la presidencia de la Junta, cosa que no logró Javier Arenas en su día con 50 escaños. Moreno fue el primero que dio concurso a Vox en la política española, los de Abascal apoyaron su investidura luego de algunas cesiones. Ahora, dos legislaturas después, las relaciones con Vox (que si te tienen que recomponer se recompondrán) son agrias.
Moreno, al que le gusta consultar muchas cosas con su madre y que intenta cultivar la la amistad con algunos amigos de siempre pero de fuera de la política, compró casa en Alcalá de Guadaira y vive estos días con la tensión propia de una campaña y la incertidumbre sobre si llegará a los 55 escaños. El ‘juanmismo’, el talante tranquilo, se ha convertido en el principal activo de los populares en la región.
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