Esta frase originaria de Cuba se emplea también en las islas («creer alguien en velorios de chinos») para referirse a quien cree en cosas sin fundamento. Velorio en el español de Canarias hace referencia a la antigua costumbre de reunirse por las noches en casa de una parturienta, para celebrar, bebiendo y cantando, el nacimiento de su hijo, hasta los ocho días siguientes de dar a luz. Mientras que en algunos países de América existía una tradición ancestral indígena conocida como el velorio de angelito que es el velatorio del cadáver de un niño que se celebra con comida, cantos y bailes alrededor del difunto; incluso en algunos pueblos del archipiélago hasta finales del siglo XIX era costumbre celebrar el velatorio por la muerte de un niño, comiendo, bebiendo y bailando.
Pero por lo que aquí interesa que es fijar el significado en la frase, se refiere a que antiguamente en Cuba el velorio era la fiesta con bailes y cantos que se celebra mientras se velaba al difunto. Por su parte, el Diccionario de americanismos registra la expresión «creer en velorios» como sinónimo de ‘creer en infundios o engaños’. Aludiendo seguramente al carácter supersticioso y mágico de tales ritos funerarios. Pero ¿por qué velorios de chinos? A mediados del siglo XIX Cuba recibió una masiva inmigración de chinos, en su inmensa mayoría destinados a ocuparse de las labores del campo, en particular en los cultivos de caña de azúcar.
Este contingente migratorio estaba formado fundamentalmente por varones adultos que continuaron fieles a sus tradiciones, celebraciones e ideas religiosas (una especie de sincretismo que acoge parte del pensamiento budista, del confusionismo, del taoísmo y culto a los antepasados), celebraciones festivas como el año nuevo chino que se rige por el calendario lunar o el recurso a la milenaria medicina china. [En lo anecdótico digamos que en torno a 1854 llegó a La Habana el que es sin duda el mandarín más famoso de toda la historia de Cuba: Chang Pon Piang que así se llamaba el legendario médico chino que por sus conocimientos, su pericia y por su infalible capacidad sanadora dio lugar al dicho popular aún vivo en Cuba y en Canarias: «Eso no lo cura ni el médico chino» que pasó a ser sinónimo de una enfermedad incurable hasta llegar a extenderse fuera del ámbito de la medicina, «esto no lo arregla ni el médico chino», para referirse exageradamente a un problema que no tiene solución].
El comportamiento de esta comunidad poco permeable a las ideas religiosas del cristianismo que llevaron a América los conquistadores españoles contribuyó a crear cierta suspicacia entre la población local. A diferencia de la comunidad autóctona y criolla que supo construir ese sincretismo religioso entre el catolicismo y las tradiciones indígenas y africanas dando lugar a la santería. Eso justifica el dicho «creer en velorios chinos» (versión hiperbólica de la genérica «creer en velorios»: ‘creer en infundios o engaños’) que se suele expresar en forma negativa «no estés creyendo en velorios chinos, que ellos no hacen un bien ni que se lo mande el Señor». Lo que reprende la actitud de aislamiento cultural de este grupo de inmigrantes dentro de la comunidad de acogida, al tiempo que denota suspicacia frente a quienes practican cultos diversos al propio. En definitiva, «creer en velorios (de) chinos» es afín a la expresión más común: «eso es un cuento chino» que se dice cuando alguien cuenta o propaga una trola, una batata, un embuste.
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