El sol no da tregua en la isla de Tabarca. A mediodía, cuando el calor empieza a apretar con fuerza, encontrar un rincón a la sombra se convierte en una tarea más dentro de la visita a la isla. Nada más llegar a la playa principal, un grupo de turistas escucha las explicaciones de un guía a pleno sol. Unos metros más adelante, en la plaza Carloforte, varias turistas buscan refugio bajo las palmeras. En la zona del puerto viejo, los visitantes se arriman al muro para ganar unos centímetros de sombra. Y en la plaza Grande, los niños juegan en los columpios y el tobogán bajo un sol que cae de lleno sobre el área infantil.
La estampa se repite por distintos puntos de la isla. En la calle Virgen del Carmen, algunos aprovechan los pinos para sentarse a comer. Quienes llevan una nevera se pegan a las paredes para resguardarse. Y en las zonas más expuestas, la alternativa pasa por entrar en un bar o buscar como sea el pequeño espacio que proyectan las palmeras.
«Si hay toldos en las calles, mejor, pero donde de verdad importa es en la playa», explica Ángeles Martínez, una turista, mientras señala la dificultad de quienes llegan con sombrilla. «Con las piedras cuesta mucho», añade. Su conclusión es directa: quien visita Tabarca «sabe que se va a ir quemado».
También dos jóvenes turistas italianas, Miriam Visceglia y Rosa Fiore, han comprobado la dificultad de encontrar un espacio protegido del sol. Han llegado por la mañana con más amigas y, a la hora de buscar un lugar donde comer y descansar, han tenido problemas para encontrarlo. «Hemos cambiado mucho de lugar y aquí hay un poquito de sombra, aun con las palmeras llega el sol», explican. «Hace mucho calor», repiten antes de reclamar «unos toldos más para las personas».
La situación también la conocen de cerca quienes trabajan en la isla. Natalia Benito, empleada de hostelería, asegura que son muchos los clientes que comentan la dificultad para encontrar sombra. «Es imposible encontrar sombra», resume. Según explica, algunas personas terminan refugiándose en los bares o bajo las sombrillas «como buenamente pueden» para evitar un golpe de calor. «Al final es un peligro también», advierte. Benito recuerda además que el año pasado hubo sombrajes instalados durante un tiempo, aunque, según señala, «no duraron ni siquiera todo el verano».
Una isla sin sombra
Para Manuel Manzanero, vecino de Tabarca y vinculado a la isla desde pequeño, el problema pasa por una combinación de falta de vegetación y de soluciones artificiales. «Poca vegetación y falta más», apunta. Su propuesta pasa por colocar más árboles y también por instalar toldos, aunque considera que estos deberían diseñarse teniendo en cuenta la orientación del sol. «Hay unos tipos de toldos que se han puesto y el sol entra», explica al referirse a la manera en la que incide el sol por la tarde. Su planteamiento es buscar otro diseño, que no sea el de vela, y que permita proteger mejor las calles durante las horas de mayor exposición.
En las calles, la necesidad de sombra se hace especialmente visible a determinadas horas. En la plaza Grande, los juegos infantiles quedan completamente expuestos. En el puerto viejo, la gente se concentra junto al muro. Y en las calles más estrechas, cualquier sombra proyectada por una fachada o un árbol acaba convirtiéndose en un pequeño refugio.
Ricardo Alonso, otro de los turistas, distingue entre las dos caras de Tabarca. Por un lado, la zona construida; por otro, el espacio más salvaje, con menos edificaciones y al que accede menos gente. Para este visitante, una de las soluciones podría pasar por «plantar una vegetación que pueda vivir dentro de la isla y dar sombra» en aquellos espacios donde sea posible, evitando recurrir exclusivamente a elementos artificiales.
«Esto es por bienestar y por salud»
La reivindicación de más sombra también parte de quienes viven en Tabarca durante todo el año. Carmen Martí, presidenta de la Asociación de Vecinos de la isla, reclama espacios que permitan protegerse del calor y critica la solución instalada el pasado año.
«Nosotros pedimos sombras», insiste. Martí recuerda que los toldos que se colocaron fueron elementos de gran peso y que, según relata, uno de ellos cayó con la primera ventolera. También denuncia que algunos se instalaron delante de acometidas y que posteriormente tuvieron que ser desplazados.
La asociación defiende otro modelo. Martí muestra como ejemplo las soluciones utilizadas en otros conjuntos históricos, con sistemas de anclaje en las fachadas que permiten cubrir las calles sin ocupar el espacio de paso. Entre los ejemplos que menciona está el del municipio de Villanueva de los Infantes, donde se utilizan estructuras de sombra en calles de un entorno histórico. «Nosotros pedimos sombras de este tipo», explica. La propuesta que, según relata, se trasladó al Ayuntamiento contemplaba una solución adaptada a las características de Tabarca y realizada con un material que permita el paso del aire y aporte protección frente al sol.
La presidenta vecinal considera que la condición de conjunto histórico-artístico de la isla no debería impedir buscar alternativas. «Esto es por bienestar, esto es por salud», recalca.
Los toldos que no han vuelto
La ausencia de sombra este verano tiene además un motivo concreto: los toldos previstos para la isla no se han instalado debido al conflicto económico entre el Ayuntamiento de Alicante y la empresa adjudicataria del contrato. Grupo Costa Blanca HTS sostiene que el Ayuntamiento mantiene pendiente el pago de más de 165.000 euros correspondientes al contrato y que no puede volver a instalar los sombrajes sin cobrar las cantidades adeudadas. La empresa asegura que la situación le ha generado un endeudamiento que ha tenido que afrontar con recursos propios.
El contrato salió a concurso en diciembre de 2024 con un presupuesto de licitación de 211.850 euros y contemplaba la instalación de sombrajes en dos tramos: entre la plaza Carloforte y el carrer del Moll y entre esta vía y la plaza Grande. El objetivo era proteger del sol a vecinos y turistas durante la temporada alta.
El Ayuntamiento adjudicó el contrato el 16 de abril. Sin embargo, antes de esa adjudicación, el Departamento de Patrimonio Integral había advertido de que la instalación afectaba parcialmente a un Bien de Interés Cultural y que solo podía mantenerse temporalmente entre las fiestas de San Pedro y San Pablo, el 29 de junio, y las de la Virgen del Carmen, el 16 de julio. Finalmente, los sombrajes fueron retirados el 25 de julio, después de poco más de un mes instalados, pese a que inicialmente se había anunciado que permanecerían hasta noviembre. Posteriormente, el contrato entró en fase de cobro por un importe de 165.649 euros.
La empresa asegura que únicamente ha recibido el 10 % correspondiente al proyecto y mantiene pendiente el resto. El Ayuntamiento, por su parte, explicó que no podía abonarse la totalidad del contrato por adelantado y señaló que había sido necesario realizar un reajuste presupuestario para efectuar el pago en tres plazos, a la espera de la incorporación de remanentes. Mientras la solución administrativa sigue pendiente, en Tabarca la necesidad permanece. Y se hace visible cada día que el sol aprieta.
Porque en una isla acostumbrada a recibir miles de visitantes, la sombra se ha convertido en un bien escaso. Turistas que buscan una palmera, vecinos que se pegan a una pared, niños que juegan bajo el sol y trabajadores que escuchan las mismas quejas dibujan una misma escena: Tabarca, en pleno verano, sigue buscando un lugar donde resguardarse.
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