Los primeros análisis genéticos del hantavirus del crucero MV Hondius confirman que corresponde a la variante Andes, ya conocida y la única que se conoce como transmisible en limitados casos entre personas, y descartan mutaciones relevantes, ha avanzado este lunes la ministra de Sanidad, Mónica García. «La investigación ayuda a reconstruir cómo se produjo la transmisión y a reforzar el seguimiento epidemiológico», ha apuntado la ministra.
Así lo han hecho saber investigadores del Instituto de Virología Médica (Universidad de Zúrich) y del Centro Nacional Suizo de Referencia para Infecciones Virales Emergentes (Hospitales Universitarios de Ginebra), en el que trabaja el científico español Francisco Javier Pérez-Rodríguez. Los resultados los han dado a conocer en el portal virological.org.
Identificar mutaciones
El 5 de mayo de 2026, el Centro Nacional de Referencia Suizo para Infecciones Virales Emergentes confirmó un caso de la cepa Andes, la más mortífera, en un residente suizo que había viajado en el crucero MV Hondius. El virus fue secuenciado a partir de muestras de sangre por el Instituto de Virología Médica y el Centro Nacional de Referencia Suizo mediante la tecnología ‘Illumina’.
Esta tecnología identifica mutaciones, variantes y realiza una secuencia completa del virus. Compararon los tres segmentos en los que se divide el virus. «Y se vio que no ha habido reagrupamiento, es decir, intercambio de segmentos entre cepas que dan lugar a un nuevo virus», ha explicado el científico al diario El País.
Chile y Argentina
La cepa Andes, presente en seis de los casos confirmados en el buque, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), es la predominante en Chile y Argentina, y su contagio entre personas es limitado. Un documento remitido este lunes desde la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI) aporta más detalles sobre esta variante.
Responsable de este brote de 2026 que trae en jaque al mundo, se identificó por primera vez en 1995 en la Patagonia argentina. Es el agente causal del síndrome cardiopulmonar por hantavirus (SCPH) en el Cono Sur, con áreas endémicas en Argentina (provincias de Río Negro, Neuquén, Chubut, Buenos Aires, Salta, Jujuy y Misiones) y en gran parte del territorio chileno (regiones de Los Lagos, Aysén, Magallanes, Bio-Bío, La Araucanía y Los Ríos).
Patrón estacional
La transmisión sigue un patrón estacional, con picos en primavera-verano austral coincidentes con la mayor actividad y densidad poblacional del roedor reservorio: el ratón colilargo (Oligoryzomys longicaudatus), un roedor silvestre que habita en zonas boscosas, matorrales, pastizales y construcciones rurales abandonadas, en áreas con casos con transmisión autóctona.
Los roedores infectados desarrollan una infección persistente y asintomática, y excretan el virus de forma intermitente. La principal vía de adquisición de la infección por hantavirus es la inhalación de aerosoles formados a partir de orina, heces o saliva de roedores infectados. Las partículas víricas quedan suspendidas en el aire al barrer, sacudir, mover objetos o realizar actividades de limpieza en lugares con infestación de roedores, y son inhaladas por personas próximas.
Tasa de mortalidad
A diferencia de las variantes europeas, como el virus Puumala, que suelen ser leves, la cepa Andes presenta tasas de mortalidad que pueden alcanzar entre el 30% y el 50% en casos graves. De hecho, uno de los casos sospechoso de hantavirus, correspondiente a una persona que se encontraba en el crucero donde se declaró un brote de esta enfermedad, de nacionalidad suiza, dio positivo en la prueba de PCR, elevando a seis los casos confirmados, según el último boletín sobre esta situación de la OMS.
La cepa Andres, recuerdan los internistas, presenta «una particularidad epidemiológica de máxima trascendencia clínica: es el único hantavirus en el que se ha demostrado de manera concluyente la transmisión persona a persona». Esta capacidad fue descrita por primera vez en el brote de El Bolsón (Argentina) en 1996 y se ha confirmado en múltiples episodios posteriores.
La transmisión interhumana requiere contacto estrecho y prolongado: convivencia en domicilio, atención sanitaria sin protección adecuada, parejas sexuales o eventos sociales con elevada densidad y duración, concluyen los médicos.
Suscríbete para seguir leyendo













