Luiz Inácio Lula da Silva se propone aprovechar su discurso de apertura de la Asamblea General de la ONU, el próximo martes 22, para reafirmar la defensa de la democracia y la soberanía de Brasil. El presidente no nombrará a Estados Unidos, pero los buenos entendedores saben de antemano que quiere fijar una vez más su posición cuando faltan unas tres semanas para la primera vuelta de unas elecciones muy reñidas y en las que el Gobierno, sobre la base de los últimos antecedentes, teme una intervención de Donald Trump para favorecer al ultraderechista Flávio Bolsonaro.
Las preocupaciones de Lula y su entorno son evidentes. La encuesta de la consultora Datafolha conocida este jueves le sitúa en el 39% de intención de voto. Los tres puntos de diferencia respecto del candidato del Partido Liberal (PL) pueden achicarse debido al margen de error de dos puntos del sondeo. La situación es similar de cara a la segunda vuelta, a finales de octubre. Hace una semana, el líder del Partido de los Trabajadores (PT) registraba un 39% y el hijo de su antecesor, Jair Bolsonaro, un 35%. La turbulencia en el Tribunal Supremo Federal (SFT), con el juez Alexander de Moraes en el centro de la crisis, explica la reducción de la distancia. De Moraes fue el principal acusador de Bolsonaro y su nombre ha quedado salpicado por el caso del banquero Daniel Vorcaro, protagonista del mayor fraude financiero de los últimos años. Flávio Bolsonaro también ha tenido relaciones con Vorcaro, quien ha financiado la película sobre su padre. Sin embargo, por el momento no parece pagar ningún costo político.
En este contexto se han renovado las presiones norteamericanas. Lula y Trump habían hablado por teléfono semanas atrás y pareció establecerse un punto de entendimiento sobre el tema arancelario y otras cuestiones. Pero EEUU volvió a la carga y el Gobierno se vio obligado a refutar una afirmación de Washington sobre las debilidades de la política gubernamental contra el Primer Comando de la Capital (PCC) y Comando Rojo (CV), las principales bandas dedicadas al narcotráfico, el negocio de las armas y el blanqueo de dinero en gran escala. El mismo día que se conoció la encuesta de Datafolha, el Ministerio de Justicia y Seguridad Pública sostuvo que el magnate republicano ignora las iniciativas brasileñas en el tema de la seguridad, entre ellas una ley contra las llamadas «facciones criminales» y una importante cantidad de dinero para asfixiar a esos grupos. «Tampoco toma en cuenta las decenas de miles de operaciones de lucha contra el crimen, llevadas a cabo por las fuerzas federales, que han causado pérdidas de miles de millones de reales (la moneda local) a los delincuentes». Por último, el comunicado recuerda que la Casa Blanca aún no ha respondido a una propuesta para aunar esfuerzos entre ambos países, entregada a Trump en mayo pasado durante el encuentro que tuvieron en el Despacho Oval. El multimillonario respondió en los hechos declarando «grupos terroristas» al PCC y el CV, tal cual le había pedido Flávio Bolsonaro.
Exigencias
Integrantes del Gobierno consultados por el diario paulista Folha consideraron que «no hay ningún hecho nuevo sobre el tema que justifique la declaración de EEUU a pocas semanas de las elecciones presidenciales». La inquietud está a la orden del día, y quedó confirmada con la revelación por parte de los diarios Estado y Folha de las 21 exigencias que formuló Trump en 2025 para reducir los aranceles a las exportaciones brasileñas que había establecido en un 50%. «Brasil se compromete a celebrar elecciones presidenciales libres y justas en 2026 y no detendrá, arrestará ni limitará arbitrariamente, de ninguna otra forma, la participación de disidentes políticos en el proceso electoral», reza el borrador propuesto por la Casa Blanca en formato de declaración conjunta, según el documento revelado por el periódico. Una manera de referirse a Jair Bolsonaro, quien estaba a pocos meses de recibir su condena a 23 años y siete meses de prisión por el intento de derrocamiento de Lula.
«La forma en que Brasil ha tratado al expresidente Bolsonaro, un líder muy respetado en todo el mundo durante su mandato, incluso por Estados Unidos, es una vergüenza internacional. Este juicio no debería estar ocurriendo. ¡Es una caza de brujas que debe terminar INMEDIATAMENTE!», escribió Trump en ese momento. Los analistas se preguntan en qué momento Truth Social volverá a ser el medio a través del cual el magnate respalde a la ultraderecha brasileña, un mecanismo ya probado en Argentina, Colombia y Honduras. Desde que ha comenzado el año, Sudamérica ha tomado ese camino ideológico en Chile, Perú y Colombia. Argentina, Paraguay, Ecuador y Bolivia ya orbitaban alrededor de Washington, lo mismo que Venezuela. Brasil es, para EEUU, la pieza faltante en su «Escudo de las Américas».
Bolsa Familia
Flávio Bolsonaro negó contar con ayuda de Trump en la contienda. Pero, en privado, esperan que eso suceda. Lo mismo piensa el Gobierno. Lula no quiere perder la iniciativa. Horas atrás buscó afianzar su base electoral entre los sectores más castigados de Brasil con el incremento del 15% del programa social Bolsa Familia. Con el aumento se busca «compensar las pérdidas inflacionarias desde 2023 y garantizar el poder de compra de las familias más necesitadas». Bolsa Familia es una de las iniciativas estrella del PT. Unos 20 millones de familias reciben unos 120 dólares mensuales. La medida adoptada por Lula supone un gasto estatal de unos 1.100 millones de dólares, solo este año.
«Lula dejó en evidencia su preocupación al anunciar, a 17 días de la primera vuelta, un reajuste del 15% de Bolsa Família. Si bien la medida sirve para evitar la pérdida de más votos, también complica bastante la gestión de la economía en este momento y aún más en un eventual próximo Gobierno. Incluso podría alejar al microcosmos de los votantes independientes y fiscalmente responsables que podrían ser decisivos en una probable segunda vuelta», señaló el analista político Hélio Schwartsman. «Lo absurdo de la situación salta a la vista. Para tratar de evitar que Flávio Bolsonaro siga beneficiándose de las consecuencias de un escándalo de corrupción en el que él mismo está involucrado, Lula adopta un populismo caricaturesco, cercano al que adoptó Jair Bolsonaro en 2022». Por lo pronto, el hijo del expresidente, cuyo símbolo en la campaña es la tijera, un equivalente de la «motosierra» del argentino Javier Milei, encontró otro flanco de ataque verbal.
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