El reencuentro de Mestalla con su pesadilla

Nervios y pitos. El primer y único córner a favor del Valencia llegó en el minuto 83. Un dato revelador. A esas alturas, Mestalla ya se había desquiciado porque tenía claro que obtener la victoria era lo más parecido a un milagro. La grada había asumido la cruda realidad y lo que le aguarda en un ejercicio que arranca con las mismas constantes de las últimas campañas. Condenados a revivir días de impotencia, los aficionados no tardaron en enseñar los dientes al entrenador y a los jugadores. Eso sí, pocos se dirigen al palco donde está el origen de todos los males. Los planificadores del caos viven plácidamente en su privilegiado espacio sin que la ira popular les llegue cómo se merecen. El colmo de la sinrazón se vio con el cambio de Danjuma, aplaudido por algunos espectadores cuando se retiraba después de acreditar su torpeza y nulidad rematadora. Los mismos que se desgañitan contra Gayà, le rinden pleitesía a un futbolista incapaz de meter un gol delante del portero con todo a favor. A los de fuera se les ríen los fallos, a los de casa se les condena a la hoguera en una exaltación de autoodio. De esa tesitura se salvaron Pepelu y Javi Guerra, con diferencia los más destacados.

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