Nunca como ahora había sido tan urgente la electrificación del transporte mundial, empezando por los coches eléctricos. La guerra de Irán y su secuela de daños ambientales, así como las subidas de precios que provoca en el petróleo, son motivos añadidos para abandonar los vehículos de gasolina o diésel, que no hacen sino alimentar este tipo de guerras. En este sentido, los últimos estudios demuestran que el aumento de los coches eléctricos en el planeta está logrando reducir de forma muy perceptible la dependencia del petróleo.
La actual flota mundial de vehículos eléctricos evitó el consumo de 1,7 millones de barriles de petróleo diarios a nivel mundial en 2025, una cifra que casi equivale a los 2,4 millones de barriles exportados por Irán durante ese año a través del estrecho de Ormuz, según un reciente análisis del centro de estudios energéticos Ember.
Se trata, por tanto, de una proporción muy significativa de la producción mundial de crudo, que, a su vez, implica una gran cantidad de emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera.
El petróleo sigue alimentando la inestabilidad económica / Agencias
Además de su impacto sobre el clima, «el petróleo es el talón de Aquiles de la economía global», afirmó Daan Walter, director del centro de estudios energéticos Ember.
El mundo, vulnerable al petróleo
La dependencia del petróleo sigue estando muy extendida y el estrecho de Ormuz es un punto estratégico vulnerable, por donde transita una quinta parte de las exportaciones mundiales de crudo. La región del Golfo Pérsico, al alcance de drones de bajo costo, proporciona el 29% del suministro mundial de petróleo. Asia está particularmente expuesta, ya que importa el 40% de su petróleo a través del estrecho.
Los precios del petróleo se fijan a nivel mundial, por lo que las perturbaciones afectan tanto a productores como a importadores. En Texas, una de las mayores regiones exportadoras de petróleo del mundo, los precios de la gasolina aumentaron más del 25% desde el inicio de la guerra, un incremento mayor que en países importadores de petróleo como el Reino Unido y Francia.

Instalaciones petrolíferas en Irán / Agencias
Sustituir el petróleo importado por vehículos eléctricos podría reducir las importaciones mundiales de combustibles fósiles en un tercio, ahorrando alrededor de 600.000 millones de dólares anuales, según el análisis de Ember. Al mismo tiempo, ello implicaría una fuerte reducción en las emisiones derivadas de la producción de crudo.
Los coches eléctricos frenan el petróleo
Por fortuna, el impacto de la expansión de los eléctricos se está notando. «A diferencia de las crisis del petróleo de la década de 1970, ahora existe una mejor alternativa», afirmó Walter. «Los vehículos eléctricos son cada vez más competitivos en precio con los coches de gasolina. La volatilidad del petróleo convierte a los vehículos eléctricos en una opción lógica para los países que desean protegerse de futuras crisis».
En muchos países, especialmente en las economías emergentes de Asia, el rápido despliegue de vehículos eléctricos ya está frenando el crecimiento de la demanda de petróleo. Un análisis de Ember muestra que 39 países tienen ahora una cuota de ventas de vehículos eléctricos superior al 10 %, frente a solo cuatro países en esas condiciones en 2019.

Plataforma petrolífera / Agencias
El año pasado, Vietnam (38 %) superó a la UE (26 %), Tailandia (21 %) e Indonesia (15 %) aventajaron a EE. UU. (10 %), mientras que India (4 %) y Brasil (9 %) registraron cuotas superiores a las de Japón (3 %). China superó el 50 % de la cuota de mercado de vehículos eléctricos por primera vez en 2025.
Esperando el pico máximo de petróleo
Mientras tanto, el planeta sigue esperando que la producción de petróleo empiece a descender, para así frenar las emisiones primero y reducirlas después. El último pronóstico de la Agencia Internacional de Energía (EIA) prevé que la producción de petróleo alcance su máximo en 2029, con un consumo que no superará significativamente los niveles de 2025. La reciente crisis podría adelantar aún más este pico, según Ember.
La creciente disrupción de la oferta y la demanda de petróleo pone de manifiesto cómo la expansión de las energías renovables y la electrificación podrían transformar la seguridad energética mundial en la próxima década.













