Qué alegría volver del verano con el tema tan claro para este artículo: una sección sobre redes sociales no puede dejar de hablar de los ‘farmeadores’ de aura, esos titanes del TikTok que se han hecho carne en las plazas de media España para «ver quién hace más el tonto», según la definición de uno de ellos. Pero hay que vencer sin duda la tentación de ridiculizar a estos adolescentes para intentar explicar el fenómeno: una batalla de ‘farmear’ aura es algo así como un duelo entre dos jóvenes que tratan de mostrar al público presente que tienen más carisma que su adversario. Lo hacen con poses de ‘memes’, con acrobacias o con movimientos de videojuegos. El lenguaje corporal es desafiante, pero no violento.
La curiosidad sobre estos eventos se ha disparado en las redes sociales. Esta semana, el anuncio de la convocatoria de la batalla de ‘farmear’ aura de Barcelona se quedó cerca de las 300.000 visualizaciones en Instagram, aunque luego las personas que se reunieron en el Arc de Triomf para verla en directo fueron algo más de 300. Y si a estos jóvenes les importara algo lo que opinan en X, antes Twitter, sobre ellos, sabrían que esa red ha bajado el pulgar con el sarcasmo que un día, antes de la llegada de Elon Musk, la convirtió en el ágora del mundo. «¿’Farmear’ aura? En la próxima pandemia me inyecto el virus», escribió @el_triqui_. «He ido a llevarle la comida a mi madre al hospital. Mientras comía, le he explicado lo de ‘farmear’ aura y oye, ni Juan Tamariz, de golpe ha desaparecido el tenedor de su mano y ha aparecido una zapatilla», se burló @Hanky_solo.
Pero los tiempos han cambiado y X está ahora lleno de propaganda y de vídeos insulsos en ‘scroll’ infinito, y a ningún adolescente se le ocurre perder el tiempo allí. Prefieren perderlo en las plazas, moviéndose a espasmos o haciendo cualquier otra cosa que sus mayores no entiendan o ridiculicen.
Batalla multitudinaria para farmear aura en Barcelona / MANU MITRU
Si las batallas de farmear aura son la parte incomprensible pero entrañable de las redes sociales, su Darth Vader, su reverso tenebroso, le ha costado esta semana unos 15.000 millones de euros a Mark Zuckerberg, dueño de Meta (es decir, de Instagram y Facebook). Los daños en la salud mental infantil que provoca la adicción a los productos de Zuckerberg generaron las demandas de 29 estados de EEUU, y esa enorme cantidad es la que ha tenido que pagar el millonario para zanjar el proceso judicial.
Pero más allá de ese dinero, migajas para una corporación cuyo presidente posee una fortuna estimada en más de 200.000 millones de euros, Zuckerberg ha tenido que comprometerse a hacer profundas modificaciones en sus redes sociales. Las más importantes tienen que ver con las restricciones para los adolescentes. El fiscal general de California, Rob Bonta, uno de los impulsores de la demanda, anunció que los cambios incluirán límites de tiempo diarios, la suspensión de notificaciones durante el horario escolar, restricciones al uso nocturno, la prohibición de filtros peligrosos, y una detección y eliminación mejoradas de los perfiles de usuarios menores de 13 años.
Alguna gente usó las redes sociales, quizás de forma paradójica, para celebrar estas medidas, aunque lleguen tarde. A Meta le quedan muchas demandas por delante, y hubo quien vio en el acuerdo con los estados de EEUU un remedo de la situación que se vivió en los 90 con las indemnizaciones millonarias de la industria tabacalera. «Esto marca un antes y un después. La industria de las redes sociales ha alcanzado oficialmente el mismo punto de madurez que alcanzó la industria del tabaco cuando ya no pudo seguir negándose el impacto de sus productos sobre la salud. Durante años conocieron los daños, los minimizaron y continuaron explotando comercialmente la adicción. Ahora empieza la etapa de la responsabilidad», escribió por ejemplo @rsanchezcrespo.

Meta Platforms Inc. ha acordado pagar más de 17.000 millones de dólares para resolver un caso histórico relacionado con las redes sociales y múltiples estados de EE. UU., según un documento judicial presentado el miércoles. / Josh Edelson / BLOOMBERG
En determinadas esquinas de las redes sociales, cada vez más concurridas, cuando se habla del «pueblo de Ceuta» no se habla de los sufridos ceutíes que tienen que seguir adelante con sus vidas en mitad del desconcierto y el caos, ni por supuesto de los inmigrantes que llevan ya un mes en la ciudad, sino del pequeño grupo de agitadores que el pasado jueves llegó a destrozar varias de las precarias tiendas de la playa de El Trampolín, o que impidió el paso a la zona de los alimentos que llevaban los vehículos de la Cruz Roja. «Orgullo en la frontera: el pueblo de Ceuta entona ‘El novio de la muerte'», podía leerse tras esas acciones en X, por poner solo un ejemplo, que daría risa si no estuvieran tan claras las intenciones de quienes divulgan este tipo de mensajes. «El pueblo de Ceuta se está organizando para expulsar a los invasores. Están haciendo ellos solos lo que no es capaz de hacer el Gobierno. Siento un orgullo tremendo por el pueblo español», insistía @capTercio. «Gente impidiendo comer a gente. Gente prendiendo fuego a cabañas de gente que no tiene nada. Enhorabuena a los esparcidores de odio y a sus cómplices», describió la misma situación, desde otro punto de vista, claro, @monrosi.
Pero basta retroceder un poco en el tiempo, hasta poco después de la entrada masiva de los inmigrantes en la ciudad, para comprobar que lo que quiere el pueblo de Ceuta no lo saben solo los ultras, sino también el Gobierno y las cuentas que lo apoyan en las redes sociales, que echan mano de ese sintagma para, en realidad, defender sus postulados. «Hoy, el pueblo de Ceuta se ha echado a la calle contra el odio de los neonazis de Núcleo Nacional que han acudido a la caza de migrantes», sostuvo por ejemplo @FonsiLoaiza el pasado 1 de agosto.
Como si el pueblo de Ceuta fuera distinto de todos los demás pueblos y se comportara como un bloque homogéneo, o como si unas decenas de personas representaran a todo el conjunto.

Un grupo de vecinos de Ceuta destruye la chabola de unos migrantes en la playa del Trampolín el 26 de agosto. La imagen es de un vídeo apócrifo que se ha hecho viral en redes sociales. / El Periódico
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