Campeón del mundo, de Europa, de una Champions, tres Ligas, tres Copas… Nada mal para el hijo de un minero y una ama de casa de un pequeño pueblo de la Asturias rural. David Villa (Tuilla, 1981) charla con Prensa Ibérica del camino que le llevó a ser quien fue, uno de los mejores futbolistas jamás nacidos en España, y también quien hoy es: fundador de DV7 Group, su empresa de gestión, consultoría deportiva y academias de fútbol, consejero del Atlético de Madrid e imagen de marcas como OcasionPlus, en cuyo concesionario de Getafe tiene lugar este encuentro.
Hábleme de su infancia en Tuilla.
Viví allí hasta los 21 años, mi personalidad está en Tuilla. Fue una infancia muy buena, en la calle. Pienso mucho en que mis hijos han tenido la suerte de vivir en ciudades como Nueva York, Madrid, Barcelona y Valencia, pero siempre les ha faltado ese momento de libertad que yo viví en el pueblo, de poder salir todo el día por ahí sin miedo, sin ningún problema, sin necesidad de que mis padres me acompañaran.
A mis hijos siempre les ha faltado la libertad que yo viví en el pueblo, de poder salir todo el día por ahí sin miedo, sin ningún problema, sin necesidad de que mis padres me acompañaran
Es el mediano de los tres hijos de un minero y una ama de casa. De niños no solemos ser conscientes de los sacrificios que hacen nuestros padres por nosotros. ¿Usted lo era?
Diría que sí. Ya de pequeño veía los esfuerzos que hacían, por llevarme a entrenar, por traerme de vuelta a casa a descansar. Tengo dos hermanas y todo ese tiempo que sobre todo mi padre pasaba conmigo se lo estaba quitando a ellas. Siempre fui muy responsable con eso, no sabía lo que me depararía el futuro, si llegaría a ser futbolista profesional, pero siempre fui muy aplicado. En los entrenamientos daba siempre mi cien por cien porque mi familia estaba haciendo un esfuerzo muy grande para que yo estuviera allí y no podía fallarles.
David Villa, antes de la entrevista con Prensa Ibérica. / José Luis Roca
¿A qué le podía temer un niño que se había roto el fémur con cuatro años?
Ahora, repasando mi carrera, creo que uno de mis puntos fuertes siempre fue tener una mentalidad fuerte y positiva, de no venirme abajo. Pensar siempre que las cosas iban a salir bien y vencer mis miedos. Esa es la obra de mi padre y de mi madre. Obviamente, cuando desayunaba no venían a decirme “tienes que ser fuerte”, su ejemplo me valía para serlo. Yo me rompí el fémur con cuatro años, sí, pero mi padre era minero y tuvo muchos accidentes en la mina. Y mi madre esperaba en casa a mi padre, sabiendo que podría haber un accidente y lastimarse, como le pasó muchas veces, o incluso morirse. La forma en que ellos vencían el miedo es lo que a mí me educó. Lo pienso ahora, no tanto antes: ¿cómo iba a tener yo miedo a fallar un penalti si los ejemplos que yo tenía en casa vencían miedos mucho mayores?
Mi madre esperaba en casa a mi padre, sabiendo que podría haber un accidente y lastimarse, como le pasó muchas veces, o incluso morirse. La forma en que ellos vencían el miedo es lo que a mí me educó
¿Cuándo es consciente de que lo del fútbol va en serio?
Desde muy pequeño me di cuenta de que tenía un talento especial, sobre todo en los últimos metros, siempre marqué muchos goles, pero tuve un desarrollo físico tardío y había otros aspectos del juego en los que no estaba al nivel. No estaba en el Sporting ni el Oviedo, estaba en el Langreo, que fue fantástico, pero yo notaba que no estaba con los buenos ni me llamaban para la selección. A partir de juveniles, mi físico cambia y se iguala al de los demás niños y ahí es cuando me ficha el Sporting y me doy cuenta de que puedo estar con los mejores y de que puedo ser futbolista.

