Es un hecho que todos los cineastas aspiran a que sus películas compitan en alguno de los tres festivales más importantes del mundo, y resulta impensable que un director acostumbrado a que eso suceda decida voluntariamente renunciar a ello para presentar su trabajo al mundo en un certamen de menor prestigio. La obra de Fatih Akin ha sido recompensada en cada uno de esos tres festivales líderes: en la Berlinale obtuvo el Oso de Oro gracias a ‘Contra la pared’ (2004), en Cannes se llevó el galardón al Mejor Guion por ‘Al otro lado’ (2007), y en la Mostra de Venecia ganó el Premio Especial del Jurado gracias a ‘Soul Kitchen’ (2009).
Su nuevo largometraje, en cambio, concursa en el de San Sebastián, que le ofrece una exposición mediática mucho más modesta pese a que esta noche ejercerá de película inaugural para su 74ª edición. Habrá malpensados que den por hecho que la película llegó al certamen vasco después de ser rechazada por alguno de los otros tres, y al verla probablemente no encuentren motivos para cambiar de opinión. “Parte de una idea que mi hijo tuvo cuando tenía 10 años”, ha explicado hoy el director turco-alemán en San Sebastián, y conocer el dato ayuda a explicar varias cosas acerca de ella.
El director, guionista y productor Faith Akin (3i), y los actores Mariam Dawoud (c), Eren M. Güvercin (4i), Carlotta von Falkenhayn (3d) y Gabriel-Winner Amorim (2d), durante la presentación de ‘Geister’, que compite en la sección oficial del Festival de Cine de San Sebastián. / Javier Etxezarreta / EFE
‘Ghost Song’ cuenta la historia de un chico y una chica, ambos de 20 años, que se conocen en una fiesta y de inmediato comprenden que se amarán para siempre. Pero esa misma noche ella fallece en un accidente de tráfico, y su fantasma descubre un modo de seguir el apasionado romance usando los sueños de él como un portal para comunicar a los vivos con los muertos. Según Akin, dicha premisa tiene algo de biográfico: “mi padre murió hace un par de años, y siempre esperé a que se me apareciera en sueños para tener una última conversación con él, pero nunca ocurrió”, ha comentado hoy.
En cualquier caso, el referente más deliberado de ‘Ghost Song’ parece ser ‘El cielo sobre Berlín’ (1987), de Wim Wenders, de la que replica no solo elementos temáticos -ambas conciben el amor como una fuerza que atraviesa la frontera entre lo real y lo onírico– sino también la fotografía en blanco y negro, alguna imagen icónica situada en lo alto de un edificio y una tendencia general a la cursilería. Se distingue de la película de Wenderrs, eso sí, por la insistencia con la que recurre al tremendismo acumulando intentos de suicidio, diferentes versiones de un accidente de tráfico y escenas de hospital en su peripecia argumental.
Asimismo, ‘Ghost Song’ da la sensación de querer funcionar a modo de versión actualizada de un cuento gótico, aunque más bien se parece a un hipotético anuncio de perfume inspirado en uno. Akin llena la película de fuegos artificiales, de tatuajes de mariposas que emprenden el vuelo, de miradas entre amantes capaces de detener el mundo y de demás escenas que aspiran a generar poesía visual pero que se empantanan en el ‘kitsch’, y entretanto no exhiben más sustancia que la pintura de un arcoiris, una casacada y un caballo blanco. “Hacer una película como esta es una forma de gestionar el dolor por la muerte de algún ser querido”, ha afirmado también Akin, y por eso resulta especialmente frustrante que, en última instancia, todo cuanto ‘Ghost Song’ parezca tener que decir es que estar vivo es mejor que estar muerto.
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