Alerta por el relevo generacional. Los jóvenes españoles podrían ser los primeros en notar el “aliento” de la inteligencia artificial (IA) en la nuca. Mientras que para los trabajadores veteranos la IA es un copiloto que les hace la vida más fácil, para quienes buscan su primer empleo puede convertirse en un muro de entrada.
En ese sentido, una de las últimas investigaciones de BBVA Research utiliza una metáfora inquietante para describir a los recién graduados: son los “canarios en la mina” (una alerta temprana de peligro) de esta nueva era tecnológica.
Pero, ¿por qué ellos? La explicación de Rafael Doménech (autor del estudio) es puramente económica. La IA es extraordinariamente buena replicando el “conocimiento codificado” (lo que se aprende en los libros y la universidad), que es precisamente el valor principal que ofrece un perfil junior. Por el contrario, la tecnología aún sufre para imitar la “experiencia tácita”, ese instinto y saber hacer que solo dan los años de oficio.
El riesgo de la “contratación lenta”
El informe advierte de un cambio de tendencia en las oficinas de Recursos Humanos. Al poder automatizar las tareas más básicas y repetitivas (aquellas que tradicionalmente se asignaban a los becarios o recién llegados), las empresas podrían frenar la contratación de perfiles base.
Esto genera varios desafíos críticos para el mercado laboral español:
- Barreras de entrada. La dificultad de acceder al primer empleo si una máquina ya hace ese trabajo de entrada.
- Pérdida de aprendizaje. Si los jóvenes no hacen las tareas básicas, ¿cómo adquirirán la experiencia necesaria para ser los seniors del futuro?
- Brecha de habilidades. La necesidad urgente de que el sistema educativo deje de enseñar lo que la IA ya sabe hacer.
La paradoja del veterano frente al novato
Lo que el BBVA pone sobre la mesa es una brecha generacional digital inversa. El trabajador con experiencia utiliza la IA para potenciar sus habilidades, convirtiéndose en un “supertrabajador” difícil de sustituir. Sin embargo, el joven se encuentra con que su ventaja competitiva —el manejo nativo de la tecnología y el título universitario— ya no es suficiente si no viene acompañada de un criterio que solo da la veteranía.
España se enfrenta así a un dilema: tiene la conectividad, pero le falta capital humano avanzado. El informe concluye que, para evitar que los “canarios de la mina” se queden fuera del sistema, es imperativo reformar la formación profesional y universitaria. No basta con saber usar la IA; el objetivo es aportar ese valor humano que la máquina, de momento, no puede comprar.
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