Septiembre suele ser el mes más temido del calendario para los mercados financieros. Y este año, no parece romper con el guión histórico. Este año, el inicio de la cuesta de otoño llega acompañado de cuatro jinetes: la guerra, el petróleo, la deuda, y, por último, la inflación. El furor bursátil, no obstante, sigue en pie. El Ibex 35 acumula un alza del 27% en lo que va de año, a pesar de estos factores, mientras que, en Wall Street, el S&P 500 avanza un 15%. En Japón, el tono alcista también sigue vivo. La Bolsa nipona se ha revalorizado un 43% en los últimos doce meses.
Además, los gestores no están buscando un escondite fuera del parqué. La asignación a Bolsa se encuentra en máximos, según la última encuesta de gestores de fondos elaborada por Bank of America. Las posiciones en efectivo se sitúan cerca de mínimos históricos, con apenas un 3,5% de las carteras destinado a liquidez, lo que supone el sexto nivel más bajo desde que el banco comenzó a realizar esta encuesta en 1998. La bonanza bursátil prolonga su particular agosto, a pesar de todo.
Natalia Aguirre, directora de análisis y estrategia de Renta 4, explica que, por ahora, los beneficios empresariales compensan el riesgo geopolítico. “Los beneficios siguen siendo el motor de las bolsas, con el mayor crecimiento desde 2023, lo que conduce a nuevas revisiones al alza en los beneficios por acción para 2026, sobre todo en Estados Unidos, con hasta un 33% más”.
Frank Thormann, gestor de renta variable global y norteamericana de Schroders, también comparte esta visión, aunque agrega que los riesgos más importantes son una posible crisis energética, estanflación —una inflación más persistente— y una posible desaceleración económica en mercados emergentes. “A pesar de las incertidumbres globales, la rentabilidad corporativa muestra un momentum asombrosamente fuerte, e incluso se ha acelerado”, explica.
No obstante, para el pequeño inversor, aparcar el dinero en renta variable con una Bolsa eufórica y con una confluencia de factores de riesgo puede parecer especialmente abrumador. ¿Cuál es, entonces, el escondite perfecto ante esta tormenta de riesgos económicos? La tesis central de los analistas consultados por este periódico es que no existe un único lugar donde aparcar el dinero, dado que cada refugio protege frente a un peligro distinto.
3.000 euros en Bolsa
Manuel Pinto, analista jefe del bróker XTB, no se aleja de la renta variable a pesar del entorno de riesgo. Para un inversor con un colchón de emergencia, una tolerancia al riesgo, un presupuesto de 5.000 euros y un horizonte de al menos diez años, recomienda repartir el 60% en el parqué, equivalente a 3.000 euros. Pinto recomienda invertir en valores de distintos índices de Wall Street (S&P 500, Nasdaq), aunque también aconseja hacer un mix entre países desarrollados y mercados emergentes. Entre ellos, China, a través del índice Hang Seng, el único accesible a inversores extranjeros.
La cascada de ventas que vive el mercado de bonos soberanos resta algo de valor para estos instrumentos, según el analista. En este sentido, la deuda pública a largo plazo pierde algo de brillo para Pinto, quien matiza que cobrar un interés más alto no siempre implica obtener mayores rentabilidades. “Somos más cautos con los bonos a largo plazo”, explica. “Una inflación persistente y unas elevadas necesidades de financiación pública pueden mantener presionadas sus rentabilidades y provocar nuevas caídas en sus precios”, agrega.
Letras del Tesoro: refugio para los próximos dos años
No obstante, si se trata de un inversor que quiere sacar provecho de esos 5.000 euros en el plazo de uno o dos años, recomienda comprar Letras del Tesoro con vencimientos próximos a la fecha o invertir el dinero en una cuenta remunerada. La atractiva de las Letras ha vuelto tras el repunte de las rentabilidades de deuda pública en varios mercados. El bono español a diez años ha llegado a tocar el 4,002% en las últimas semanas, máximos desde 2023, y el estadounidense ya ha superado al 5%.
Al igual que otros instrumentos de deuda, como las emisiones corporativas, el precio y la rentabilidad se mueven en sentido contrario. Cuando un inversor vende bonos, cae su precio y aumenta la rentabilidad que los compradores exigen. Aunque Pinto se muestra cauto con la deuda a largo plazo, sí recomienda vencimientos a corto plazo para el inversor más conservador.
Fondo monetario: 1.000 euros
Pinto colocaría otro 20%, equivalente a 1.000 euros de ese presupuesto, en un fondo monetario denominado en euros. Esta posición reduce el peso de la renta variable en la cartera y ofrece un destino más conservador para un inversor que prefiere mantenerse al margen de los sobresaltos bursátiles.
El oro, el refugio clásico: 750 euros
El oro, que ronda ahora los 4.300 dólares, sería su tercera posición de preferencia, por un importe de 750 euros. Aunque estos activos pueden amortiguar los sobresaltos bursátiles de una cartera, el oro —activo refugio por excelencia— tampoco ha perdido brillo.
Aunque el metal precioso no ha escalado con la misma fuerza que en crisis anteriores y avanza apenas un 1% este año tras una intensa recogida de beneficios, ha vuelto al foco inversor a lo largo del verano. Los analistas consideran que aún queda refugio para esta materia prima y siguen confiando en su valor como un colchón para la cartera. Desde 2025, el metal precioso acumula una revalorización del 60% y ya cotiza cerca de los 4.300 dólares por onza.
Claudio Wewel, estratega de divisas de J. Safra Sarasin Sustainable AM prevé que aún queda recorrido para el metal precioso, y fija un objetivo de 5.000 dólares para finales del próximo año. Wewel anticipa que el oro subiría aproximadamente un 7% en lo que queda de año hasta los 4.600 dólares por onza. “Dado que esperamos cierta debilidad del dólar a medio plazo, prevemos que el oro avance de forma moderada de aquí a final de año”, explica. La vía más habitual para obtener una exposición al oro es recurrir a productos cotizados, como los fondos indexados (ETF, por sus siglas en inglés) respaldados por el metal. Solo en agosto, las entradas en ETFs respaldados por oro alcanzaron las 120 toneladas de oro, equivalente a 18.000 millones de dólares, según el World Gold Council .
Bitcoin: 250 euros para el activo de mayor riesgo
Dado que la cartera está orientada a un inversor con relativa tolerancia a las caídas, también aconseja invertir los 250 euros restantes en Bitcoin, la criptomoneda de referencia. “Creemos que el mercado podría estar infravalorando el papel de Bitcoin a largo plazo”, explica Pinto. “En un contexto de elevada deuda pública y preocupación por la pérdida de poder adquisitivo del dinero, esperamos que cada vez más inversores busquen activos cuya oferta no dependa de las decisiones de gobiernos y bancos centrales”, concluye.
Depósitos y cuentas: un escondite para evitar los vaivenes
El encarecimiento del dinero por parte del Banco Central Europeo (BCE) vuelve a favorecer a los depósitos y las cuentas remuneradas. En la última semana, varias entidades de la gran banca y algunos neobancos han anunciado mejoras generalizadas en su oferta de depósitos. Entre ellos, Bankinter ofrece un 3% TAE (Tasa Anual Equivalente) y Openbank, el banco digital del Santander, eleva su depósito a seis meses con hasta un 2,85% TAE. Estos instrumentos, según Pinto, pueden favorecer al perfil más conservador, que busca evitar los sobresaltos bursátiles del parqué.
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