Roma siempre ha sido un lugar donde el poder se ejerce sin levantar la voz. Un nombramiento, una cena, una fundación que abre una oficina o una universidad que gana peso. Las señales suelen parecer inconexas hasta que, de pronto, dibujan una tendencia. En el Vaticano empieza a percibirse una con claridad: el creciente protagonismo de Estados Unidos (EEUU). No se trata solo de que el primer Papa estadounidense de la historia, León XIV, haya alterado los equilibrios tradicionales. A su alrededor se está consolidando una red de influencia política, académica, económica y mediática, en parte también vinculada a organizaciones conservadoras.
Los movimientos se suceden. Tan solo en junio el Vaticano anunció el nombramiento de la mexicano-estadounidense María Montserrat Alvarado, vinculada al ecosistema del catolicismo conservador norteamericano, como nueva directora del Dicasterio para la Comunicación de la Santa Sede, un cargo que asumirá a partir del 1 de noviembre. En julio, el arzobispo Salvatore Cordileone (San Francisco) y el obispo Edward Lohse (Michigan) fueron elegidos como miembros del Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica, el máximo órgano judicial de la Iglesia católica.
En agosto, León XIV incorporó nuevos consultores del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, entre ellos tres personas vinculadas a EEUU: Emmanuel Katongole, sacerdote y profesor de Notre Dame; Kathryn A. Koch, presidenta y CEO de Trust Company of the West, en Los Ángeles, y Clemens Sedmak, director del Nanovic Institute de Notre Dame. De igual manera, en febrero, los Legionarios de Cristo, organización ultraconservadora bajo la autoridad de la Santa Sede, eligió a tres personas de nacionalidad estadounidense como consejeros generales (de seis).
Dentro y alrededor
La influencia también se libra en el terreno de la comunicación y de la cultura. La cadena estadounidense EWTN, considerada desde hace años el gran altavoz del catolicismo conservador —asegura llegar a más de 435 millones de hogares con televisión en más de 160 países y territorios—, cuenta con una de las mayores estructuras periodísticas católicas permanentes en Roma (integra también las agencias del grupo ACI y CNA). Tanto que el diario francés Le Monde la ha llegado a calificar como una especie de «Fox News católico», una comparación que resume tanto su potencia como su línea editorial. EWTN es, además, el medio en el que la propia Alvarado ha ejercido hasta ahora como presidenta y directora de operaciones.
Un hombre, con una bandera de Estados Unidos, en la plaza de San Pedro del Vaticano el día de la proclamación de León XIV. / ANGELO CARCONI / EFE
La universidad es otro de los espacios donde ese peso resulta visible. Dos de los centros académicos más influyentes de la Iglesia en Roma, la Pontificia Universidad Gregoriana y el Angelicum, están dirigidos por estadounidenses: Mark Andrew Lewis y Thomas Joseph White, respectivamente. A ello se suma la creciente proyección de universidades estadounidenses en la ciudad de distintas maneras. Por ejemplo, la Universidad de Villanova, donde estudió Robert Prevost, inaugurará la próxima temporada universitaria de baloncesto con un torneo en la capital italiana que incluirá una misa en la basílica de San Pedro y una audiencia con el Papa, mientras que el North American College, organización encargada de formar a sacerdotes y futuros obispos estadounidenses durante sus estudios romanos, acaba de elegir a Dan Westermann (Lansing) como su nuevo director espiritual.
Un Estado dentro del Estado
El dinero es otra de las grandes palancas de esa influencia. La Papal Foundation, una influyente organización benéfica estadounidense que apoya directamente las prioridades del Papa y de la Santa Sede, anunció recientemente la concesión de más de 15 millones de dólares para financiar 144 proyectos en 75 países, la mayor distribución de fondos de sus 38 años de historia. La organización sufragará escuelas, hospitales, orfanatos e infraestructuras siguiendo las prioridades marcadas por el Vaticano. Un contexto que, todo sumado, ha llevado ya a diversos observadores a concluir que los estadounidenses, no solo están «extendiendo su influencia» en Roma, sino que, en algunos ámbitos, actúan «como un Estado dentro del Estado».
En una entrevista concedida precisamente a Le Monde, el presidente de Papal Foundation, Ward Fitzgerald, lo admitía abiertamente. Según reconoció Fitzgerald, la llegada de Robert Prevost al trono de San Pedro ha facilitado las cosas para los grandes filántropos estadounidenses. «León nos comprende. Comprende la importancia de la captación de fondos y, sobre todo, cómo funciona el capitalismo. Es estadounidense, sabe cómo funciona. Ha estado en Perú y ha visto lo que fundaciones como la nuestra pueden hacer para ayudar a los países con más dificultades», explicó Fitzgerald.
Primero Papa
La presencia estadounidense también ha ganado terreno en el ámbito de la diplomacia. El embajador estadounidense ante la Santa Sede, Brian Burch, se ha convertido en símbolo de esta tendencia cuando León XIV decidió cenar con él el pasado 4 de julio, pocas horas después de regresar de Lampedusa, para celebrar la fiesta nacional estadounidense, un gesto poco habitual en la diplomacia vaticana.

El papa León XIV, durante su audiencia general semanal en la basílica de San Pedro del Vaticano, este miércoles. / ALBERTO PIZZOLI / AFP
La incógnita es qué repercusión tendrá todo ello en el ideario del Vaticano y de la Iglesia católica en su conjunto. El propio León ha intentado rebajar el peso de su propia nacionalidad. Preguntado por la NBC, León XIV afirmó sentir un «gran amor» por EEUU, pero que primero es Papa, después estadounidense. «Siento un gran amor por EEUU pero entiendo que mi misión tiene una dimensión muy importante, que es ser pastor de una iglesia universal», ha dicho recientemente.
Además de ello, lo cierto es que, al menos de momento, León XIV se ha mantenido bastante cerca de las ideas del fallecido Francisco en muchos temas, en particular en temas de defensa de los migrantes y el discurso social que marcaron el pontificado de Francisco. Lo que no quita la evidente paradoja: mientras el Papa discrepa públicamente de algunas políticas de Washington, la influencia estadounidense sobre las estructuras de poder de la Iglesia —sus donantes, universidades, medios de comunicación y organizaciones— atraviesa un momento de gran expansión.
Suscríbete para seguir leyendo















