El despacho es luminoso, ordenado, silencioso. Paredes blancas, títulos enmarcados, una computadora abierta sobre el escritorio. Afuera, Atlanta sigue su ritmo. Adentro, hasta hace poco, Fatemeh Ardeshir-Larijani atendía pacientes, investigaba, enseñaba.
Su nombre figuraba en el Instituto de Cáncer Winship de la Universidad de Emory.
Su apellido, también.
Ardeshir-Larijani es hija de Ali Larijani, el hombre que en las últimas semanas se había convertido en el principal gestor del aparato de seguridad de la República Islámica durante la guerra y quien murió el pasado martes en un ataque aéreo de Israel en Teherán.
Así lo aseguró el ministro de Defensa israelí, Israel Katz, y lo confirmaron más tarde las autoridades iraníes en un comunicado difundido por la agencia de noticias nacional.
Fatemeh Ardeshir-Larijani, la hija del líder de Irán, Ali Larijani, quien murió en un ataque aéreo el martes
Durante años, ella desarrolló su carrera en Estados Unidos. Fue médica y profesora en Emory hasta enero.
Según ha revelado The New York Post, los informes indican que la universidad rescindió su contrato en enero, tras semanas de presión de grupos críticos del régimen iraní.
Y, en un contexto atravesado por la guerra entre Estados Unidos e Irán y por las protestas internas que estallaron a finales de diciembre, seguidas de una fuerte represión.
En ese escenario, el reclamo para que Ardeshir-Larijani fuera destituida —y posiblemente expulsada de Estados Unidos— fue en aumento.
«Fatemeh Larijani, la hija de Ali Larijani vino a Estados Unidos para recibir tratamiento contra el cáncer, precisamente al país que el sistema de su familia condena, mientras que a millones de iraníes se les niega el acceso a la atención médica básica y a las oportunidades», ha asegurado a ese medio, Lawdan Bazargan, una activista de derechos humanos de la Alianza contra los apologistas del régimen islámico iraní.
La crítica apunta a una contradicción que distintos sectores del exilio iraní vienen señalando desde hace años.
Más casos
El caso de Ardeshir-Larijani no es el único.
Zahra Mohaghegh Damad, hija del ayatolá Mostafa Mohaghegh Damad y sobrina de Ali Larijani, es profesora en el Departamento de Ingeniería Nuclear, de Plasma y Radiológica de la Universidad de Illinois Urbana-Champaign.

Zahra Mohaghegh Damad, hija del ayatolá Mostafa Mohaghegh Damad, un destacado clérigo chiíta
Además, dirige una unidad que analiza riesgos en sistemas tecnológicos complejos, incluidas centrales nucleares.
Janatan Sayeh, analista e investigador de Irán de la Fundación para la Defensa de las Democracias (FDD), ha asegurado en diálogo con EL ESPAÑOL que algunos familiares de políticos, o de influyentes «aprovechan estos institutos de investigación occidentales para potenciar las capacidades militares de Irán».
En Nueva York, Leila Jatamí, hija del expresidente iraní Mohammad Jatamí, da clases de matemáticas en el Union College de Schenectady.

Leila Khatami, hija del expresidente iraní Mohammad Jatamí
Mohammad Jatamí fue presidente entre 1997 y 2005. Aunque es considerado un reformista dentro del sistema político iraní, algunos disidentes sostienen que su gobierno toleró abusos contra los derechos humanos.
En los últimos días, tras los ataques aéreos estadounidenses contra Irán que comenzaron el mes pasado, la fotografía y la biografía de Leila desaparecieron de la página web del Departamento de Matemáticas de la Universidad mencionada anteriormente.
No hubo explicaciones públicas.
En paralelo al debate académico, las redes sociales se convirtieron en un espacio activo de expresión y crítica. En plataformas como X y otras redes, usuarios tanto de la diáspora iraní como de comunidades online expresaron rechazo hacia la presencia de familiares de altos funcionarios en universidades occidentales.
En este sentido, han señalado que la permanencia de esos nombres en posiciones académicas contrastaba con la situación interna en Irán y generaba malestar en amplios sectores del exilio.
Estas conversaciones digitales ayudaron a alimentar la presión pública que rodeó algunos de los casos más visibles.
El fenómeno se extiende a distintas universidades.
Eissa Hashemi es profesor asociado en la Escuela de Psicología Profesional de Chicago en Los Ángeles.

