Su interés por la comunicación en épocas anteriores y sus raíces zamoranas fueron la combinación perfecta para que Rebeca Álvarez, estudiante de Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid, se decantara por realizar para su trabajo de fin de grado una investigación de campo sobre cómo se daban y recibían noticias en el medio rural durante el pasado siglo, escogiendo esta provincia de escenario.
“Voces del lavadero: memorias de la Zamora rural” es el título de un trabajo que ha recibido la calificación de sobresaliente, premio más que merecido por su intensa labor para recabar datos haciendo entrevistas a expertos en la materia y viajando hasta las localidades para recoger diferentes testimonios de aquellos que vivieron en primera persona cómo se transmitía la información en la época pre Internet.
La periodista zamorana Rebeca Álvarez. / Cedida
“Mi familia procede de Vega de Tera y Vezdemarbán y el tema surgió en una conversación en casa, donde salió la figura de los arrieros y de lugares como los lavaderos en los pueblos. Empecé a imaginarme cómo habría sido la vida en esa época y lo quise llevar a mi terreno, que es la comunicación y el periodismo”, resume la estudiante sobre cómo surgió la idea de este trabajo.
Investigación a pie de calle
Desde el principio, supo que la investigación no sería meramente bibliográfica. “A mí me encanta hablar con la gente y quería darle un carácter humano al proyecto, así que estuve yendo a varios pueblos durante fines de semana y vacaciones”, explica. Entre sus destinos, Pozuelo y Tábara, dos lugares con lavaderos, Villardeciervos, Lubián y Padornelo, para conocer más sobre el tema de las fronteras y el contrabando, o Arquilinos, donde tiene su sede la Asociación Cultural de Campaneros Zamoranos. A todos ellos fue con su móvil para grabar estos testimonios, ya que el trabajo lo haría en forma de podcast.
Descrito como “un territorio aislado, mal comunicado, lejos de los grandes círculos sociales”, las relaciones y las noticias “se reducían a lo más cercano, a la gente del pueblo y a los que pasaban alguna vez por allí”. De esta manera, aquellos zamoranos y zamoranas del pasado siglo en el mundo rural disponían de sus propios espacios de comunicación, como era el caso de los lavaderos, lugar de encuentro femenino por antonomasia. “Allí coincidían con familiares y vecinas, reforzaban vínculos, pactaban matrimonios y disfrutaban de momentos de compañía”, narra. La llegada de la modernidad, con las lavadoras, provocó que estos lugares se hayan quedado en parte del patrimonio y la memoria colectiva que se recupera con este trabajo.
El lenguaje de las campanas
La solana, otro lugar de encuentro en el exterior de las casas, y la iglesia, con su toque a misa de los domingos, también servían para informarse de todo lo que pasaba en el pueblo. En sus torres estaban las campanas, con unos toques que ahora se han convertido en Patrimonio Cultural Inmaterial por la Unesco. “No solo marcaba el paso del tiempo, al no haber apenas relojes, sino también los horarios o los actos religiosos, además de convocar a los vecinos y transmitir avisos importantes”, enumera. De todo ello le habló largo y tendido Antonio Ballesteros, presidente de la Asociación de Campaneros de Zamora.

Rebeca Álvarez, en Arquilinos, con Antonio Ballesteros. / Cedida
Los vecinos también esperaban a que los arrieros, tratantes y comerciantes pasaran por su pueblo no solo para adquirir sus productos, sino para conocer las últimas noticias más allá de localidades. “Según cuentan los propios residentes, en cierto modo, eran los periodistas de la época. Cuando tenían ocasión o alguien les preguntaba, compartían lo que ocurría en otros pueblos o aquello que habían visto y oído”, describe.
Además de protagonistas directos, la grabación cuenta también con aportaciones de expertos, como es el caso de Faustino Gallego, vecino de Villardeciervos y autor de varios libros sobre el contrabando en la zona durante aquella época. Y es que, para llevar a cabo esa práctica, era imprescindible estar bien informado sobre el entorno. “Tenían un servicio de información serio, porque a ellos les interesaba muchísimo estar informados de todo, ya que se jugaban muchísimo dinero”, argumenta.
Los carteros y las primeras televisiones
En el trabajo también hay espacio para la figura del cartero rural, quien hacía siempre la misma ruta y se convertía en una persona de gran confianza para los vecinos. “En cada pueblo, no solo entregaba correspondencia, sino que también compartía información sobre lo sucedido en otros lugares”, apunta.
Otro espacio se centra en la llegada de la televisión a través de los teleclubs. “El Gobierno enviaba televisores a las zonas rurales para convertir locales, muchas veces, antiguas escuelas, en centros sociales”, describe. Curiosamente, el primero del país se implantó en la localidad zamorana de Matilla La Seca.
Montaje en un estudio
Una vez que tuvo recopilado todo el material, procedió a montarlo para organizar los testimonios, añadiendo su voz en off como narradora, labor que pudo hacer en un estudio de grabación que le cedió la propia universidad. De ahí salió el resultado de casi cuatro meses de investigación, conversaciones, viajes y entrevistas. “Tuve que seleccionar bastante, porque tenía mucho material de la gente que me estuvo atendiendo”, agradece.

La periodista, en el estudio de grabación de la universidad. / Cedida
Además de la máxima calificación, Álvarez se queda con el mensaje de los mayores que ha entrevistado. “Yo creía que añoraban el pasado, pero no echan de menos su forma de vida anterior, porque entienden que la sociedad ha avanzado. Lo que verdaderamente les da pena es ver sus pueblos tan abandonados. La gente no quiere regresar al siglo XX, sino que quiere que haya vida en los pueblos, con los avances actuales”, diferencia.
Por eso, finaliza su trabajo señalando que “no se trata de comparar la vida de los pueblos con el estilo de vida urbano y de enfrentarlas, sino de mirar al pasado para intentar entender, reflexionar e imaginar cómo era la vida en los pueblos. Porque la sociedad cambia, las formas de comunicarnos también, y el pasado merecer ser contado, comprendido y no olvidado”, concluye.
Se puede escuchar el trabajo completo de Rebeca Álvarez en este podcast.
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