David Villa, en un partido con el Sporting en noviembre de 2001. / JOSE PEDROSA / EFE
Mientras estudiaba un módulo de Formación Profesional.
No me enorgullezco de ello, pero la realidad es que no era un buen estudiante. Yo ya veía que todo eso de bachillerato y universidad se me iba a quedar muy grande y me apunté a un módulo que se llamaba Frío y Calor, no sé ni si sigue existiendo. Hice el primer año, me iba más o menos bien, pero el segundo ya había que hacer prácticas en empresas y había empezado a entrenar con el filial del Sporting por las mañanas. Ahí le dije a mi madre, que era la más difícil de lidiar de los dos, que lo iba a dejar para intentar ser futbolista. Llegamos al acuerdo de que, si no lo lograba en dos o tres años, volvía al módulo y me lo sacaba.
Con mi madre, que era la más difícil de lidiar, llegué al acuerdo de que, si no lograba ser futbolista en dos o tres años, volvía al módulo y me lo sacaba.
Imagino que, más de 25 años después, no sabría instalar un aire acondicionado…
No, no… Pero me gustaba, eh, hice muchas cosas: aires acondicionados, sistemas eléctricos, soldadura… Soldar me encantaba, pero yo creo que ahora mismo me costaría hasta encender un soplete. Fue una buena experiencia.
Con 21 años llega el primer gran cambio de su vida: ficha por el Zaragoza y se marcha de Tuilla.
Yo llevaba desde el instituto con la que hoy es mi mujer y la madre de mis hijos. Había comprado un piso en Gijón como inversión, íbamos allí a pasar algún fin de semana, pero yo seguía viviendo en casa de mis padres. Mucha gente me preguntaba por qué no me iba a vivir a Gijón, que era más cómodo también para ir a entrenar. Pues porque yo estaba a gusto en casa de mis padres, con mis rutinas de siempre. Creo que eso también me ayudó a alejarme del ruido que se genera cuando pasas al primer equipo y la gente te empieza a conocer. Cuando me fui a Zaragoza fue un cambio grande, claro. Me fui a vivir con Patricia y al principio fue difícil, éramos dos chicos muy jóvenes que nos veíamos muchas tardes solos en la ciudad. Nos apoyamos el uno en el otro y eso nos hizo madurar mucho antes que otras personas de esa edad.

David Villa celebra un gol con el Real Zaragoza. / JAVIER CEBOLLADA / EFE
Sporting, Zaragoza y Valencia hasta llegar al Barça. Ya no quedan carreras como la suya, en las que un chico joven va quemando etapas hasta llegar a un club de máximo nivel.
Hay veces que me han dicho: “Si hubieras fichado por el Barça con 22 años…”. Pues a lo mejor con 22 no tenía nivel para jugar en el Barça y no hubiera podido jugar. Yo estoy muy orgulloso de los pasos que he ido dando y tengo un enorme cariño por todos los clubs en los que he estado. Si no hubiese dado esos pasos, quizá no habría tenido una carrera tan completa. Debuté en el Sporting, que es el equipo de mis amores, en unos años muy complicados para el club. En Zaragoza me trataron fenomenal dos años, igual que en Valencia que es donde más estuve. Después en el Barça y luego en el Atlético, un año fantástico que me ha permitido ahora desarrollar una labor en el club.
Y la selección, claro. Ganó la Eurocopa de 2008 y el Mundial de 2010, pero también vivió aquel difícil periodo entre 2006 y 2008.
Diría que fueron los momentos más difíciles de toda mi carrera. Desde niño había soñado con ir a la selección, con defender a mi país, y por momentos ir a la selección se convirtió en un deporte de riesgo. Recuerdo un partido en Murcia, donde nos abuchearon mucho, y con razón, porque veníamos de perder en Irlanda del Norte. Fueron momentos difíciles, a todos los que tuvimos la suerte de continuar en la selección nos hizo más fuertes, fue un aprendizaje muy bueno. Pero no se lo deseo a nadie, lo que yo había soñado que era jugar en la selección y lo que fue en esos momentos no tuvo nada que ver. Luego sí lo fue, claro.
No le deseo a nadie lo que viví con la selección entre 2006 y 2008: lo que yo había soñado que era jugar en la selección y lo que fue en esos momentos no tuvo nada que ver
¿Midió en su justa medida lo que suponía ponerse el ‘7’, después de todo lo que ocurrió con Raúl?
No era consciente. Era un número que me encantaba, era el que llevaba en el Valencia y Zaida, mi primera hija, nació un día 7. Y eso que era un número que de niño odiaba. Cuando éramos niños nos daban los dorsales por posiciones y si te daban el 7 era porque jugabas de extremo derecho y yo quería jugar de delantero. De hecho en Valencia lo tuve que coger porque era el único número que quedaba. En la selección pasó un poco parecido, alguien tenía que coger el 7 porque Raúl ya no venía convocado. Y dije, “pues ya lo cojo yo que me gusta”. Si llego a saber la repercusión que iba a tener, a lo mejor le hubiera metido el embolado a otro y me habría cogido otro número.