Eissa Hashemi, su madre Masoumeh Ebtekar es una exdiputada iraní
Su madre, Masoumeh Ebtekar, fue portavoz de los estudiantes que mantuvieron como rehenes a 52 diplomáticos estadounidenses durante 444 días en la embajada de Teherán en 1979, según reveló el periódico estadounidense.
Hasta 2021, Ebtekar también ocupó el cargo femenino de mayor rango en el gobierno iraní, donde supervisó asuntos relacionados con la mujer y el medio ambiente.
Zeinab Hajjarian, profesora adjunta de ingeniería biomédica en la Universidad de Massachusetts Lowell, es hija de Saeed Hajjarian, uno de los principales impulsores de las agencias de seguridad e inteligencia tras la revolución de 1979.
También fue asesor del ayatolá Jomeini en los años ochenta.

Zeinab Hajjarian es hija de Saeed Hajjarian, destacado funcionario en el aparato de seguridad e inteligencia de Irán
En Washington, Ehsan Nobakht es profesor asociado en la Facultad de Medicina y Ciencias de la Salud de la Universidad George Washington, especializado en enfermedades renales e hipertensión.
Es hijo de Ali Nobakht, médico y ex parlamentario iraní que fue viceministro de Salud.

Ehsan Nobakht, hijo de Ali Nobakht, un reconocido médico iraní y exparlamentario reformista
Las críticas hacia estos perfiles no son homogéneas, pero sí persistentes en ciertos sectores.
Algunas de ellas se expresaron en campañas públicas: una petición en Change.org reunió más de 100.000 firmas para pedir la deportación de Ardeshir-Larijani.
Otra, con más de 80.000 firmas, solicitó al Departamento de Seguridad Nacional que investigara el estatus migratorio de Leila Jatamí. Aunque actualmente la página que reúne las firmas se encuentra inhabilitada y bajo «revisión».
«La agenda de Teherán»
Desde el ámbito del análisis político, el tema también genera preocupación.
Sayeh, hace hincapié en dos ejes:
«El primero es que estas personas están allí para promover la agenda de Teherán y suelen hacerlo encubriendo los crímenes del régimen o apelando a los sentimientos aislacionistas y pro-Hamas en Occidente», ha explicado.
«El segundo es que, al trabajar en el ámbito académico estadounidense, desarrollan un profundo conocimiento de la política de Estados Unidos y pueden ayudar a la maquinaria diplomática del régimen a engañar mejor a las administraciones estadounidenses».
Según Sayeh, la presencia de estos perfiles en Occidente es frecuente.
«Es muy común que vivan, trabajen y estudien en países occidentales. Y gracias al importante respaldo financiero del régimen, tienen el privilegio de acceder a carreras cruciales, tanto académicas como relacionadas con la seguridad nacional de Estados Unidos«, ha señalado en diálogo con este periódico.
En el debate público, uno de los puntos más discutidos es la responsabilidad individual.
«Existe la idea errónea de que estas personas no deben rendir cuentas por los delitos de sus familiares», ha dicho el investigador.
«Sin embargo, siguen disfrutando de las oportunidades que se les brindan a través de la corrupción y la explotación de los recursos iraníes«.
También señaló que, según su análisis, ninguno de estos perfiles ha denunciado las acciones del régimen iraní.
Desde las universidades, no siempre hay posicionamientos públicos.
Según Sayeh, algunas instituciones valoran el acceso a perfiles que puedan ofrecer información sobre un país con fuertes restricciones internas.
«Muchas de estas instituciones destacan que cuentan con ‘expertos’ que pueden ofrecer ‘información privilegiada’ sobre un país restringido como Irán, sin darse cuenta de que estas personas tienen una agenda sesgada», ha afirmado.
Mientras tanto, los casos se acumulan en silencio. Cambios en páginas web. Contratos que no se renuevan. Perfiles que desaparecen.
En Atlanta, el nombre de Ardeshir-Larijani ya no figura como antes. En Nueva York, el de Jatamí dejó de estar visible. En otras universidades, las trayectorias continúan.
La figura de estos familiares tiene un nombre en Irán: Aghzadehs, que puede traducirse como «de noble cuna».
El término se utiliza para describir a hijos y parientes de figuras del poder político o religioso que acceden a oportunidades en el extranjero.
El fenómeno sigue creciendo fuera de Irán, al mismo tiempo que se mantiene como objeto de debate dentro y fuera del país.
Las posiciones son diversas. Las interpretaciones, también.
Entre los datos, las historias personales y las tensiones políticas, las universidades occidentales se convierten en un punto de encuentro.
Un espacio donde conviven la investigación, la docencia y, en algunos casos, biografías atravesadas por el poder. Y donde, en los últimos meses, algunos nombres empezaron a ser observados con más atención.