David Villa besa el trofeo de campeón del Mundial de Sudáfrica 2010, rodeado de sus compañeros. / SRDJAN SUKI / EFE
¿Jugar fuera de España, en Australia, EEUU y Japón, le permitió recuperar parte del anonimato que aquí, por su trayectoria, ya no tenía?
Yo siempre he tenido una vida tranquila, nunca he notado un agobio de no poder hacer cosas con mi familia. Fui papá muy joven y estando en el Valencia o en el Barça he ido a actuaciones de Disney o a Disneyland París con mis hijas y siempre lo hice con tranquilidad. Primero, porque tampoco he sido Messi o Cristiano; y segundo, porque he sentido que era bonito que se te acercara gente a hablarte bien o apoyarte y he querido devolver ese cariño aunque esté con mi familia. Pero sí que es verdad que cuando llego a Nueva York es un poco ‘shock’. Mi hija mayor me decía: “Papá, mis compañeros del colegio no te conocen”. Ella estaba acostumbrada a ser la hija del futbolista y que le pidieran una foto, una camiseta… Te da un poco más de tranquilidad, sí, pero nunca he sentido agobio.
Llegar a Nueva York fue un poco ‘shock’. Mi hija mayor me decía: «Papá, mis compañeros del colegio no te conocen». Ella estaba acostumbrada a ser la hija del futbolista y que le pidieran una foto, una camiseta…
¿Qué le aportó a su familia vivir en Nueva York y en Kobe?
Quería aprovechar los últimos años de mi carrera en el fútbol para formarme en otros países, ver el fútbol desde otra dimensión, culturizarme tanto yo como mi familia… Fueron experiencias de vida fantásticas para mis hijos. Yo ahora les veo y siento que están mucho más preparados que otros niños que no las hayan tenido. Tú crees que la realidad que tienes en tu país es la realidad absoluta, pero cuando viajas descubres otras maneras de hacer las cosas en la vida. La decisión de ir a Japón fue más arriesgada a nivel familiar. Tenía 36 años y ya estaba pensando más en volverme a casa y retirarme. Pero pensé que, con todo lo que nos había aportado Nueva York, a nivel de mentalidad, imagínate descubrir una cultura totalmente diferente a lo que conocíamos. Eso es lo que me animó a irme allí, por mí, por mi mujer y por mis hijos. O por mis padres, que venían a vernos. Imagínate, mi padre nunca pensó que podría vivir lo que era Japón…

Leo Messi y David Villa durante un partido del Barça, en 2010. / ANDREU DALMAU / EFE
¿Cuándo empieza a pensar en su vida después del fútbol?
Unos tres años antes de retirarme, ya en EEUU. Firmé tres años con el New York City, después renové y creía que ya iba a ser el final. Me fui mentalizando un poco sobre lo que quería hacer. Me gustaba estar alrededor del fútbol, el tema de las academias de niños para ayudarles a conseguir el sueño que yo había tenido años atrás. Ahí empezamos a construir lo que hoy es la DV7 Academy. Me fui mentalizando de irle metiendo horas durante el día, porque yo siempre he sido un futbolista que no bajaba nunca la persiana, que estaba las 24 horas trabajando para el fútbol.
¿Cómo fueron esos últimos años?
Los dos últimos, muy difíciles a nivel mental porque me lesionaba mucho. Encadenaba muchas lesiones pequeñitas, una detrás de otra. Me di cuenta de que ya no quería seguir sufriendo más y de que el cuerpo me estaba diciendo que era hora de volver a casa. No fue una transición perfecta, pero hablando con compañeros que no han tenido retiradas fáciles, siento que para mí fue cómoda. Llevábamos cinco años y medio fuera de casa y también sentíamos que esa etapa de vivir otras experiencias estaba cubierta. No me costó mucho. Me retiré con ganas de retirarme, no sufrí en el campo.
Los dos últimos años fueron muy difíciles a nivel mental porque me lesionaba mucho. Me di cuenta de que ya no quería seguir sufriendo más y de que el cuerpo me estaba diciendo que era hora de volver a casa

Villa, Iniesta y sus familias el día de la retirada del asturiano, el 1 de enero de 2020. / KIMIMASA MAYAMA / EFE
¿No sintió ese vacío tan habitual de perder de repente una rutina de casi dos décadas?
No. Volvimos a Madrid y enseguida me puse a hacer deporte para llenar las mañanas, porque tú estás acostumbrado a no tener que planificar tus mañanas, te vienen dadas por el fútbol. Hago prácticamente todos los deportes, juego a pádel, corro, nado… Menos fútbol y bici, que me caí, me rompí la clavícula y le he cogido miedo, de todo.
¿Y el fútbol?
Si juegas mucho a fútbol, te acabas lesionando. Algún partido de leyendas y poco más, intento jugar poquito para quitarme el mono y cuando lo hago tengo agujetas tres o cuatro días. Me gusta mucho hacer deporte, pero no me gusta lesionarme. Por eso me retiré.
Me gusta mucho hacer deporte, pero no me gusta lesionarme. Por eso me retiré
¿Echa de menos ser futbolista?
Algunas veces. Vas a un partido y piensas que te encantaría estar ahí abajo, pero luego me acuerdo de lo mal que lo pasé los dos últimos años y se me pasa. O cuando voy a jugar un partido de leyendas. Si pudiera volver atrás, volvería siempre a ser futbolista. Pero no, no diría que lo echo de menos.
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